SEMANA SANTA
Estrella Torrecilla: el Pregón pronunciado por una dama zamorana, en Salamanca
La directora de la Oficina Municipal de Turismo de Zamora pregona nuestra Pasión en la ciudad hermana de Salamanca, enfatizando en tres momentos esenciales: el que tiene que ver con las personas, el plástico y el espiritual
PREGÓN DE LA SEMANA SANTA DE ZAMORA EN SALAMANCA: ESTRELLA TORRECILLA
8 DE ABRIL DE 2019
Señora Presidenta de la Junta Pro Semana Santa
Excelentísimas autoridades
Amigos y amigas salmantinos y zamoranos, semanasanteros todos
Silencio, silencio reflejado sobre aguas del Duero
Sobre el puente plateado punto luz
Trascendencia que une el cielo con la tierra
De piedra ojival, en la serena metamorfosis
De un Dios que se hace hombre
Por salvar al hombre hacia el campo santo
Muda banda de metales
Callados en tenue lucha
Entre vida y muerte
Y se me clavan,
Se me clavan en el alma
Avanzando a paso lento y decidido
Devolvedme mi silencio
Que robaron sinsabores de este mundo
Silencio y paz
Hacia los gemidos de los vivos en el campo santo
Todo en Zamora es Semana Santa. Nadie se puede desvincular de ella, hasta nuestros mejores poetas encontraron inspiración en la Semana Santa Zamorana para escribir bellísimas composiciones, por no hablar de escultores, pintores y artistas de todos los ámbitos. La Semana Santa pasó por sus vidas y quedó reflejada en sus obras, conocidas y admiradas por todos. Es muy difícil desvincular la ciudad de Zamora e incluso su historia de nuestra Semana de Pasión, de la Semana Grande Zamorana como nosotros la llamamos. El acontecimiento social, cultural y religioso más importante y de mayor calado en nuestra ciudad.
Como en todo acontecimiento social y cultural en la Semana Santa participan una serie de personajes que contribuyen a agrandarla y tal y como pudiera ocurrir en una obra maestra de teatro o en un concierto magistral, además de los actores principales y secundarios también hay espectadores de primera, segunda y última fila, todos son igual de importantes ya que sin unos los otros no tendrían sentido. Para formar parte de la Semana Santa de Zamora no es necesaria una implicación directa en una hermandad, no tienes que procesionar en varias cofradías, ni siquiera en una. Mi caso es un claro ejemplo de ello. Yo preferí elegir el papel de espectadora, de cofrade de acera y eso que he vivido siempre rodeada de personas estrechamente vinculadas a muchas cofradías, amigos, hermanos y hasta mi compañero en la vida, unido desde su más tierna infancia a varias cofradías y hermandades. Sin embargo, yo siempre entendí que mi papel era otro, mi rol de espectadora esencial y sustancial también dentro de la Semana Santa Zamorana.
Mi vínculo con la Semana Santa nace con mi pasión por Zamora y mi vocación por transmitir ese amor y esa fascinación por mi tierra a todo el que se acerca a conocerla. Me siento gustosamente obligada de llenar la mente y el alma del que llega desconocedor de la extraordinaria suerte que ha tenido de visitar y enamorarse de “la gran señora”. Visitantes, muchos de ellos ignorantes de haber llegado a una tierra con un patrimonio único de piedra y agua, de gentes y tradiciones, con una historia inquietante, fascinante. Si hay un acontecimiento que un zamorano sepa entender y trasmitir de una manera especial esa es sin duda nuestra Semana Santa. Yo soy una privilegiada en este sentido porque mi trabajo como guía de turismo hace que durante todo el año lleve esta Semana en mi mente, en mi corazón y en mi sentir. De esta manera, en cada iglesia, en cada plaza, en cada rincón de la ciudad, en cada imagen de mi querido Museo de Semana Santa que en breve dispondrá de un nuevo espacio de exposición mucho más apropiado, pongo en valor, ya sea agosto o diciembre la Semana de Pasión Zamorana. La ciudad entera rezuma a su paso instantes de Semana Santa.
Me siento afortunada de poder decir que como guía de turismo soy cicerone de la Semana Santa de Zamora los 12 meses del año, pregonera de nuestra Semana de Pasión los 365 días y eso es algo que muy pocas personas tienen la suerte y el orgullo de poder hacer por su tierra porque forma parte de mi trabajo diario, la parte más bonita y satisfactoria de mi trabajo tengo que decir.
Los guías de turismo, en cierto modo nos sentimos como una suerte de evangelistas. Evangelio deriva del latín “evangelium” y ésta a su vez del griego “euaggélion” y significa “buen anuncio” “buena noticia”. Emulando a San Mateo como el primer evangelista que con sus escritos anunció y dio testimonio a los hombres de que Jesucristo era el Mesías, el hijo de Dios, igualmente los guías de turismo anunciamos a los visitantes que en Zamora celebramos la Pasión de Cristo, su muerte y su resurrección como los zamoranos entendemos que hay que hacerlo. De una manera sincera y coherente con nuestra historia, con nuestro pasado y también con nuestro presente.
Desde un principio, siempre fue un reto para mí en mi labor como guía de turismo el lograr transmitir a los visitantes las sensaciones que se suceden durante nuestra Semana Santa, ese cosquilleo que te sube por el estómago y te envuelve y te llena el alma con mil sensaciones distintas. Mi problema en este cometido consistía en intentar transmitir ese sentimiento que provoca la Semana Santa de Zamora fuera de los días de Pasión. El visitante que llegue a Zamora en cualquier época del año tiene bajo mi punto de vista que llevarse a su casa un trocito de nuestra Semana Santa. También debo deciros que tengo la suerte de contar con la ayuda de una ciudad absolutamente evocadora, ya que en cada rincón, en cada templo, en cada piedra y hasta en el fluir de las aguas del Duero puedes encontrar un instante de Semana Santa en cualquier época del año. La ciudad una vez más es mi aliada.
Es mi aliada en días de sol cuando la piedra arenisca que ha acompañado a Zamora a lo largo de los siglos, luce dorada bajo un cielo azul intenso que aporta un cromatismo de mil tonalidades distintas a nuestras calles, a nuestros monumentos. Pero también la niebla ayuda aún más si cabe a embellecer los momentos claves de la Semana de Pasión. Cuando Zamora se transforma en la “ciudad velada”, el mismo velo que embellece la escultura de la mujer velada de Antonio Corradini, muestra una Zamora de misterio, fantasmal, casi mágica en el discurrir de las procesiones junto al río, con una catedral que aparece y desaparece como por encanto, aportando aún más belleza y realce a lo que difícilmente puede ser ya superado.
Para mí, la Semana de Pasión suponen días de trabajo intenso en los que Zamora se convierte en un hervidero de gente ansiosa por vivir los mejores momentos, en los mejores enclaves, atendiendo a miles de personas con sus variopintas preguntas: ¿Dónde me tengo que situar para ver mejor la procesión de esta noche? ¿A qué hora abre el museo de Semana Santa? ¿Los actos litúrgicos de la Catedral por favor? ¿Por qué la gente come tantas pipas?, ¿Cuál es la procesión más bonita?..... Imaginaos, preguntad esto a una zamorana, es como preguntar a una madre que a cuál de sus hijos quiere más….
Las tradiciones y costumbres amoldan el alma de cada persona, no me cabe duda de que son estas tradiciones las que contribuyen a enriquecer nuestro espíritu. El novelista francés André Malraux afirmaba en un artículo que “La tradición no se hereda, se conquista”. Los zamoranos hemos sabido mantener el fervor por nuestra Semana Santa desde la Edad Media, cuando la celebración de la Pascua se celebraba en el interior de los templos y aquí seguimos, a pesar del declive poblacional de nuestra ciudad y provincia, la Semana Santa continúa recordándonos nuestro pasado glorioso pero también un presente y un futuro que debemos afrontar con valentía, con trabajo y con ilusión, como siempre hemos sabido hacer en Zamora. También el espíritu de los zamoranos ha sido conquistado y moldeado a lo largo de los siglos por muchos factores que nos identifican y nos hacen únicos: por nuestra historia, nuestro folklore, nuestro patrimonio cultural y natural, nuestros artistas, nuestra gastronomía, pero si hay un elemento que ha sabido conquistar a los zamoranos de una manera especial esa es sin duda nuestra Semana Santa, la que todos defendemos, la que todos enarbolamos, nuestra seña de identidad, la que todos y cada uno de nosotros respetamos y de la que hablamos con mayor orgullo, la que consigue transformar el carácter callado y quieto de los zamoranos, el cincel que mejor nos ha moldeado a lo largo de los siglos.
La vida de todas las personas se construye de momentos. Momentos felices y amargos, momentos de ilusión y de esperanza, de frustración, de reflexión, momentos para uno mismo y momentos para regalar a los demás, momentos de encuentros y despedidas.
A mi modo de ver en la Semana Santa de Zamora viven y conviven tres momentos muy significativos.
El primer momento es el que tiene que ver con las PERSONAS. Momentos de encuentro y reunión, momentos en los que se da la bienvenida a los familiares y amigos que viven fuera y regresan un año más para hacer de la Semana Santa un momento de convivencia con los tuyos. Momentos de conversación alrededor de una mesa mientras se come un Dos y Pingada con torrijas y aceitadas. Momentos para ir juntos a escuchar el juramento del Silencio el Miércoles Santo al caer la tarde. Momentos en los que se sacan con emoción de los baúles las túnicas y los fajines, las sandalias y las varas, las mantillas y las cruces para lucirlas un año más, una Semana Santa más. Momentos para visitar con los tuyos a la Virgen de la Soledad el Sábado Santo en su iglesia de San Juan y encontrarla ya en su mesa adornada entre mil flores y decirle al oído a tu acompañante: “pero qué bonita está la Virgen este año”. Momentos para arremolinarse toda la familia en el balcón de casa para ver pasar la procesión.
Dentro de nuestra Semana Santa también hay hermandades que tienen que ver mucho con las personas, así lo entendieron cofradías como la Santa Vera Cruz, la Real Cofradía del Santo Entierro o la de Jesús Nazareno que dentro de sus recorridos supieron buscar unos instantes para el descanso y el encuentro entre hermanos y familias, un espacio de merienda y desayuno en medio de un ambiente de cordialidad, de generosidad y de invitación. Donde todos, Zamoranos y forasteros somos bienvenidos a unos momentos de convivencia que son también parte indispensable en estos días de Pasión.
Momentos también para los visitantes que llegan a Zamora buscando contagiarse del ambiente semanasantero que envuelve la ciudad, cargados con sus cámaras de fotos, planos e itinerarios intentando planificar sus tiempos hasta darse cuenta que en estos días toda planificación es inútil, hay que dejarse envolver por el ambiente y la ciudad, dejarse llevar por los ritmos que marcan las procesiones.
La mayoría de visitantes que llegan a Zamora no se acercan a “ver” nuestra Semana Santa sino que vienen a vivirla, a experimentarla. La sensación que te produce el haber comido un plato exquisito, el haber disfrutado de un viaje o de un buen libro lo logras en el momento en que has comido, viajado, leído y vivido todas esas experiencias. Con la Semana Santa de Zamora es un poco lo mismo, y aunque un foráneo que llegue por primera vez a Zamora durante la Semana de Pasión no pueda en principio llegar a experimentar lo que sentimos los que la vivimos desde dentro, sin embargo sí que puede llegar a acercarse a ese sentimiento ya que Zamora retará al visitante poniendo a prueba sus cinco sentidos: mientras observa con admiración la exquisita plástica de los recorridos procesionales en la Ciudad del Románico; embriagándose con el perfume a incienso que envuelve nuestras piedras, nuestros templos; escuchando las melodías de la música y las voces de canto llano que acompañan a nuestros pasos; haciendo una pausa para degustar nuestra exquisita y variada gastronomía semanasantera y apreciando el tacto rígido y cálido de la estameña de la túnica de un cofrade que te roza al pasar o acariciando con sus manos la piedra arenisca de nuestros templos para notar como se desgrana al tacto, como si nuestras piedras también pudieran llorar al paso de nuestras imágenes, de nuestros crucificados que se desangran por las calles zamoranas. Ese rol de espectador neófito confiere al visitante que llega un papel importantísimo, ya que con una mirada nueva y sincera observa cada uno de los momentos de nuestra Semana de Pasión con los ojos casi de un niño que expectante pone por fin imagen y sonido a la idea que tenía en su mente de lo que significa Semana Santa en Zamora. Los turistas que llegan se convierten con su papel de espectadores en parte esencial también de nuestra Semana Santa ya que serán esas sensaciones y esos momentos que experimenten durante estos días los que se llevarán con ellos y los que transmitirán a amigos y familiares.
Ellos serán en definitiva nuestros pregoneros en otras tierras y esto es algo que no debemos de olvidar.
Por este motivo y muchos más, administraciones, Junta Pro Semana Santa y los propios zamoranos tenemos que ser conscientes de la necesidad de continuar con la promoción y divulgación de nuestra Semana de Pasión a nivel nacional e internacional.
En este momento en España hay 26 Semanas Santas de Interés Turístico Internacional, de ellas 8 están en nuestra comunidad autónoma. El turista que busca un próximo destino en el que disfrutar de una Semana Santa con distinción internacional reconocida se encuentra en la actualidad con un amplio abanico de posibilidades donde elegir y aunque la de Zamora haya sido la primera en ser declarada Bien de Interés Cultural y candidata a ser Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, de nada nos sirve si no hacemos promoción de ello. Obligado es que la Semana Santa Zamorana sea parte intrínseca de la Marca Zamora.
Y si hablamos de momentos para las personas no podemos dejar de hablar de números, más de 36.000 cofrades participan en las 17 cofradías de la Semana Santa de Zamora, una ciudad de poco más de 61.000 habitantes, ninguna otra Semana Santa en España tiene estas cifras en relación a número de cofrades con población. Y durante las últimas semanas esta cifra ha aumentado sustancialmente con la llegada de nuevos inscritos a nuestras cofradías, 144 nuevos hermanos para la Cofradía de Jesús Nazareno, 80 para la Real Cofradía del Santo Entierro, 110 para la Vera Cruz, 61 damas nuevas en la Virgen de la Esperanza por poneros un ejemplo de la muestra palpable del efecto llamada que experimenta Zamora cuando se pronuncian las palabras: SEMANA SANTA.
El segundo momento de nuestra Semana Santa sería un momento para la PLÁSTICA, la belleza de unas procesiones que emergen por unas calles y plazas marcadas por las cicatrices de una historia fascinante, una historia que nos ha dejado un legado de piedra y agua en “la ciudad del alma” que bellamente expresaba Claudio Rodríguez. No hay duda de que la Semana Santa de Zamora deja en nuestra retina momentos únicos de una belleza sin parangón. Desde la plástica enfática llena de claroscuros que provocan las teas de la Hermandad del Santísimo Cristo de la Buena Muerte en la calle Balborraz durante la noche de Lunes Santo hasta la estética alegre y colorida de flauta y tamboril de la que ya es considerada por los zamoranos como la primera romería del año, la Cofradía de la Santísima Resurrección el Domingo de Pascua. Es precisamente este día, terminada la procesión, cuando se inicia el calendario zamorano, cuando de manera inconsciente ponemos en marcha el reloj que marcará los días, las semanas y los meses que faltan para la próxima Semana Santa. Tampoco hay que olvidar la plástica del sonido, la belleza de los acordes cantados, que en constante oración acompañan nuestras imágenes. La emoción que imprime en todos los presentes el Viernes Santo cuando a partir de las 5 de la madrugada escuchamos los primeros acordes de la Marcha Fúnebre de Sigismund Thalberg. La belleza de los atardeceres recortados por las siluetas de las imágenes que procesionan junto al río Duero. El espectacular lienzo que dejan muchas de nuestras cofradías y hermandades por el casco antiguo de Zamora es sin duda digno de haber sido pintado por los mejores artistas de todos los tiempos.
El tercer momento de nuestra Semana Santa es el más íntimo, el más ESPIRITUAL, un momento para enriquecer el ALMA. Un momento para recordar el verdadero sentido de la Semana Santa, para no olvidar que hace más de dos mil años un hombre conocido como Jesús de Nazaret, de la tribu de Judá ofreció su vida para salvar la nuestra y que en estos días los católicos de todo el mundo celebramos los últimos momentos de su vida, su muerte y su resurrección. Esos días se celebran en Zamora con especial silencio y recogimiento, porque así decidimos los zamoranos allá por el siglo XIII que debíamos de conmemorar los últimos momentos de la vida de Jesucristo. Con escenarios únicos ya desde el Lunes Santo, cuando en la Hermandad de Jesús en su Tercera Caída, cofrades de acera y vara cantamos con espíritu retador, con el alma encogida pero firme que la muerte no es el final. Con la intensidad de la melodía litúrgica del “Jerusalem, Jerusalem” entonada por el coro de la hermandad del Santísimo Cristo de la Buena Muerte sobre un círculo de fuego y oración, que se rompe con la llegada firme y dolorosa de la venerada imagen; con la humildad de las sandalias y la túnica monacal que rememora el carácter conventual que históricamente ha acompañado a nuestra ciudad, con la sencillez de las cruces y las teas que portan sus cofrades. Estos momentos para el espíritu, se repiten a lo largo de nuestra Semana Santa en distintas cofradías y hermandades y se convierten en nuestra seña de identidad. Estoy segura de que vivir la Semana Santa de Zamora puede ser uno de los momentos de la vida de una persona que más le puedan aportar a nivel personal y espiritual. Momentos para reencontrarse con uno mismo, con su religión. Una vez una turista me confesó que después de escuchar el Miserere la madrugada del Viernes Santo en la Plaza de Viriato había recuperado una religiosidad que creía perdida y que durante esos instantes pudo acercarse a Dios como hacía tiempo que no lo hacía. ¿Se puede decir algo más intenso? La experiencia de la Semana Santa ya no es sólo el viaje, sino la huella que esta vivencia pueda dejar en ti e incluso lo que uno mismo puede aportar a esta experiencia.
Mis momentos personales en torno a nuestra Semana Santa son aquellos en los que puedo admirar su grandeza en los pequeños detalles de los que me rodean, en las jornadas interminables de trabajo que suponen estos días para mis compañeras y que sin embargo logran transmitir ese entusiasmo y esa pasión por su labor desde el Jueves de Pasión hasta el Domingo de Resurrección; en el ajetreo nervioso de los preparativos de mi amiga Belén entre Salamanca y Zamora en el que envuelve e implica a toda su familia; en las lágrimas incontrolables de mi querida Cazu que empiezan con el traslado del Nazareno de San Frontis “nuestro mozo” el Jueves de Pasión y no cesan hasta el Domingo de Resurrección; en las manos firmes con las que cada año Pablo coordina las voces de los más de doscientos hombres que entonan con una emoción que sobrecoge el Miserere en la madrugada del Viernes Santo; en el entusiasmo contagioso de mi amigo José Luis, que a pesar de su discapacidad intelectual cada año vive con la misma emoción y participa con la misma devoción en la celebración de nuestra Semana Santa; en la fortaleza de espíritu de mi querido Agapito que a pesar del cansancio acumulado por su trabajo, no duda cada Lunes Santo en ajustarse de nuevo fajín y sandalias para acompañar a su Cristo de la Buena Muerte; en los testimonios de entusiasmo y admiración que nos dejan los miles de turistas que cada año llegan a Zamora para celebrar con nosotros la Semana de Pasión y cómo no, en poder compartir hoy aquí en Salamanca con todos vosotros estos momentos de experiencia y de pregón.
También quiero dejar en este pregón un recuerdo para todos los zamoranos que nos dejaron recientemente y que supieron hacer de esta Semana Santa una parte importante de sus vidas dejando con su presencia y buen hacer una huella imborrable en ella. Ellos ya son parte de nuestra Semana Santa. Un recuerdo muy especial para Paco Galán.
Gracias a todos los presentes por haber querido acompañarme en esta tarde aquí, en el Palacio de Figueroa, os invito a que a la salida pongáis atención a su magnífica fachada plateresca del siglo XVI, y que paseéis por las calles de Salamanca y os acerquéis a su plaza mayor, para comprobar in situ, una vez más que estamos ante la plaza mayor más bonita de España, no sé si os he mencionado antes que soy guía de turismo.
Agradecer a los organizadores y a la Junta Pro Semana Santa por haber confiado en mí para anunciar nuestra Semana de Pasión en las bellísimas y siempre hermanas y acogedoras tierras salmantinas, a las autoridades aquí presentes de los ayuntamientos de Zamora y Salamanca y a Paco Somoza por haber querido acompañarme también en esta tarde de pregón.
En un arranque de valentía me he permitido dejaros aquí un resumen en dos palabras de cada una de nuestras 17 cofradías y hermandades, un breve testimonio de lo que a mis ojos es y significa la Semana Santa de Zamora
Un abrazo a nuestra historia
Testimonio del tiempo
Sufrimiento velado
Oración en gregoriano
Nazareno penitente de….
Viernes de Dolores y Christus factus est
Sábado de Pasión y de Luz y de Vida
Domingo de palma y laurel
Lunes Santo, un reto para la muerte y un Balborraz cisterciense
Martes de Vía Crucis y agonía que se consume en Siete Palabras
Miércoles de rojo y pardo, Incienso y bombardino
Para acompañar al que ampara y es injuriado
Jueves de Esperanza, merienda y miserere
Viernes de Calvario, entierro de dolor y angustia para una madre
Que ya Sola y desamparada abandona San Juan para llorar por las calles de Zamora el Sábado de Gloria
Domingo de Pascua, con flauta y tamboril comienza el calendario zamorano…. Ya queda menos para la próxima Semana Santa.
PREGÓN DE LA SEMANA SANTA DE ZAMORA EN SALAMANCA: ESTRELLA TORRECILLA
8 DE ABRIL DE 2019
Señora Presidenta de la Junta Pro Semana Santa
Excelentísimas autoridades
Amigos y amigas salmantinos y zamoranos, semanasanteros todos
Silencio, silencio reflejado sobre aguas del Duero
Sobre el puente plateado punto luz
Trascendencia que une el cielo con la tierra
De piedra ojival, en la serena metamorfosis
De un Dios que se hace hombre
Por salvar al hombre hacia el campo santo
Muda banda de metales
Callados en tenue lucha
Entre vida y muerte
Y se me clavan,
Se me clavan en el alma
Avanzando a paso lento y decidido
Devolvedme mi silencio
Que robaron sinsabores de este mundo
Silencio y paz
Hacia los gemidos de los vivos en el campo santo
Todo en Zamora es Semana Santa. Nadie se puede desvincular de ella, hasta nuestros mejores poetas encontraron inspiración en la Semana Santa Zamorana para escribir bellísimas composiciones, por no hablar de escultores, pintores y artistas de todos los ámbitos. La Semana Santa pasó por sus vidas y quedó reflejada en sus obras, conocidas y admiradas por todos. Es muy difícil desvincular la ciudad de Zamora e incluso su historia de nuestra Semana de Pasión, de la Semana Grande Zamorana como nosotros la llamamos. El acontecimiento social, cultural y religioso más importante y de mayor calado en nuestra ciudad.
Como en todo acontecimiento social y cultural en la Semana Santa participan una serie de personajes que contribuyen a agrandarla y tal y como pudiera ocurrir en una obra maestra de teatro o en un concierto magistral, además de los actores principales y secundarios también hay espectadores de primera, segunda y última fila, todos son igual de importantes ya que sin unos los otros no tendrían sentido. Para formar parte de la Semana Santa de Zamora no es necesaria una implicación directa en una hermandad, no tienes que procesionar en varias cofradías, ni siquiera en una. Mi caso es un claro ejemplo de ello. Yo preferí elegir el papel de espectadora, de cofrade de acera y eso que he vivido siempre rodeada de personas estrechamente vinculadas a muchas cofradías, amigos, hermanos y hasta mi compañero en la vida, unido desde su más tierna infancia a varias cofradías y hermandades. Sin embargo, yo siempre entendí que mi papel era otro, mi rol de espectadora esencial y sustancial también dentro de la Semana Santa Zamorana.
Mi vínculo con la Semana Santa nace con mi pasión por Zamora y mi vocación por transmitir ese amor y esa fascinación por mi tierra a todo el que se acerca a conocerla. Me siento gustosamente obligada de llenar la mente y el alma del que llega desconocedor de la extraordinaria suerte que ha tenido de visitar y enamorarse de “la gran señora”. Visitantes, muchos de ellos ignorantes de haber llegado a una tierra con un patrimonio único de piedra y agua, de gentes y tradiciones, con una historia inquietante, fascinante. Si hay un acontecimiento que un zamorano sepa entender y trasmitir de una manera especial esa es sin duda nuestra Semana Santa. Yo soy una privilegiada en este sentido porque mi trabajo como guía de turismo hace que durante todo el año lleve esta Semana en mi mente, en mi corazón y en mi sentir. De esta manera, en cada iglesia, en cada plaza, en cada rincón de la ciudad, en cada imagen de mi querido Museo de Semana Santa que en breve dispondrá de un nuevo espacio de exposición mucho más apropiado, pongo en valor, ya sea agosto o diciembre la Semana de Pasión Zamorana. La ciudad entera rezuma a su paso instantes de Semana Santa.
Me siento afortunada de poder decir que como guía de turismo soy cicerone de la Semana Santa de Zamora los 12 meses del año, pregonera de nuestra Semana de Pasión los 365 días y eso es algo que muy pocas personas tienen la suerte y el orgullo de poder hacer por su tierra porque forma parte de mi trabajo diario, la parte más bonita y satisfactoria de mi trabajo tengo que decir.
Los guías de turismo, en cierto modo nos sentimos como una suerte de evangelistas. Evangelio deriva del latín “evangelium” y ésta a su vez del griego “euaggélion” y significa “buen anuncio” “buena noticia”. Emulando a San Mateo como el primer evangelista que con sus escritos anunció y dio testimonio a los hombres de que Jesucristo era el Mesías, el hijo de Dios, igualmente los guías de turismo anunciamos a los visitantes que en Zamora celebramos la Pasión de Cristo, su muerte y su resurrección como los zamoranos entendemos que hay que hacerlo. De una manera sincera y coherente con nuestra historia, con nuestro pasado y también con nuestro presente.
Desde un principio, siempre fue un reto para mí en mi labor como guía de turismo el lograr transmitir a los visitantes las sensaciones que se suceden durante nuestra Semana Santa, ese cosquilleo que te sube por el estómago y te envuelve y te llena el alma con mil sensaciones distintas. Mi problema en este cometido consistía en intentar transmitir ese sentimiento que provoca la Semana Santa de Zamora fuera de los días de Pasión. El visitante que llegue a Zamora en cualquier época del año tiene bajo mi punto de vista que llevarse a su casa un trocito de nuestra Semana Santa. También debo deciros que tengo la suerte de contar con la ayuda de una ciudad absolutamente evocadora, ya que en cada rincón, en cada templo, en cada piedra y hasta en el fluir de las aguas del Duero puedes encontrar un instante de Semana Santa en cualquier época del año. La ciudad una vez más es mi aliada.
Es mi aliada en días de sol cuando la piedra arenisca que ha acompañado a Zamora a lo largo de los siglos, luce dorada bajo un cielo azul intenso que aporta un cromatismo de mil tonalidades distintas a nuestras calles, a nuestros monumentos. Pero también la niebla ayuda aún más si cabe a embellecer los momentos claves de la Semana de Pasión. Cuando Zamora se transforma en la “ciudad velada”, el mismo velo que embellece la escultura de la mujer velada de Antonio Corradini, muestra una Zamora de misterio, fantasmal, casi mágica en el discurrir de las procesiones junto al río, con una catedral que aparece y desaparece como por encanto, aportando aún más belleza y realce a lo que difícilmente puede ser ya superado.
Para mí, la Semana de Pasión suponen días de trabajo intenso en los que Zamora se convierte en un hervidero de gente ansiosa por vivir los mejores momentos, en los mejores enclaves, atendiendo a miles de personas con sus variopintas preguntas: ¿Dónde me tengo que situar para ver mejor la procesión de esta noche? ¿A qué hora abre el museo de Semana Santa? ¿Los actos litúrgicos de la Catedral por favor? ¿Por qué la gente come tantas pipas?, ¿Cuál es la procesión más bonita?..... Imaginaos, preguntad esto a una zamorana, es como preguntar a una madre que a cuál de sus hijos quiere más….
Las tradiciones y costumbres amoldan el alma de cada persona, no me cabe duda de que son estas tradiciones las que contribuyen a enriquecer nuestro espíritu. El novelista francés André Malraux afirmaba en un artículo que “La tradición no se hereda, se conquista”. Los zamoranos hemos sabido mantener el fervor por nuestra Semana Santa desde la Edad Media, cuando la celebración de la Pascua se celebraba en el interior de los templos y aquí seguimos, a pesar del declive poblacional de nuestra ciudad y provincia, la Semana Santa continúa recordándonos nuestro pasado glorioso pero también un presente y un futuro que debemos afrontar con valentía, con trabajo y con ilusión, como siempre hemos sabido hacer en Zamora. También el espíritu de los zamoranos ha sido conquistado y moldeado a lo largo de los siglos por muchos factores que nos identifican y nos hacen únicos: por nuestra historia, nuestro folklore, nuestro patrimonio cultural y natural, nuestros artistas, nuestra gastronomía, pero si hay un elemento que ha sabido conquistar a los zamoranos de una manera especial esa es sin duda nuestra Semana Santa, la que todos defendemos, la que todos enarbolamos, nuestra seña de identidad, la que todos y cada uno de nosotros respetamos y de la que hablamos con mayor orgullo, la que consigue transformar el carácter callado y quieto de los zamoranos, el cincel que mejor nos ha moldeado a lo largo de los siglos.
La vida de todas las personas se construye de momentos. Momentos felices y amargos, momentos de ilusión y de esperanza, de frustración, de reflexión, momentos para uno mismo y momentos para regalar a los demás, momentos de encuentros y despedidas.
A mi modo de ver en la Semana Santa de Zamora viven y conviven tres momentos muy significativos.
El primer momento es el que tiene que ver con las PERSONAS. Momentos de encuentro y reunión, momentos en los que se da la bienvenida a los familiares y amigos que viven fuera y regresan un año más para hacer de la Semana Santa un momento de convivencia con los tuyos. Momentos de conversación alrededor de una mesa mientras se come un Dos y Pingada con torrijas y aceitadas. Momentos para ir juntos a escuchar el juramento del Silencio el Miércoles Santo al caer la tarde. Momentos en los que se sacan con emoción de los baúles las túnicas y los fajines, las sandalias y las varas, las mantillas y las cruces para lucirlas un año más, una Semana Santa más. Momentos para visitar con los tuyos a la Virgen de la Soledad el Sábado Santo en su iglesia de San Juan y encontrarla ya en su mesa adornada entre mil flores y decirle al oído a tu acompañante: “pero qué bonita está la Virgen este año”. Momentos para arremolinarse toda la familia en el balcón de casa para ver pasar la procesión.
Dentro de nuestra Semana Santa también hay hermandades que tienen que ver mucho con las personas, así lo entendieron cofradías como la Santa Vera Cruz, la Real Cofradía del Santo Entierro o la de Jesús Nazareno que dentro de sus recorridos supieron buscar unos instantes para el descanso y el encuentro entre hermanos y familias, un espacio de merienda y desayuno en medio de un ambiente de cordialidad, de generosidad y de invitación. Donde todos, Zamoranos y forasteros somos bienvenidos a unos momentos de convivencia que son también parte indispensable en estos días de Pasión.
Momentos también para los visitantes que llegan a Zamora buscando contagiarse del ambiente semanasantero que envuelve la ciudad, cargados con sus cámaras de fotos, planos e itinerarios intentando planificar sus tiempos hasta darse cuenta que en estos días toda planificación es inútil, hay que dejarse envolver por el ambiente y la ciudad, dejarse llevar por los ritmos que marcan las procesiones.
La mayoría de visitantes que llegan a Zamora no se acercan a “ver” nuestra Semana Santa sino que vienen a vivirla, a experimentarla. La sensación que te produce el haber comido un plato exquisito, el haber disfrutado de un viaje o de un buen libro lo logras en el momento en que has comido, viajado, leído y vivido todas esas experiencias. Con la Semana Santa de Zamora es un poco lo mismo, y aunque un foráneo que llegue por primera vez a Zamora durante la Semana de Pasión no pueda en principio llegar a experimentar lo que sentimos los que la vivimos desde dentro, sin embargo sí que puede llegar a acercarse a ese sentimiento ya que Zamora retará al visitante poniendo a prueba sus cinco sentidos: mientras observa con admiración la exquisita plástica de los recorridos procesionales en la Ciudad del Románico; embriagándose con el perfume a incienso que envuelve nuestras piedras, nuestros templos; escuchando las melodías de la música y las voces de canto llano que acompañan a nuestros pasos; haciendo una pausa para degustar nuestra exquisita y variada gastronomía semanasantera y apreciando el tacto rígido y cálido de la estameña de la túnica de un cofrade que te roza al pasar o acariciando con sus manos la piedra arenisca de nuestros templos para notar como se desgrana al tacto, como si nuestras piedras también pudieran llorar al paso de nuestras imágenes, de nuestros crucificados que se desangran por las calles zamoranas. Ese rol de espectador neófito confiere al visitante que llega un papel importantísimo, ya que con una mirada nueva y sincera observa cada uno de los momentos de nuestra Semana de Pasión con los ojos casi de un niño que expectante pone por fin imagen y sonido a la idea que tenía en su mente de lo que significa Semana Santa en Zamora. Los turistas que llegan se convierten con su papel de espectadores en parte esencial también de nuestra Semana Santa ya que serán esas sensaciones y esos momentos que experimenten durante estos días los que se llevarán con ellos y los que transmitirán a amigos y familiares.
Ellos serán en definitiva nuestros pregoneros en otras tierras y esto es algo que no debemos de olvidar.
Por este motivo y muchos más, administraciones, Junta Pro Semana Santa y los propios zamoranos tenemos que ser conscientes de la necesidad de continuar con la promoción y divulgación de nuestra Semana de Pasión a nivel nacional e internacional.
En este momento en España hay 26 Semanas Santas de Interés Turístico Internacional, de ellas 8 están en nuestra comunidad autónoma. El turista que busca un próximo destino en el que disfrutar de una Semana Santa con distinción internacional reconocida se encuentra en la actualidad con un amplio abanico de posibilidades donde elegir y aunque la de Zamora haya sido la primera en ser declarada Bien de Interés Cultural y candidata a ser Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, de nada nos sirve si no hacemos promoción de ello. Obligado es que la Semana Santa Zamorana sea parte intrínseca de la Marca Zamora.
Y si hablamos de momentos para las personas no podemos dejar de hablar de números, más de 36.000 cofrades participan en las 17 cofradías de la Semana Santa de Zamora, una ciudad de poco más de 61.000 habitantes, ninguna otra Semana Santa en España tiene estas cifras en relación a número de cofrades con población. Y durante las últimas semanas esta cifra ha aumentado sustancialmente con la llegada de nuevos inscritos a nuestras cofradías, 144 nuevos hermanos para la Cofradía de Jesús Nazareno, 80 para la Real Cofradía del Santo Entierro, 110 para la Vera Cruz, 61 damas nuevas en la Virgen de la Esperanza por poneros un ejemplo de la muestra palpable del efecto llamada que experimenta Zamora cuando se pronuncian las palabras: SEMANA SANTA.
El segundo momento de nuestra Semana Santa sería un momento para la PLÁSTICA, la belleza de unas procesiones que emergen por unas calles y plazas marcadas por las cicatrices de una historia fascinante, una historia que nos ha dejado un legado de piedra y agua en “la ciudad del alma” que bellamente expresaba Claudio Rodríguez. No hay duda de que la Semana Santa de Zamora deja en nuestra retina momentos únicos de una belleza sin parangón. Desde la plástica enfática llena de claroscuros que provocan las teas de la Hermandad del Santísimo Cristo de la Buena Muerte en la calle Balborraz durante la noche de Lunes Santo hasta la estética alegre y colorida de flauta y tamboril de la que ya es considerada por los zamoranos como la primera romería del año, la Cofradía de la Santísima Resurrección el Domingo de Pascua. Es precisamente este día, terminada la procesión, cuando se inicia el calendario zamorano, cuando de manera inconsciente ponemos en marcha el reloj que marcará los días, las semanas y los meses que faltan para la próxima Semana Santa. Tampoco hay que olvidar la plástica del sonido, la belleza de los acordes cantados, que en constante oración acompañan nuestras imágenes. La emoción que imprime en todos los presentes el Viernes Santo cuando a partir de las 5 de la madrugada escuchamos los primeros acordes de la Marcha Fúnebre de Sigismund Thalberg. La belleza de los atardeceres recortados por las siluetas de las imágenes que procesionan junto al río Duero. El espectacular lienzo que dejan muchas de nuestras cofradías y hermandades por el casco antiguo de Zamora es sin duda digno de haber sido pintado por los mejores artistas de todos los tiempos.
El tercer momento de nuestra Semana Santa es el más íntimo, el más ESPIRITUAL, un momento para enriquecer el ALMA. Un momento para recordar el verdadero sentido de la Semana Santa, para no olvidar que hace más de dos mil años un hombre conocido como Jesús de Nazaret, de la tribu de Judá ofreció su vida para salvar la nuestra y que en estos días los católicos de todo el mundo celebramos los últimos momentos de su vida, su muerte y su resurrección. Esos días se celebran en Zamora con especial silencio y recogimiento, porque así decidimos los zamoranos allá por el siglo XIII que debíamos de conmemorar los últimos momentos de la vida de Jesucristo. Con escenarios únicos ya desde el Lunes Santo, cuando en la Hermandad de Jesús en su Tercera Caída, cofrades de acera y vara cantamos con espíritu retador, con el alma encogida pero firme que la muerte no es el final. Con la intensidad de la melodía litúrgica del “Jerusalem, Jerusalem” entonada por el coro de la hermandad del Santísimo Cristo de la Buena Muerte sobre un círculo de fuego y oración, que se rompe con la llegada firme y dolorosa de la venerada imagen; con la humildad de las sandalias y la túnica monacal que rememora el carácter conventual que históricamente ha acompañado a nuestra ciudad, con la sencillez de las cruces y las teas que portan sus cofrades. Estos momentos para el espíritu, se repiten a lo largo de nuestra Semana Santa en distintas cofradías y hermandades y se convierten en nuestra seña de identidad. Estoy segura de que vivir la Semana Santa de Zamora puede ser uno de los momentos de la vida de una persona que más le puedan aportar a nivel personal y espiritual. Momentos para reencontrarse con uno mismo, con su religión. Una vez una turista me confesó que después de escuchar el Miserere la madrugada del Viernes Santo en la Plaza de Viriato había recuperado una religiosidad que creía perdida y que durante esos instantes pudo acercarse a Dios como hacía tiempo que no lo hacía. ¿Se puede decir algo más intenso? La experiencia de la Semana Santa ya no es sólo el viaje, sino la huella que esta vivencia pueda dejar en ti e incluso lo que uno mismo puede aportar a esta experiencia.
Mis momentos personales en torno a nuestra Semana Santa son aquellos en los que puedo admirar su grandeza en los pequeños detalles de los que me rodean, en las jornadas interminables de trabajo que suponen estos días para mis compañeras y que sin embargo logran transmitir ese entusiasmo y esa pasión por su labor desde el Jueves de Pasión hasta el Domingo de Resurrección; en el ajetreo nervioso de los preparativos de mi amiga Belén entre Salamanca y Zamora en el que envuelve e implica a toda su familia; en las lágrimas incontrolables de mi querida Cazu que empiezan con el traslado del Nazareno de San Frontis “nuestro mozo” el Jueves de Pasión y no cesan hasta el Domingo de Resurrección; en las manos firmes con las que cada año Pablo coordina las voces de los más de doscientos hombres que entonan con una emoción que sobrecoge el Miserere en la madrugada del Viernes Santo; en el entusiasmo contagioso de mi amigo José Luis, que a pesar de su discapacidad intelectual cada año vive con la misma emoción y participa con la misma devoción en la celebración de nuestra Semana Santa; en la fortaleza de espíritu de mi querido Agapito que a pesar del cansancio acumulado por su trabajo, no duda cada Lunes Santo en ajustarse de nuevo fajín y sandalias para acompañar a su Cristo de la Buena Muerte; en los testimonios de entusiasmo y admiración que nos dejan los miles de turistas que cada año llegan a Zamora para celebrar con nosotros la Semana de Pasión y cómo no, en poder compartir hoy aquí en Salamanca con todos vosotros estos momentos de experiencia y de pregón.
También quiero dejar en este pregón un recuerdo para todos los zamoranos que nos dejaron recientemente y que supieron hacer de esta Semana Santa una parte importante de sus vidas dejando con su presencia y buen hacer una huella imborrable en ella. Ellos ya son parte de nuestra Semana Santa. Un recuerdo muy especial para Paco Galán.
Gracias a todos los presentes por haber querido acompañarme en esta tarde aquí, en el Palacio de Figueroa, os invito a que a la salida pongáis atención a su magnífica fachada plateresca del siglo XVI, y que paseéis por las calles de Salamanca y os acerquéis a su plaza mayor, para comprobar in situ, una vez más que estamos ante la plaza mayor más bonita de España, no sé si os he mencionado antes que soy guía de turismo.
Agradecer a los organizadores y a la Junta Pro Semana Santa por haber confiado en mí para anunciar nuestra Semana de Pasión en las bellísimas y siempre hermanas y acogedoras tierras salmantinas, a las autoridades aquí presentes de los ayuntamientos de Zamora y Salamanca y a Paco Somoza por haber querido acompañarme también en esta tarde de pregón.
En un arranque de valentía me he permitido dejaros aquí un resumen en dos palabras de cada una de nuestras 17 cofradías y hermandades, un breve testimonio de lo que a mis ojos es y significa la Semana Santa de Zamora
Un abrazo a nuestra historia
Testimonio del tiempo
Sufrimiento velado
Oración en gregoriano
Nazareno penitente de….
Viernes de Dolores y Christus factus est
Sábado de Pasión y de Luz y de Vida
Domingo de palma y laurel
Lunes Santo, un reto para la muerte y un Balborraz cisterciense
Martes de Vía Crucis y agonía que se consume en Siete Palabras
Miércoles de rojo y pardo, Incienso y bombardino
Para acompañar al que ampara y es injuriado
Jueves de Esperanza, merienda y miserere
Viernes de Calvario, entierro de dolor y angustia para una madre
Que ya Sola y desamparada abandona San Juan para llorar por las calles de Zamora el Sábado de Gloria
Domingo de Pascua, con flauta y tamboril comienza el calendario zamorano…. Ya queda menos para la próxima Semana Santa.


















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