OPINIÓN
No existe justificación
Emilia Casas
Nada se puede comparar con la sensación de vulnerabilidad, de rabia e impotencia que siento en éste momento. He de reconocer que hay días en que me toca ponerme más seria de lo normal. Hoy es uno de ellos...
La calidad de vida de una persona, y más profundamente su felicidad, no sólo depende de una serie de circunstancias materiales que puedan facilitar su adaptación al medio en el que vive. Está también influida por las acciones delictivas que otras personas “desadaptadas” cometen dentro de la sociedad en la que vivimos. Acoso, abusos físicos y psicológicos, matrimonios forzosos, mutilación, agresiones sexuales, violaciones... son muchas las formas que toma la violencia contra las mujeres. Los delitos contra la libertad e indemnidad sexual, entre los que están incluidos el acceso al cuerpo de otra persona con violencia, sin consentimiento y con fines sexuales, lamentablemente están creciendo. Es triste darte cuenta que vives con “miedo” y ¿cómo no tenerlo si cada semana aparecen casos nuevos de violencia contra la mujer en distintas manifestaciones? No deseo una vida de encierro para poder sentir tranquilidad y vivir sin “miedo”.
Tengo entendido que los violadores, dentro del particular código interno de las cárceles, son considerados por los propios reclusos como la escoria de las prisiones. También tengo entendido que muchos han padecido alguna forma de maltrato infantil así como haber sido sometidos a abusos físicos, emocionales y sexuales en la infancia. Varios estudiosos en la materia señalan que éstas humillaciones les dejaron como secuela principal un gran odio y la necesidad de vengarse sobre otros tan indefensos como alguna vez lo fueron ellos. Estoy convencida de que los individuos que cometen estos actos y que tanta repulsa nos causan a todos, no tienen tratamiento ni se rehabilitan, por mucho tiempo que estén entre rejas. Estoy convencida de que una vez que salgan en libertad, vuelven, como se suele decir, a las andadas; porque tienden a crear códigos propios de comportamiento. Estoy convencida de que ni sufren ni sienten empatía por sus víctimas, solamente, al infringir sus propios reglamentos y no los códigos sociales comunes.
La violencia contra las mujeres se da sin distinción de posición económica, raza o cultura. Para prevenirla y responder a ella, se requiere la colaboración de toda la sociedad
Nada se puede comparar con la sensación de vulnerabilidad, de rabia e impotencia que siento en éste momento. He de reconocer que hay días en que me toca ponerme más seria de lo normal. Hoy es uno de ellos...
La calidad de vida de una persona, y más profundamente su felicidad, no sólo depende de una serie de circunstancias materiales que puedan facilitar su adaptación al medio en el que vive. Está también influida por las acciones delictivas que otras personas “desadaptadas” cometen dentro de la sociedad en la que vivimos. Acoso, abusos físicos y psicológicos, matrimonios forzosos, mutilación, agresiones sexuales, violaciones... son muchas las formas que toma la violencia contra las mujeres. Los delitos contra la libertad e indemnidad sexual, entre los que están incluidos el acceso al cuerpo de otra persona con violencia, sin consentimiento y con fines sexuales, lamentablemente están creciendo. Es triste darte cuenta que vives con “miedo” y ¿cómo no tenerlo si cada semana aparecen casos nuevos de violencia contra la mujer en distintas manifestaciones? No deseo una vida de encierro para poder sentir tranquilidad y vivir sin “miedo”.
Tengo entendido que los violadores, dentro del particular código interno de las cárceles, son considerados por los propios reclusos como la escoria de las prisiones. También tengo entendido que muchos han padecido alguna forma de maltrato infantil así como haber sido sometidos a abusos físicos, emocionales y sexuales en la infancia. Varios estudiosos en la materia señalan que éstas humillaciones les dejaron como secuela principal un gran odio y la necesidad de vengarse sobre otros tan indefensos como alguna vez lo fueron ellos. Estoy convencida de que los individuos que cometen estos actos y que tanta repulsa nos causan a todos, no tienen tratamiento ni se rehabilitan, por mucho tiempo que estén entre rejas. Estoy convencida de que una vez que salgan en libertad, vuelven, como se suele decir, a las andadas; porque tienden a crear códigos propios de comportamiento. Estoy convencida de que ni sufren ni sienten empatía por sus víctimas, solamente, al infringir sus propios reglamentos y no los códigos sociales comunes.
La violencia contra las mujeres se da sin distinción de posición económica, raza o cultura. Para prevenirla y responder a ella, se requiere la colaboración de toda la sociedad


















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