ELECCIONES NACIONALES 2019
¡Los dioses de la democracia deben de estar locos!
En la película del mismo título, una tribu africana determina la locura de los occidentales, dada la confusión que les provoca su comportamiento, absurdo y alejado de toda lógica y sensatez.
Viene a colación, el símil, con el espectáculo bochornoso que ofrece la derecha de este país, en su encarnizada lucha electoral. Más que la búsqueda del bien general, y sin decencia, pretende sólo destruir al adversario y conseguir el poder al precio que sea.
Desde que el PP perdió el poder en la moción de censura, la derecha tricéfala ha dedicado todos sus esfuerzos a recuperarlo. Han boicoteado cualquier acción de gobierno y han pedido, desesperadamente, convocatoria de elecciones, utilizando la mentira y el insulto como única base de razonamiento.
Pablo Casado, al frente del PP, ve difícil la victoria y está muy nervioso. Tras apartar al sector más moderado del partido, se ha radicalizado y abrazado las tesis involucionistas de Abascal.
Continúa exponiendo datos falsos e insultos y denuncia al Constitucional los viernes sociales del Gobierno de Sánchez, llegando a asociarlos, miserablemente, con el terrorismo. Un demócrata entendería que, con todos los matices a discutir, han sido aprobados mayoritariamente, todos ellos, por la Comisión Permanente del Congreso, incluido el voto, en varios, de Ciudadanos.
La Campaña está siendo despiadada y cruel y la derecha "va a saco" a por Sánchez. Repugnante la alusión, de Casado, a "manos manchadas de sangre", resucitando víctimas y terrorismo en campaña, o tildarlo, ambos, de anticonstitucional. Lo acusan, incesantemente, de electoralismo en cuanto habla. Parece mentira, viniendo del PP, al que, si sus victorias electorales pasadas hubiesen sido olímpicas, les hubiesen retirado todas las medallas por financiación corrupta.
Un Pablo Casado al que, en cualquier país civilizado, dada su trayectoria, no se le permitiría ni ser candidato, una vez probados los inusuales favores académicos en su carrera y el regalo de su máster. Sólo su aforamiento y la connivencia del Supremo le han salvado de una inhabilitación más que merecida.
Ciudadanos y el propio PP, llaman, con demasiada alegría, golpistas a los nacionalistas catalanes y al propio Presidente Sánchez, cuando, en el colmo de la indignidad democrática, se sabe ahora, que el PP, en el gobierno, ha fomentado las "Cloacas" del Estado y utilizado a parte de la cúpula policial, mal llamada "patriótica", a las órdenes directas de Ignacio Cosidó, su Director General, con la complicidad necesaria de Fernández Díaz, Ministro del Interior, y, basándonos en las escuchas publicadas, con el conocimiento de Rajoy.
Su objetivo, que sepamos de momento, crear y utilizar pruebas falsas contra sus adversarios políticos, en un momento en que la formación más afectada, Podemos, podía estar en disposición de acceder al poder pactando con el PSOE. Un pacto, entonces posible, de dos formaciones democráticas que consiguieron anular con guerra sucia, consiguiendo, así, la repetición de las elecciones. Algo que, en otra variante del "Tamayazo", significó, revertir la voluntad democrática de los ciudadanos, (ellos ¿lo llamarían golpismo?). Una práctica, de espionaje y falsas pruebas, que ya había, Fernández Díaz, alentado y practicado, antes, con dirigentes catalanes. Todos hemos oído las grabaciones y las voces de los implicados, y hemos comprobado el uso malintencionado de todo ello por parte de algún sinvergüenza mediático que ha vivido de ello y no es ajeno a toda esta podredumbre.
Albert Rivera también "juega" a ser segundo, delante de Casado y que éste le aúpe, junto a Abascal, a la Moncloa. Pero tampoco va por buen camino. Autoproclamado adalid de la regeneración política y transparencia, ha convertido la confección de listas electorales en un casting inconcebible lleno de descartes ajenos o políticos trasnochados. Sabe que puede ser su "último tren" y le vale cualquiera, ya sea la Soraya socialista que abandona sus principios por mantener cargos, o la "estelar" ex-PP mezclada en turbios asuntos. Desde el de Silvia Clemente, ya son varios los "pucherazos" en otras localidades y muchas las dimisiones y amenazas de denuncias por la falta limpieza en las primarias de C's.
¿Con estos mimbres, y un VOX involucionista, quieren Casado y Rivera, construir el cesto de un Gobierno de España? ¡Los dioses deberían estar... muy locos, si lo consienten!
El PSOE, con todo, se planta en el ruedo electoral con cierta ventaja, tras el bagaje positivo social de un gobierno breve y en minoría, aunque haya dejado en el camino, asuntos como la derogación de la Reforma Laboral, Ley de Educación o Ley Mordaza. Si Unidas Podemos se recupera de tanta desmembración y supera el coste de tanta "limpia" previa de voces discordantes, con un ejercicio de autocrítica de Pablo Iglesias, que ya se va notando, el partido morado será imprescindible para que ambas formaciones puedan conseguir el apoyo de una mayoría suficiente y dar cabida la próxima legislatura a un gobierno de progreso que vele por nuestros derechos y trabajen por el bienestar de la mayoría. La otra opción, un gobierno tripartito que nos... regrese al pasado.
La respuesta el 28 de abril. Depende, únicamente, de que todos vayamos a votar.
En la película del mismo título, una tribu africana determina la locura de los occidentales, dada la confusión que les provoca su comportamiento, absurdo y alejado de toda lógica y sensatez.
Viene a colación, el símil, con el espectáculo bochornoso que ofrece la derecha de este país, en su encarnizada lucha electoral. Más que la búsqueda del bien general, y sin decencia, pretende sólo destruir al adversario y conseguir el poder al precio que sea.
Desde que el PP perdió el poder en la moción de censura, la derecha tricéfala ha dedicado todos sus esfuerzos a recuperarlo. Han boicoteado cualquier acción de gobierno y han pedido, desesperadamente, convocatoria de elecciones, utilizando la mentira y el insulto como única base de razonamiento.
Pablo Casado, al frente del PP, ve difícil la victoria y está muy nervioso. Tras apartar al sector más moderado del partido, se ha radicalizado y abrazado las tesis involucionistas de Abascal.
Continúa exponiendo datos falsos e insultos y denuncia al Constitucional los viernes sociales del Gobierno de Sánchez, llegando a asociarlos, miserablemente, con el terrorismo. Un demócrata entendería que, con todos los matices a discutir, han sido aprobados mayoritariamente, todos ellos, por la Comisión Permanente del Congreso, incluido el voto, en varios, de Ciudadanos.
La Campaña está siendo despiadada y cruel y la derecha "va a saco" a por Sánchez. Repugnante la alusión, de Casado, a "manos manchadas de sangre", resucitando víctimas y terrorismo en campaña, o tildarlo, ambos, de anticonstitucional. Lo acusan, incesantemente, de electoralismo en cuanto habla. Parece mentira, viniendo del PP, al que, si sus victorias electorales pasadas hubiesen sido olímpicas, les hubiesen retirado todas las medallas por financiación corrupta.
Un Pablo Casado al que, en cualquier país civilizado, dada su trayectoria, no se le permitiría ni ser candidato, una vez probados los inusuales favores académicos en su carrera y el regalo de su máster. Sólo su aforamiento y la connivencia del Supremo le han salvado de una inhabilitación más que merecida.
Ciudadanos y el propio PP, llaman, con demasiada alegría, golpistas a los nacionalistas catalanes y al propio Presidente Sánchez, cuando, en el colmo de la indignidad democrática, se sabe ahora, que el PP, en el gobierno, ha fomentado las "Cloacas" del Estado y utilizado a parte de la cúpula policial, mal llamada "patriótica", a las órdenes directas de Ignacio Cosidó, su Director General, con la complicidad necesaria de Fernández Díaz, Ministro del Interior, y, basándonos en las escuchas publicadas, con el conocimiento de Rajoy.
Su objetivo, que sepamos de momento, crear y utilizar pruebas falsas contra sus adversarios políticos, en un momento en que la formación más afectada, Podemos, podía estar en disposición de acceder al poder pactando con el PSOE. Un pacto, entonces posible, de dos formaciones democráticas que consiguieron anular con guerra sucia, consiguiendo, así, la repetición de las elecciones. Algo que, en otra variante del "Tamayazo", significó, revertir la voluntad democrática de los ciudadanos, (ellos ¿lo llamarían golpismo?). Una práctica, de espionaje y falsas pruebas, que ya había, Fernández Díaz, alentado y practicado, antes, con dirigentes catalanes. Todos hemos oído las grabaciones y las voces de los implicados, y hemos comprobado el uso malintencionado de todo ello por parte de algún sinvergüenza mediático que ha vivido de ello y no es ajeno a toda esta podredumbre.
Albert Rivera también "juega" a ser segundo, delante de Casado y que éste le aúpe, junto a Abascal, a la Moncloa. Pero tampoco va por buen camino. Autoproclamado adalid de la regeneración política y transparencia, ha convertido la confección de listas electorales en un casting inconcebible lleno de descartes ajenos o políticos trasnochados. Sabe que puede ser su "último tren" y le vale cualquiera, ya sea la Soraya socialista que abandona sus principios por mantener cargos, o la "estelar" ex-PP mezclada en turbios asuntos. Desde el de Silvia Clemente, ya son varios los "pucherazos" en otras localidades y muchas las dimisiones y amenazas de denuncias por la falta limpieza en las primarias de C's.
¿Con estos mimbres, y un VOX involucionista, quieren Casado y Rivera, construir el cesto de un Gobierno de España? ¡Los dioses deberían estar... muy locos, si lo consienten!
El PSOE, con todo, se planta en el ruedo electoral con cierta ventaja, tras el bagaje positivo social de un gobierno breve y en minoría, aunque haya dejado en el camino, asuntos como la derogación de la Reforma Laboral, Ley de Educación o Ley Mordaza. Si Unidas Podemos se recupera de tanta desmembración y supera el coste de tanta "limpia" previa de voces discordantes, con un ejercicio de autocrítica de Pablo Iglesias, que ya se va notando, el partido morado será imprescindible para que ambas formaciones puedan conseguir el apoyo de una mayoría suficiente y dar cabida la próxima legislatura a un gobierno de progreso que vele por nuestros derechos y trabajen por el bienestar de la mayoría. La otra opción, un gobierno tripartito que nos... regrese al pasado.
La respuesta el 28 de abril. Depende, únicamente, de que todos vayamos a votar.

















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