TERCERA DIVISIÓN
El Zamora pudo golear al Briviesca, pero se impuso por la mínima: 3-2
Los rojiblancos jugaron bien, tuvieron numerosas oportunidades de ampliar su cuenta goleadora, pero el portero burgalés, errores domésticos y dos golazos del Briviesca llevaron la ansiedad a la grada
El fútbol es un deporte muy extraño que gusta mucho al vulgo: los errores se pagan más caros en que otras modalidades deportivas. Las virtudes, a veces, como sucede en la sociedad, apenas reciben premio. El Zamora fue esta tarde un equipo con muchas cualidades: ofensivo, agresivo, jugando por las bandas, tirando a puerta; mientras el Briviesca, una escuadra heroica, disparó tres veces a puerta y marcó dos golazos que, a punto, pudieron amargar la tarde a Movilla y su plantel.
El técnico vasco alineó un “once” muy ofensivo, con cuatro delanteros, David López, Sergio García, David Álvarez y David Hernández; solo dos centrocampistas, Pipi y Ramos, dos laterales que son más extremos que defensas, como Coque y Garban, y una pareja de centrales inédita, la que formaron Chete y Raúl.
Desde el comienzo del choque, el Zamora cercó el área burgalesa. Briviesca esperaba atrás para no desgastarse en una presión arriba, en la salida del balón.
En dos minutos, 10 y 11, David Hernández, que nos brindó un partido memorable, disparo dos veces, una por encima del larguero, y en la otra obligo al meta visitante a realizar un paradón. El portero del Briviesca iniciaba así una serie de acciones portentosas, que salvaron a su equipo de caer con estrépito en el Ruta de la Plata.
La escuadra burgalesa no llegó a las inmediaciones del área rojiblanca hasta el minuto 19, en un balón sin peligro que salió por la línea de fondo. Nada más hizo el Briviesca para demostrar que se quería llevar algo positivo de Zamora. Y sería en el minuto 19 cuando Sergio García, el más menudo de los rojiblancos, remataba, de cabeza, un magnífico centro de David Hernández desde la izquierda. Todo parecía fácil para los rojiblancos, más cuando en el 35, Chete remataba, también con la testa, al fondo de la red, tras el saque de una falta.
Hubo más oportunidades para definir el partido antes de que los 22 jugadores se marcharan a los vestuarios; pero los rojiblancos no supieron definir en los últimos metros, aunque sus acciones mereciesen un mayor premio, entre ellas un gol anulado por fuera de juego, señalizado por el línea de tribuna.
En la reanudación, llegó el festival de vicegoles y de paradones del meta Marco. Los tres puntos parecían que se quedarían en la suma rojiblanca, tanto que Movilla decidió que Murci entrase en juego para cazar los centros que llegaban a diestra y siniestra. El sustituido, David Álvarez, máximo goleador rojiblanco, se iba a los vestuarios sin estrenarse. Poco después, Javi Rodriguez relevaba a Pipi. Y, al rato, primer gol, golazo, de Alberto, con un tiro precioso desde la izquierda, que no pudo evitar Villanueva, pese a su enorme estatura y envergadura.
Inicio de los nervios, porque cualquier tontería podría traer el empate. Menos mal que Murci, a centro de Coque, en magnífica jugada, marcaba el tercer tanto rojiblanco. Lo hizo de cabeza, como estaba previsto. Parecía que el Briviesca se rendiría, porque solo faltaban 17 minutos para el finiquito. Pero, en absoluto, porque los burgaleses, por medio del mismo goleador, marcaban su segundo tanto, idéntico al primero, antes de cumplirse el minuto 80.
El técnico vasco comprobó que el cuadro morado cruzaba la medular rojiblanca como si fuera el pasillo de su casa. Para cerrar el camino, dio entrada a Juanan con el objetivo de remediar ese camino expedito de los visitantes. Se perdía un delantero, David López, pero se trataba de suturar una herida por la que el Zamora se desangraba.
Hubo poco más que contar en ese tramo final del choque, en el que el Briviesca escribió una página heroica en su historia, pues sus jugadores nunca se rindieron ante el mejor equipo del grupo, llamado a terminar la Liga como campeón del GrupoVIII.
El fútbol es un deporte muy extraño que gusta mucho al vulgo: los errores se pagan más caros en que otras modalidades deportivas. Las virtudes, a veces, como sucede en la sociedad, apenas reciben premio. El Zamora fue esta tarde un equipo con muchas cualidades: ofensivo, agresivo, jugando por las bandas, tirando a puerta; mientras el Briviesca, una escuadra heroica, disparó tres veces a puerta y marcó dos golazos que, a punto, pudieron amargar la tarde a Movilla y su plantel.
El técnico vasco alineó un “once” muy ofensivo, con cuatro delanteros, David López, Sergio García, David Álvarez y David Hernández; solo dos centrocampistas, Pipi y Ramos, dos laterales que son más extremos que defensas, como Coque y Garban, y una pareja de centrales inédita, la que formaron Chete y Raúl.
Desde el comienzo del choque, el Zamora cercó el área burgalesa. Briviesca esperaba atrás para no desgastarse en una presión arriba, en la salida del balón.
En dos minutos, 10 y 11, David Hernández, que nos brindó un partido memorable, disparo dos veces, una por encima del larguero, y en la otra obligo al meta visitante a realizar un paradón. El portero del Briviesca iniciaba así una serie de acciones portentosas, que salvaron a su equipo de caer con estrépito en el Ruta de la Plata.
La escuadra burgalesa no llegó a las inmediaciones del área rojiblanca hasta el minuto 19, en un balón sin peligro que salió por la línea de fondo. Nada más hizo el Briviesca para demostrar que se quería llevar algo positivo de Zamora. Y sería en el minuto 19 cuando Sergio García, el más menudo de los rojiblancos, remataba, de cabeza, un magnífico centro de David Hernández desde la izquierda. Todo parecía fácil para los rojiblancos, más cuando en el 35, Chete remataba, también con la testa, al fondo de la red, tras el saque de una falta.
Hubo más oportunidades para definir el partido antes de que los 22 jugadores se marcharan a los vestuarios; pero los rojiblancos no supieron definir en los últimos metros, aunque sus acciones mereciesen un mayor premio, entre ellas un gol anulado por fuera de juego, señalizado por el línea de tribuna.
En la reanudación, llegó el festival de vicegoles y de paradones del meta Marco. Los tres puntos parecían que se quedarían en la suma rojiblanca, tanto que Movilla decidió que Murci entrase en juego para cazar los centros que llegaban a diestra y siniestra. El sustituido, David Álvarez, máximo goleador rojiblanco, se iba a los vestuarios sin estrenarse. Poco después, Javi Rodriguez relevaba a Pipi. Y, al rato, primer gol, golazo, de Alberto, con un tiro precioso desde la izquierda, que no pudo evitar Villanueva, pese a su enorme estatura y envergadura.
Inicio de los nervios, porque cualquier tontería podría traer el empate. Menos mal que Murci, a centro de Coque, en magnífica jugada, marcaba el tercer tanto rojiblanco. Lo hizo de cabeza, como estaba previsto. Parecía que el Briviesca se rendiría, porque solo faltaban 17 minutos para el finiquito. Pero, en absoluto, porque los burgaleses, por medio del mismo goleador, marcaban su segundo tanto, idéntico al primero, antes de cumplirse el minuto 80.
El técnico vasco comprobó que el cuadro morado cruzaba la medular rojiblanca como si fuera el pasillo de su casa. Para cerrar el camino, dio entrada a Juanan con el objetivo de remediar ese camino expedito de los visitantes. Se perdía un delantero, David López, pero se trataba de suturar una herida por la que el Zamora se desangraba.
Hubo poco más que contar en ese tramo final del choque, en el que el Briviesca escribió una página heroica en su historia, pues sus jugadores nunca se rindieron ante el mejor equipo del grupo, llamado a terminar la Liga como campeón del GrupoVIII.

















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