ELECCIONES
Las siglas del PP ya no cotizan en la bolsa política
Eugenio-Jesús de Ávila
Los partidos políticos, como las personas, también pierden atractivo, si es que alguna vez lo tuvieron. Cuando te cuidas, evolucionas, aprendes, lees, piensas, aunque pasen los años, aumentas tu interés. Pero si crees que ya lo has hecho todo, que siempre habrá a tu alrededor gente que te dé coba, te haga la pelota, te diga lo contrario de lo que piensas y, por tanto, que tu capacidad de atraer al prójimo permanece intacta, te quedarás solo. Si en vez de ser sensible, cálido, tierno con unos y otros, con la gente, con el prójimo, con el amigo y con el se te muestra hostil, te mostraste soberbio, altivo, chulo, arrogante, despreciativo, te olvidarán, te morirás en soledad, sin que nadie se acuerde de ti, de lo bueno que hiciste, si acaso, y solo haya memoria de tu desdén, petulancia e insolencia, por aplicar tres defectos entre tantos a los que te hiciste acreedor.
El PP de Zamora ya no vende: ha dejado de cotizar en la bolsa política de esta ciudad. Sus siglas se desmoronan. Los zamoranos ya perdieron el miedo a sus representantes. La prensa local, que ha vivido de este partido, y muy bien de sus prebendas, ¡y de qué manera! durante décadas, ya empieza a traicionarlo, a negarlo, a repudiarlo, mientras ya se muestra cercana, dócil, cobista con los futuros herederos de las instituciones públicas, para que el maná de la publicidad vuelva a caer en periódicos, digitales, emisoras y televisiones. Es la vida. Es la noria de la historia. Es la podedumbre de una forma de entender la política y el periodismo. Hoy por ti y mañana por mí.
El PP de Zamora tuvo –y lo conjugo en pretérito imperfecto- excelentes políticos que ya no estarán en la próximo corporación local. Verbigracia: José Luis González Prada, demasiado talento para no despertar envidias entre sus camaradas; la propia Clara San Damián, que se equivocó de caballo ganador, pero con cualidades, imagen, verbo, suficientes para mantenerse; Julio Eguaras, profesor, honrado, digno y culto; Sonia Calvo, elegante, sobria, laboriosa; Belén Sánchez, a la chita callando, pero siempre con clase; Javier Ratón, inteligente, sencillo. Todas estas personas desaparecen de la primera línea de fuego. Demasiado capital intelectual y político para despreciarlo. Solo quedan Víctor López de la Parte, un joven que aprendió muchísimo en los últimos años, y Jesús María de Prada, persona bondadosa y liberal, para intentar que la candidatura de Martín Pozo no se venga abajo.
Los zamoranos de centro, la gente conservadora que vive en esta ciudad, buscó y se ha encontrado con Ciudadanos, una formación joven, sin profesionales de la política, con personalidades que no necesita de la res pública para vivir, que se irán para sus respectivas casas cuando sea menester, cuando consideren que dejaron años de sus vidas para entregarlos a sus paisanos, a los zamoranos; a su ciudad, a su patria chica. Eso sucedió en las legislativas. Pero ahora, en los comicios locales, nuevos peligros acechan al PP de Zamora: el partido de Macías y Delgado de Castro, dos hombres con personalidad, con ideas, con fuerza, para que parte del voto de los populares de 2015 considere que Por Zamora les representa mejor que el PP de María Teresa, porque, entre otras ventajas, ni Valladolid ni Madrid le impondrá políticas que causen daño a la capital de la provincia.
Y no olvidemos a Vox, nuevo en esta plaza, que mostró parte de su poderío el 28 de abril y que el 26 de mayo podría causar enorme daño entre los votantes del PP más conservadores.
El PP ha perdido muchos atractivos políticos. Sus siglas ya no venden ni entre los que un día militaron en el partido que fundara Fraga Iribarne y que refundara Aznar. Los tiempos están cambiando. Los españoles que no son socialistas prefieren partidos liberales, que, de momento, aún no se pringaron en la res pública, como todos los que un día gobernaron España, Castilla y León y Zamora.
El día 1 de abril, de triste recuerdo para mí, el que fuera un alto cargo del PP me comentó que, si se producían fracasos en las dos próximas citas electorales, en Zamora habría llanto y crujir de dientes entre los populares y la felonía volvería a reinar en Víctor Gallego. ¡Es la política, ciudadano!
Los partidos políticos, como las personas, también pierden atractivo, si es que alguna vez lo tuvieron. Cuando te cuidas, evolucionas, aprendes, lees, piensas, aunque pasen los años, aumentas tu interés. Pero si crees que ya lo has hecho todo, que siempre habrá a tu alrededor gente que te dé coba, te haga la pelota, te diga lo contrario de lo que piensas y, por tanto, que tu capacidad de atraer al prójimo permanece intacta, te quedarás solo. Si en vez de ser sensible, cálido, tierno con unos y otros, con la gente, con el prójimo, con el amigo y con el se te muestra hostil, te mostraste soberbio, altivo, chulo, arrogante, despreciativo, te olvidarán, te morirás en soledad, sin que nadie se acuerde de ti, de lo bueno que hiciste, si acaso, y solo haya memoria de tu desdén, petulancia e insolencia, por aplicar tres defectos entre tantos a los que te hiciste acreedor.
El PP de Zamora ya no vende: ha dejado de cotizar en la bolsa política de esta ciudad. Sus siglas se desmoronan. Los zamoranos ya perdieron el miedo a sus representantes. La prensa local, que ha vivido de este partido, y muy bien de sus prebendas, ¡y de qué manera! durante décadas, ya empieza a traicionarlo, a negarlo, a repudiarlo, mientras ya se muestra cercana, dócil, cobista con los futuros herederos de las instituciones públicas, para que el maná de la publicidad vuelva a caer en periódicos, digitales, emisoras y televisiones. Es la vida. Es la noria de la historia. Es la podedumbre de una forma de entender la política y el periodismo. Hoy por ti y mañana por mí.
El PP de Zamora tuvo –y lo conjugo en pretérito imperfecto- excelentes políticos que ya no estarán en la próximo corporación local. Verbigracia: José Luis González Prada, demasiado talento para no despertar envidias entre sus camaradas; la propia Clara San Damián, que se equivocó de caballo ganador, pero con cualidades, imagen, verbo, suficientes para mantenerse; Julio Eguaras, profesor, honrado, digno y culto; Sonia Calvo, elegante, sobria, laboriosa; Belén Sánchez, a la chita callando, pero siempre con clase; Javier Ratón, inteligente, sencillo. Todas estas personas desaparecen de la primera línea de fuego. Demasiado capital intelectual y político para despreciarlo. Solo quedan Víctor López de la Parte, un joven que aprendió muchísimo en los últimos años, y Jesús María de Prada, persona bondadosa y liberal, para intentar que la candidatura de Martín Pozo no se venga abajo.
Los zamoranos de centro, la gente conservadora que vive en esta ciudad, buscó y se ha encontrado con Ciudadanos, una formación joven, sin profesionales de la política, con personalidades que no necesita de la res pública para vivir, que se irán para sus respectivas casas cuando sea menester, cuando consideren que dejaron años de sus vidas para entregarlos a sus paisanos, a los zamoranos; a su ciudad, a su patria chica. Eso sucedió en las legislativas. Pero ahora, en los comicios locales, nuevos peligros acechan al PP de Zamora: el partido de Macías y Delgado de Castro, dos hombres con personalidad, con ideas, con fuerza, para que parte del voto de los populares de 2015 considere que Por Zamora les representa mejor que el PP de María Teresa, porque, entre otras ventajas, ni Valladolid ni Madrid le impondrá políticas que causen daño a la capital de la provincia.
Y no olvidemos a Vox, nuevo en esta plaza, que mostró parte de su poderío el 28 de abril y que el 26 de mayo podría causar enorme daño entre los votantes del PP más conservadores.
El PP ha perdido muchos atractivos políticos. Sus siglas ya no venden ni entre los que un día militaron en el partido que fundara Fraga Iribarne y que refundara Aznar. Los tiempos están cambiando. Los españoles que no son socialistas prefieren partidos liberales, que, de momento, aún no se pringaron en la res pública, como todos los que un día gobernaron España, Castilla y León y Zamora.
El día 1 de abril, de triste recuerdo para mí, el que fuera un alto cargo del PP me comentó que, si se producían fracasos en las dos próximas citas electorales, en Zamora habría llanto y crujir de dientes entre los populares y la felonía volvería a reinar en Víctor Gallego. ¡Es la política, ciudadano!


















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