Eugenio de Ávila
Miércoles, 29 de Mayo de 2019
PERSPECTIVAS

Y el pueblo conquistó las urnas

Ahora hay que gobernar el Ayuntamiento de Zamora, de Toro, de Benavente y la Diputación Provincial para que esta ciudad y nuestra provincia crezcan, progresen, se desarrollen y los zamoranos nos sintamos orgullos de nuestros políticos

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Al votante del Partido Popular, tan demócrata, le pareció genial, maravilloso, ejemplar,  que su formación gobernase la Diputación después del vergonzoso suceso acontecido el 1 de agosto de 1987, en el Salón de Plenos del Hospital de la Encarnación, y que, casi una década después, permitió que una ignominiosa moción de censura echará de la institución provincial al dirigente más honrado que tuvo su partido en esta democracia. ¡Qué más da! La Zamora de siempre, o la de nunca, siguió votando al PP, prietas las filas, con devoción, con fe, con deleite. Victorias extraordinarias en la casa grande de la provincia y en la Casa de las Panaderas. Todos felices. Orgasmos políticos continuos.

Todavía han gente que se dedica a esto de escribir, pero con grave desconocimiento de la sintaxis, que anima, que presiona, que requiere  a Ciudadanos a que pacte con el PP, alegando un no sé qué ideológico, para que los populares sigan manejando la Diputación y así su negocio periodístico reciba la publicidad pública correspondiente para mantener este tinglado político y de comunicación que tanto daño ha hecho a Zamora: retraso económico, despoblación hasta alcanzar el desierto demográfico, cierra de pequeños negocios, nepotismo institucional.

El Correo de Zamora, en el que yo trabajé, y los medios de comunicación locales, con alguna excepción, han sido cómplices de que las instituciones públicas las gobernasen personajes inefables, que vieron en la carrera política una manera sutil de ganarse la vida muy por encima de sus posibilidades intelectuales y profesionales. Y, por supuesto, también facilitaron gobiernos poco ejemplares la Patronal y la Cámara de Comercio. Ese tinglado, ese poder omnímodo, ejercido durante décadas, consumió a esta provincia, destrozó el comercio local, adelgazó Zamora hasta sufrir una auténtica anorexia económica.

Si esta ciudad hubiera tenido una prensa libre, no solo una emisora o un periódico gratuito, todos estos malandrines de la política se habrían rendido, porque el pueblo los hubiese apartado de la res pública y  les habría despreciado. Y ahora, todavía, gente acostumbrada a reptar, quieren que Cs mantenga el gobierno de la Diputación a un partido que no se ha arrepentido de casos tan repugnantes como el acontecido aquel 1 de agosto de 1987 o el que se bautizó como “Zamora”.

Francisco José Requejo, líder de la formación naranja en esta provincia, sabe lo que tiene que hacer. Es el político de nuevo cuño que más progreso en el mandato 2015-2019. No le debe nada a nadie, no necesita de cargos para vivir del cuento público, solo desea que su formación construya una estructura política solvente, con poso, con futuro, y exigir a instituciones como Junta de Castilla y León y Gobierno de la nación, inversiones tan perentorias para esta ciudad y su provincia como la llegada a Montelarreina de una Base Militar con 3.000 profesionales del Ejército Español;  el aval a la empresa Magdala para la Biorrefinería de Barcial del Barco, que la Junta del PP negó al ingeniero zamorano Vicente Merino durante tantos años; los terrenos en la Estación del Ferrocarril, propiedad de Adif, para crear un Polígono Industrial, y, además, si es posible, un Polígono Tecnológico Agropecuario, y, sin olvidarse, de la restauración completa de la muralla medieval de la capital de la provincia. Y las instituciones que pueden conceder ese paquete de medidas serían: el ejecutivo autonómico, que, no me cabe duda, gobernarán PSOE y Cs, y el presidente Pedro Sánchez. Y, no me olvido de Izquierda Unida, que debe apoyar esos mismos proyectos y exigírselos al PSOE, siempre que los socialistas deseen que uno de los suyos presida la Diputación Provincial. De lo que estoy convencido es que ni Cs, ni IU permitirán que la administración del Hospital de la Encarnación se ejecute desde Víctor Gallego. Es el fin de una época, de una forma de gobernar, de manera, tan sutil, de hacer política. Lo escribí el 26 de mayo, antes de conocerse los resultados electorales: “¡Zamoranos: tenemos que conquistar las urnas!”

El PP, cuando pudo dar, se mostró cicatero con esta provincia, y ahora, cuando no posee poder alguno, ya no puede conceder nada de nada a Zamora. El PP de esta provincia necesita una catarsis profunda, que lo dirijan, jóvenes o veteranos, con ideologías avanzadas, demócratas, que amen a Zamora más que a su partido, que estén dispuestos a dejar parte de su tiempo para trabajar por el avance, el progreso y el futuro de su tierra.
El PSOE necesita gobernar alguna institución pública zamorana, tanto como el PP pasarse un tiempo en la oposición, sin catar bocado. Demasiados años en el poder desgastan, destruyen y te alejan de la realidad, te apartan de la gente.

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