Eugenio de Ávila
Lunes, 03 de Junio de 2019
ANÁLISIS

El Haro impuso su estilo de juego a un Zamora impotente

Movilla nunca supo cómo desmontar el entramado destructivo, físico, práctico del Haro Deportivo, un equipo que sabe hacer pocas cosas, pero todas en grado superlativo

[Img #27699]Eugenio-Jesús de Ávila

Aserto: ningún crítico de fútbol, o de otros deportes colectivos, sabe más que un entrenador o técnico titulado. Traduzco: David Movilla, no me cabe duda, es un erudito del fútbol, un profesional que estudia, busca, analiza al contrario y planifica la ejecución de un estilo de juego, una forma de poner en práctica sus ideas.

El técnico vasco cambió el diseño de Tornadijo, que no existía, por cierto, cuando el Grupo Vivir decidió contratarlo para dirigir a la primera plantilla. Y obtuvo un extraordinario éxito: campeón del Grupo VIII de Tercera División. Ese objetivo se logró, no con cierto esfuerzo. El Zamora solo perdió un partido con Movilla, el disputado en La Eragudina, ante el Atlético Astorga. Por la mínima. Se adelantó incluso en el marcador.

Ahora, tocó en suerte el Haro, un equipo de una ciudad de 11.000 habitantes, sin una gran estructura de club, con un campo extraño, que tampoco condiciona al contrario, debido a esa pista de atletismo y a que solo posee una grada, enorme, colosal, para el público. A priori, el Zamora partía como favorito. Todos soñamos. Nunca había visto tanta ilusión entre la afición rojiblanca.

Pero, a la hora de la verdad, sobre el verde albero de la lidia futbolística, el Zamora nunca supo parar, templar y mandar en esta fase de ascenso directa. Solo el tramo final contra el Haro en el Ruta de la Plata vio a una escuadra rojiblanca poderosa, incisiva, peligrosísima. El conjunto riojano encajó dos tantos, pero pudo irse para su tierra con un resultado mucho duro.

Y, en Haro, Movilla se vio superado por el técnico rival, que impuso su sistema de juego, basado en una enorme esfuerzo físico, superioridad aérea, acompañada de faltas, golpes, marrullerías, que, si las permite al colegiado, saca enorme partido. El Haro destruye en ataque. No hay parcela del campo que deje a merced del contrario. Los riojanos no la juegan en la medular.  Lanzan balones desde la defensa o portería que arriba ya se las entenderán sus compañeros. Si me piden qué jugador riojano destaca sobre el resto de sus compañeros, pues no encontraría a ninguno que sobresaliese. Si me apuran, el portero, que, sin ser de una envergadura propia de los porteros modernos, conoce el oficio y dominó, ayer y el Ruta de la Plata el fútbol estático rojiblanco, si bien el segundo gol del Zamora nació en un falta lanzada desde la izquierda, rubricada por Asiel.

A lo que voy. El Haro Deportivo es un conjunto, un colectivo, una forma de entender el fútbol. Sabe hacer pocas cosas, pero en todas ellas, abruma, desespera, recoge frutos, cosechas y recibe matrícula de honor. El conjunto riojano impuso su estilo de juego. El Zamora  nunca supo, salvo ese periodo en el partido de ida, maniobrar, diseñar su juego, manifestar su calidad técnica.

El centro del campo no existió. Nunca llevó la batuta del partido. Carlos Ramos lo intentó, pero si suerte. Pipi corrió de la ceca a La Meca, pero sin nada más que esfuerzo físico. Juanan saltó y saltó para combatir a la RAF riojana, pero nada más. A Dani Hernández no le salió un solo regate. De David Álvarez no se tuvo noticias.

En la segunda mitad, Movilla modificó su diseño, paso de una defensa con tres centrales y dos laterales abiertos, Garban y Coque, a una más clásica, para colocar en punta a Murci, un ariete clásico. Así el Zamora, al menos, pisó más el campo contrario, aunque solo hiciese dos oportunidades claras de gol: un cabezazo, que paró Sobrón, y una falta de Carlos Ramos. Pero los saques de esquina y las faltas laterales nunca encontraron rematador.

Cierto que el Haro Deportivo pudo golear, pero fue en el último tramo del partido, cuando el Zamora buscaba a la desesperada el gol del empate. Ahí apareció la figura de un inmenso Villanueva. Pero que sepa el personal periodístico que los cancerberos formas parte del once inicial, tanto como un ariete o un extremo.

Corolario: El Zamora mostró nunca su juego dinámico, rápido y veloz en ataque, careció de elaboración en la medular, nunca dominó el juego, el ritmo, ni sus principales individualidades demostraron su capacidad auténtica. Solo Sergio García evidenció en el cuarto de hora que estuvo en el campo que resulta un futbolista diferente, desequilibrante y profundo. El Haro Deportivo impuso su juego: paró, templó y mandó. Tauromaquia. Ya. Pero la geometría también juega en el fútbol y en la vida, además de en los toros.

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