MEMORIA
Cinco años
Fernando Primo
Dicen que el tiempo lo cura todo, lo terrible de la vida, ¡pero qué va! Como mucho lo adormece, lo deja en lo más profundo del corazón, pero sigue presente día tras día.
Llegada la fecha de tu quinto aniversario se me viene a la memoria Lorca, y su drama Así que pasen cinco años, en el que quiere representar el tiempo que pasa, el no vivido o el que no hemos sabido vivir.
Hoy se cumplen cinco años de tu partida a reunirte con el Jesús que es Luz y Vida y al que acompañaste tantos años hasta el cementerio en el que hoy reposas. También tus Marías miran con tristeza esa ausencia y tus amigos, los cachorros que compartían el banzo contigo, te recuerdan año tras año, al igual que la mirada doliente de ese Cristo de la Agonía junto con su Madre de la Salud que, seguro, cuidan de ti.
Cuántas veces a lo largo de estos interminables cinco años me he puesto ante la página en blanco queriendo asir todos los recuerdos y vivencias que he vivido junto a ti para guardarlos y que no se pierdan. Pero como en el caballito de Machado, a pesar de que lo cogía por las crines, y decía que ahora no te escaparás, el caballito voló, tanto el de verdad como el recreado o soñado.
Por eso, hoy, hijo mío, no quiero recordar nada concreto de tu paso por este mundo, sino el bien que hiciste siempre y el corazón tan grande que tenías. Como dije el día de tu despedida, a tu lado no había tristeza. Tu sonrisa irradiaba amor y ese corazón que se paró, recibía a todo el mundo que se le acercaba y le pedía algo. Tus hombros cargaron con Las Tres Marías y S. Juan, el Jesús Luz y Vida o el mismo Cristo de la Agonía, y la Virgen de la Salud que te despedían en La Horta para ese sueño eterno porque querían tenerte cerca. Ellos quisieron tenerte a su lado, pero como dijo Fray Luis, “los antes bienhadados y ahora tristes y afligidos” quedamos en este mundo para recoger la cosecha de tu vida. Y aunque el dolor por tu ausencia es terrible nos deja “harto consuelo tu memoria”.
¡Adiós hijo! Como se despedía Machado en su Segovia de su amada Guiomar, te digo lo mismo: me voy a soñar contigo por las calles de nuestra Zamora.
Dicen que el tiempo lo cura todo, lo terrible de la vida, ¡pero qué va! Como mucho lo adormece, lo deja en lo más profundo del corazón, pero sigue presente día tras día.
Llegada la fecha de tu quinto aniversario se me viene a la memoria Lorca, y su drama Así que pasen cinco años, en el que quiere representar el tiempo que pasa, el no vivido o el que no hemos sabido vivir.
Hoy se cumplen cinco años de tu partida a reunirte con el Jesús que es Luz y Vida y al que acompañaste tantos años hasta el cementerio en el que hoy reposas. También tus Marías miran con tristeza esa ausencia y tus amigos, los cachorros que compartían el banzo contigo, te recuerdan año tras año, al igual que la mirada doliente de ese Cristo de la Agonía junto con su Madre de la Salud que, seguro, cuidan de ti.
Cuántas veces a lo largo de estos interminables cinco años me he puesto ante la página en blanco queriendo asir todos los recuerdos y vivencias que he vivido junto a ti para guardarlos y que no se pierdan. Pero como en el caballito de Machado, a pesar de que lo cogía por las crines, y decía que ahora no te escaparás, el caballito voló, tanto el de verdad como el recreado o soñado.
Por eso, hoy, hijo mío, no quiero recordar nada concreto de tu paso por este mundo, sino el bien que hiciste siempre y el corazón tan grande que tenías. Como dije el día de tu despedida, a tu lado no había tristeza. Tu sonrisa irradiaba amor y ese corazón que se paró, recibía a todo el mundo que se le acercaba y le pedía algo. Tus hombros cargaron con Las Tres Marías y S. Juan, el Jesús Luz y Vida o el mismo Cristo de la Agonía, y la Virgen de la Salud que te despedían en La Horta para ese sueño eterno porque querían tenerte cerca. Ellos quisieron tenerte a su lado, pero como dijo Fray Luis, “los antes bienhadados y ahora tristes y afligidos” quedamos en este mundo para recoger la cosecha de tu vida. Y aunque el dolor por tu ausencia es terrible nos deja “harto consuelo tu memoria”.
¡Adiós hijo! Como se despedía Machado en su Segovia de su amada Guiomar, te digo lo mismo: me voy a soñar contigo por las calles de nuestra Zamora.


















Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.105