Eugenio de Ávila
Martes, 18 de Junio de 2019
PERSPECTIVAS

La Diputación de Zamora, un juego de conspiraciones políticas

Miembros del Partido Popular intervienen, solapadamente, en las decisiones internas del candidato de Ciudadanos a la Diputación Provincial

[Img #27919]Eugenio-Jesús de Ávila

Creo que en mis artículos, susceptibles de ser criticados, siempre expuse mis criterios políticos con absoluta claridad. Y hoy incido, reitero e insisto en que al Partido Popular de Zamora le interesa que el diputado provincial de Ciudadanos en el Hospital de la Encarnación sea Lina Santos, la concejala naranja de Villaralbo. Pregunta: ¿Por qué? Prosigo cual si estuviera escribiendo un diálogo platónico: ¿Ha hablado José María Barrios u otro representante popular con la citada edil? ¿Se colige que la que fuera candidata de Cs al Senado votaría a favor de la investidura de José María Barrios como presidente de la Diputación? ¿Por el contrario, si el diputado provincial de Ciudadanos fuese Francisco José Requejo, al que todavía no se ha dirigido en serio el moralino para hablar de pactos, acuerdos, alianzas, el PP perdería la Diputación? ¿Qué le pediría Lina Santos a Barrios para que le votase en la sesión constitutiva de la Corporación Provincial? ¿Qué le exigiría el coordinador provincial de Cs a Barrios o, en su defecto, al PSOE, para que su voto sea decisivo?

Gobernar la Diputación Provincial, aunque ya no sea una institución de tanta importancia como en la anterior centuria, pues ha perdido funcionarios, poder económico y administrativo en detrimento de la Junta de Castilla y León, resulta esencial para PP, PSOE y Cs. Los populares se desmoronarían sin manejar, después de más de 30 años, la institución provincial. Los socialistas, que nunca gobernaron esa la Casa Grande de la provincial, llevan desde 1995 se dirigir una institución pública de importancia. El último mandato en el Ayuntamiento de la capital fue el 1991-1995, siendo alcalde Andrés Luis Calvo. Y un partido grande e histórico, como es el que fundó Pablo Iglesias, necesita poder para repartir entre sus huestes. Perentorio. Y, por último, Ciudadanos podría, si mandase en la Diputación, recoger alcaldes populares, que se encontrarían sin personalidad política a la que acudir para sacar adelante proyectos para sus pueblos. Cs, si quiere fortalecerse como formación política, tiene que comandar el nuevo equipo de gobierno que se haga cargo del Hospital de la Encarnación.

No obstante, el partido que perdería, si fuese apartado de la gobernanza de la Diputación, es el Popular, sin duda. Por lo tanto, infiero que, durante estos días, estén haciendo todo lo posible, y también lo imposible, por asir esa institución, porque, de no ser así, los problemas domésticos aumentarían en Víctor Gallego. No me extraña que en la batalla intestina que se viene desarrollando en Ciudadanos desde que se supo que tendría un escaño en la Diputación, el PP intervenga, porque ese diputado resulta clave para gobernar esa casa. No creo que nadie se atreva a que Antorrena se reencarne en otro político. Aquel escandalazo, de alcance nacional, sucedió un 1 de agosto de 1987. Los demócratas nunca lo olvidaremos.

 

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