PERSPECTIVAS
Los verdaderos guiñoles del PP
Eugenio-Jesús de Ávila
Estoy convencido de que Requejo nunca creyó que el PP de Barrios aceptase su órdago. Un día le comenté que, si quería romper las negociaciones con los populares, pidiese la Presidencia de la Diputación. Nunca pensé que el líder naranja llegase tan lejos. Ganó. El PSOE de Fagúndez perdió. Ya se sabe por qué. Los socialistas, también. El gran enemigo de la actual nomenclatura del socialismo zamorano se llama Tomás del Bien. Ver a al regidor de Toro presidiendo la Diputación resultaba intolerable para el aparato.
El socialismo capitalino, no el provincial, sin administrar una institución pública desde 1995 –Alcaldía de Zamora ciudad con Andrés Luis Calvo-, prefirió que Requejo presidiera el Hospital de la Encarnación, aunque detrás estuviera el PP, su partido rival, nunca su enemigo, que considera se encuentra dentro. Pero tanto tiempo sin manejar una institución pública desespera, crea ansiedad, deprime, porque el militante necesita tocar poder, mandar, ordenar. Forma parte de la esencia de todo partido grande, con aspiraciones, con pedigrí.
A Izquierda Unida no gobernar le sedujo siempre. Porque lo suyo fue criticar, vigilar, zaherir al poder. No obstante, si las circunstancias políticas te dan acceso a la administración de una institución pública, perfecto. Sus líderes aprenderán a dirigir sobre la marcha. Después de cuatro años como inquilino principal de la Casa de las Panaderas, a Guarido y su gente ya les entró el gusanillo del poder para administrarlo según su ideología. Tampoco una derrota hubiera abierto depresiones en su equipo. IU nunca nació para tomar el poder, más bien para censurarlo y vigilarlo. IU no es Pinocho, sino Pepito Grillo.
Ahora, circulan por las redes sociales caricaturas que nos presentan a Requejo como títere de Martínez-Maíllo, que sí fue, siempre, la marioneta de Rajoy. Me temo que estas gracias proceden del socialismo desencantado, que tiene el enemigo en casa desde hace décadas y que nunca lo expulsará. Del Bien era el peligro para el mal del PSOE de Zamora.
El actual presidente de la Diputación, un Gary Cooper de la política, nunca quiso vivir de la cosa pública, porque su empresa le procuró los beneficios suficientes para no convertirse en un profesional de la res pública. Don Fernando, sí. Porque apenas habría sido nada sin el ejercicio de la política. El PP de José María Barrios, si quiere chupar cámara, tendrá que transformarse en marioneta de Requejo, porque, como se enfade el presidente, se rompe el pacto; como intenten traicionar los acuerdos, se acabó lo que se daba. Ya ni títeres ni teatros, ni cómicos de la legua. ¿Cómo? Sencillísimo: se gobierna con las propuestas de la oposición, que también son válidas. Porque, supongo, todos los diputados provinciales, por supuesto los socialistas y los de IU, quieren lo mejor para esta Zamora deshabitada, envejecida, desierto demográfico: transparencia, equidad entre ayuntamientos y comarcas, inversiones sociales y económicas, finiquito al nepotismo y punto final al pesebre periodístico, donde se encuentran las verdaderas marionetas y títeres de la política zamorana. Sí, cómo negarlo, los guiñoles del PP de Zamora fueron y son, y no sé hasta cuándo, los medios de comunicación locales. Siempre existen excepciones que confirman la regla. Verdad. Y ya se sabe que, sin una prensa libre, no existe la democracia.
Estoy convencido de que Requejo nunca creyó que el PP de Barrios aceptase su órdago. Un día le comenté que, si quería romper las negociaciones con los populares, pidiese la Presidencia de la Diputación. Nunca pensé que el líder naranja llegase tan lejos. Ganó. El PSOE de Fagúndez perdió. Ya se sabe por qué. Los socialistas, también. El gran enemigo de la actual nomenclatura del socialismo zamorano se llama Tomás del Bien. Ver a al regidor de Toro presidiendo la Diputación resultaba intolerable para el aparato.
El socialismo capitalino, no el provincial, sin administrar una institución pública desde 1995 –Alcaldía de Zamora ciudad con Andrés Luis Calvo-, prefirió que Requejo presidiera el Hospital de la Encarnación, aunque detrás estuviera el PP, su partido rival, nunca su enemigo, que considera se encuentra dentro. Pero tanto tiempo sin manejar una institución pública desespera, crea ansiedad, deprime, porque el militante necesita tocar poder, mandar, ordenar. Forma parte de la esencia de todo partido grande, con aspiraciones, con pedigrí.
A Izquierda Unida no gobernar le sedujo siempre. Porque lo suyo fue criticar, vigilar, zaherir al poder. No obstante, si las circunstancias políticas te dan acceso a la administración de una institución pública, perfecto. Sus líderes aprenderán a dirigir sobre la marcha. Después de cuatro años como inquilino principal de la Casa de las Panaderas, a Guarido y su gente ya les entró el gusanillo del poder para administrarlo según su ideología. Tampoco una derrota hubiera abierto depresiones en su equipo. IU nunca nació para tomar el poder, más bien para censurarlo y vigilarlo. IU no es Pinocho, sino Pepito Grillo.
Ahora, circulan por las redes sociales caricaturas que nos presentan a Requejo como títere de Martínez-Maíllo, que sí fue, siempre, la marioneta de Rajoy. Me temo que estas gracias proceden del socialismo desencantado, que tiene el enemigo en casa desde hace décadas y que nunca lo expulsará. Del Bien era el peligro para el mal del PSOE de Zamora.
El actual presidente de la Diputación, un Gary Cooper de la política, nunca quiso vivir de la cosa pública, porque su empresa le procuró los beneficios suficientes para no convertirse en un profesional de la res pública. Don Fernando, sí. Porque apenas habría sido nada sin el ejercicio de la política. El PP de José María Barrios, si quiere chupar cámara, tendrá que transformarse en marioneta de Requejo, porque, como se enfade el presidente, se rompe el pacto; como intenten traicionar los acuerdos, se acabó lo que se daba. Ya ni títeres ni teatros, ni cómicos de la legua. ¿Cómo? Sencillísimo: se gobierna con las propuestas de la oposición, que también son válidas. Porque, supongo, todos los diputados provinciales, por supuesto los socialistas y los de IU, quieren lo mejor para esta Zamora deshabitada, envejecida, desierto demográfico: transparencia, equidad entre ayuntamientos y comarcas, inversiones sociales y económicas, finiquito al nepotismo y punto final al pesebre periodístico, donde se encuentran las verdaderas marionetas y títeres de la política zamorana. Sí, cómo negarlo, los guiñoles del PP de Zamora fueron y son, y no sé hasta cuándo, los medios de comunicación locales. Siempre existen excepciones que confirman la regla. Verdad. Y ya se sabe que, sin una prensa libre, no existe la democracia.




















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