OBITUARIO
Ha muerto Antonio Olivar Freile, amigo y compañero
Falleció esta pasada noche, en un accidente de tráfico, en Castronuevo de los Arcos, fue el primer jefe de Producción de "El Día de Zamora".
Se me ha muerto esta madrugada, Antonio Olivar Freile, un compañero y amigo que marcó mi carrera periodística, en esta última década, desde que me encargaron la creación de La Voz de Zamora. Él fue jefe de Producción. Después, cuando decidí convertirme en editor de El Día de Zamora, conté, de nuevo, con su sabiduría en el laberinto de la informática. Gran fotógrafo. Trabajador hasta las últimas consecuencias, hombre con carácter, pero con un alma grande, dejó su aún joven vida en una carretera de nuestra provincia, en la Tierra de Campos, cuando regresaba de trabajar en Villalpando.
Hijo de un maestro pastelero, Melchor Olivar, también dirigió la cafetería que su familia abrió en la calle del Riego. Propietario en su día de una tienda de fotografía, en un local del edificio Viriato, después decidió enfocar su carrera hacia el periodismo, primero en aquel proyecto que fue La Prensa de Zamora, que tan solo duró 14 meses, y más tarde, como he escrito, en La Voz de Zamora y El Día, redacción que dejó una vez que el periódico navegó libérrimo en las aguas del periodismo zamorano.
Con Antonio, he vivido momentos en los que me demostró su gran amistad y fidelidad, además de haberme ayudado en las tareas profesionales de los dos periódicos que dirigí y edité. Hoy se me ha ido una persona singular, buena gente y genial. El Día de Zamora lucirá mucho menos desde esta noche funesta del mes de julio. Nunca te olvidaré. Ni, por supuesto, Zorba, mi can, al que tanto enseñaste, ni tus compañeros Enrique Onís y Esteban Pedrosa. Ahora me conformaré con volver a gozar con tus fotografías del Zamora Club de Fútbol, extraordinarias, y de la Semana Santa, geniales.
En la fotografía, con Marío Conde, persona con la que tuvo una excelente amistad.
Se me ha muerto esta madrugada, Antonio Olivar Freile, un compañero y amigo que marcó mi carrera periodística, en esta última década, desde que me encargaron la creación de La Voz de Zamora. Él fue jefe de Producción. Después, cuando decidí convertirme en editor de El Día de Zamora, conté, de nuevo, con su sabiduría en el laberinto de la informática. Gran fotógrafo. Trabajador hasta las últimas consecuencias, hombre con carácter, pero con un alma grande, dejó su aún joven vida en una carretera de nuestra provincia, en la Tierra de Campos, cuando regresaba de trabajar en Villalpando.
Hijo de un maestro pastelero, Melchor Olivar, también dirigió la cafetería que su familia abrió en la calle del Riego. Propietario en su día de una tienda de fotografía, en un local del edificio Viriato, después decidió enfocar su carrera hacia el periodismo, primero en aquel proyecto que fue La Prensa de Zamora, que tan solo duró 14 meses, y más tarde, como he escrito, en La Voz de Zamora y El Día, redacción que dejó una vez que el periódico navegó libérrimo en las aguas del periodismo zamorano.
Con Antonio, he vivido momentos en los que me demostró su gran amistad y fidelidad, además de haberme ayudado en las tareas profesionales de los dos periódicos que dirigí y edité. Hoy se me ha ido una persona singular, buena gente y genial. El Día de Zamora lucirá mucho menos desde esta noche funesta del mes de julio. Nunca te olvidaré. Ni, por supuesto, Zorba, mi can, al que tanto enseñaste, ni tus compañeros Enrique Onís y Esteban Pedrosa. Ahora me conformaré con volver a gozar con tus fotografías del Zamora Club de Fútbol, extraordinarias, y de la Semana Santa, geniales.
En la fotografía, con Marío Conde, persona con la que tuvo una excelente amistad.

















Jose Isidro Nates Merodio | Viernes, 05 de Julio de 2019 a las 13:06:25 horas
Siempre se nos van los mejores. Descansen paz.
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