PERSPECTIVAS
Zamora: la hora de la política
Eugenio-Jesús de Ávila
En ciudades y provincias como la nuestra, hay que hacer política como si se tratase de la Atenas del siglo V. a.C., la de Pericles, más allá de las ideologías. Ahora ser liberal, conservador, socialista o marxista-leninista no conduce a ninguna parte cuando se trata de derrotar decadencia económica y desierto demográfico. Si no hay unión política entre los zamoranos, nuestra tierra se morirá. Lo advertí hace casi una década, nada más fundar este periódico, a políticos como Martínez-Maíllo, entonces presidente de la Diputación, y Rosa Valdeón, alcaldesa de Zamora, y a otros líderes de la izquierda local: hay que ser más zamoranos y menos conservadores o socialistas. Esta provincia padece tales penurias, carencias y estrecheces que entrar en debates ideológicos constituye toda una frivolidad política. Zamora necesita unión ante un objetivo común: sacarla del ostracismo económico. Nuestro sector primario, el comercio, las pequeñas empresas no aguantan otro año de miserias intelectales, de luchas políticas que conducen a la nada, al camino que no llega a ningún sitio, acaso al apocalipsis.
Este mandato municipal, como adelanté antes de los comicios primaverales, marcará el futuro de nuestra tierra. Nunca preví que Ciudadanos gobernase, rodeado de gente del PP, la Diputación. Jamás pensé que el PSOE se traicionase a sí mismo para perderlo todo. Quizá, en estos cuatro años que nos separan del 2023, se haga más política y menos proyecciones ideológicas, que a nada llevan a una tierra tan enlutada, olvidada, moribunda, como la nuestra.
Tiempo para que el PP se olvide del tándem Martínez-Maíllo y García Carnero, que tanto poder ostentó y nada dedicó a nuestra Zamora. Me olvidaba, perdón, lo del Alvia a primera hora. No sé quiénes serán los populares zamoranos que desintoxiquen su formación política. Pero, aunque todavía existe mucho polvo del pasado sobre los muebles del partido conservador, urge la entrada de políticos pulcros que lo renueven.
La Diputación se convertirá en su primer examen para saber si aún domina el maillismo en el partido o se rompe con ese pasado tan yermo y sectario. Martín Pozo es ya historia. A no ser que Igea consienta que Fernández Mañueco la nombre delegada territorial de la Junta en nuestra provincia. Si Requejo se cruza de brazos ante un nombramiento en ese sentido, lo pagará. Ciudadanos, si quiere crecer en nuestra provincia, debe exigir que el representante del ejecutivo autonómico en nuestra tierra sea una persona diligente, sin militancia en partido alguno, profesional y que conozca la provincia. Si no es así, me temo que el presidente de la Diputación quedará aislado hasta que un maremoto de lo lleve de la res pública.
Hay que construir Ciudadanos en esta provincia. La institución provincial debe ser un punto de apoyo para que la formación naranja crezca y se haga mayor. En la adolescencia se cometen muchos errores. También aciertos, como recibir hoy a Zamora10, organismo al que María Teresa Martín Pozo obstruyó desde su génesis. Los mediocres siempre temen a las mentes con talento, fuerza y objetivos. Convencido estoy que Francisco Prieto, su gerente, empezará a encontrar diferencias en el trato entre Requejo y los diputados populares. Y, más adelante, se comprobarán los efectos del cambio. El intento de finiquitar con Zamora10 nunca fue de un partido, en este caso del PP, sino de una persona.
Finalizo. Nuestra tierra, estos 10.500 km2 hermosos, heterogéneos; sus 175.000 habitantes, muchos jubilados, gente de edad, y sus jóvenes, necesita más política helena, más verdad, más gobernar para el pueblo, pero con el pueblo.
Y hacer política es pedir, exigir ya, todos los líderes políticos provinciales, la transformación de Monte la Reina en importante base militar, con la llegada a Zamora de 3.000 profesionales de la milicia; que los terrenos de Adif se cedan al Ayuntamiento de Zamora y se transformen en industriales, que se apoye a Zamora10 en sus ideas, y medidas para detener la despoblación. Por ejemplo.
En ciudades y provincias como la nuestra, hay que hacer política como si se tratase de la Atenas del siglo V. a.C., la de Pericles, más allá de las ideologías. Ahora ser liberal, conservador, socialista o marxista-leninista no conduce a ninguna parte cuando se trata de derrotar decadencia económica y desierto demográfico. Si no hay unión política entre los zamoranos, nuestra tierra se morirá. Lo advertí hace casi una década, nada más fundar este periódico, a políticos como Martínez-Maíllo, entonces presidente de la Diputación, y Rosa Valdeón, alcaldesa de Zamora, y a otros líderes de la izquierda local: hay que ser más zamoranos y menos conservadores o socialistas. Esta provincia padece tales penurias, carencias y estrecheces que entrar en debates ideológicos constituye toda una frivolidad política. Zamora necesita unión ante un objetivo común: sacarla del ostracismo económico. Nuestro sector primario, el comercio, las pequeñas empresas no aguantan otro año de miserias intelectales, de luchas políticas que conducen a la nada, al camino que no llega a ningún sitio, acaso al apocalipsis.
Este mandato municipal, como adelanté antes de los comicios primaverales, marcará el futuro de nuestra tierra. Nunca preví que Ciudadanos gobernase, rodeado de gente del PP, la Diputación. Jamás pensé que el PSOE se traicionase a sí mismo para perderlo todo. Quizá, en estos cuatro años que nos separan del 2023, se haga más política y menos proyecciones ideológicas, que a nada llevan a una tierra tan enlutada, olvidada, moribunda, como la nuestra.
Tiempo para que el PP se olvide del tándem Martínez-Maíllo y García Carnero, que tanto poder ostentó y nada dedicó a nuestra Zamora. Me olvidaba, perdón, lo del Alvia a primera hora. No sé quiénes serán los populares zamoranos que desintoxiquen su formación política. Pero, aunque todavía existe mucho polvo del pasado sobre los muebles del partido conservador, urge la entrada de políticos pulcros que lo renueven.
La Diputación se convertirá en su primer examen para saber si aún domina el maillismo en el partido o se rompe con ese pasado tan yermo y sectario. Martín Pozo es ya historia. A no ser que Igea consienta que Fernández Mañueco la nombre delegada territorial de la Junta en nuestra provincia. Si Requejo se cruza de brazos ante un nombramiento en ese sentido, lo pagará. Ciudadanos, si quiere crecer en nuestra provincia, debe exigir que el representante del ejecutivo autonómico en nuestra tierra sea una persona diligente, sin militancia en partido alguno, profesional y que conozca la provincia. Si no es así, me temo que el presidente de la Diputación quedará aislado hasta que un maremoto de lo lleve de la res pública.
Hay que construir Ciudadanos en esta provincia. La institución provincial debe ser un punto de apoyo para que la formación naranja crezca y se haga mayor. En la adolescencia se cometen muchos errores. También aciertos, como recibir hoy a Zamora10, organismo al que María Teresa Martín Pozo obstruyó desde su génesis. Los mediocres siempre temen a las mentes con talento, fuerza y objetivos. Convencido estoy que Francisco Prieto, su gerente, empezará a encontrar diferencias en el trato entre Requejo y los diputados populares. Y, más adelante, se comprobarán los efectos del cambio. El intento de finiquitar con Zamora10 nunca fue de un partido, en este caso del PP, sino de una persona.
Finalizo. Nuestra tierra, estos 10.500 km2 hermosos, heterogéneos; sus 175.000 habitantes, muchos jubilados, gente de edad, y sus jóvenes, necesita más política helena, más verdad, más gobernar para el pueblo, pero con el pueblo.
Y hacer política es pedir, exigir ya, todos los líderes políticos provinciales, la transformación de Monte la Reina en importante base militar, con la llegada a Zamora de 3.000 profesionales de la milicia; que los terrenos de Adif se cedan al Ayuntamiento de Zamora y se transformen en industriales, que se apoye a Zamora10 en sus ideas, y medidas para detener la despoblación. Por ejemplo.




















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