NOCTURNOS
Ama a quien te desea
Eugenio-Jesús de Ávila
Si no puedes amar a quién tú quieres, si te resignaste a que esa chica que tanto te atraía, por su belleza y su talento, su sensibilidad y su clase, apenas cuenta contigo; si consideras que besarla, acariciarla, compartir lecho y nirvana se convirtió en utopía; ama a la mujer que está contigo, a la que, de verdad, te desea, te mima, está pendiente de ti, de lo que te gusta y de lo que necesitas, de tus anhelos e ilusiones, la dama que quiere hacerte feliz.
Ella se merece que todo el amor que reservaste para aquella mujer que te despreció, se lo entregues, pero sin recortes. Y si no la amas por completo, con pasión, con ternura, convéncela de que es la mujer de tu vida. Hazla feliz. Se lo merece. ¡Qué te cuesta!
Si ya te encuentras cuesta abajo en la rodada, a punto de acabar con el tango de la vida, llénala de satisfacciones, de ganas de vivir, hazla gozar en el lecho, cuando fundáis sexos y vuestros labios practiquen esgrima con las espadas de las lenguas; pero también comparte tu cultura, experiencias y sueños.
Hay mujeres que no puede elegir. Pero ella, cansada de tanto tedio, te eligió a ti, que llorabas lágrimas secas entre la niebla de la ciudad del alma.
Si no puedes amar a quién tú quieres, si te resignaste a que esa chica que tanto te atraía, por su belleza y su talento, su sensibilidad y su clase, apenas cuenta contigo; si consideras que besarla, acariciarla, compartir lecho y nirvana se convirtió en utopía; ama a la mujer que está contigo, a la que, de verdad, te desea, te mima, está pendiente de ti, de lo que te gusta y de lo que necesitas, de tus anhelos e ilusiones, la dama que quiere hacerte feliz.
Ella se merece que todo el amor que reservaste para aquella mujer que te despreció, se lo entregues, pero sin recortes. Y si no la amas por completo, con pasión, con ternura, convéncela de que es la mujer de tu vida. Hazla feliz. Se lo merece. ¡Qué te cuesta!
Si ya te encuentras cuesta abajo en la rodada, a punto de acabar con el tango de la vida, llénala de satisfacciones, de ganas de vivir, hazla gozar en el lecho, cuando fundáis sexos y vuestros labios practiquen esgrima con las espadas de las lenguas; pero también comparte tu cultura, experiencias y sueños.
Hay mujeres que no puede elegir. Pero ella, cansada de tanto tedio, te eligió a ti, que llorabas lágrimas secas entre la niebla de la ciudad del alma.


















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