Eugenio de Ávila
Sábado, 27 de Julio de 2019
ME QUEDA LA PALABRA

El progresismo reaccionario

Eugenio-Jesús de Ávila

[Img #28567]La familia te es dada. Los amigos los eligen o te eligen. Las personas que gustan de la política, ya sea para hacer carrera, como si fuera una profesión, bien para dedicar unos años de tu vida al beneficio de tu pueblo, ciudad, comunidad o nación, casi por altruismo, como algo sacro, también eligen formación en la que militar, medrar, trepar. Aquí, en Zamora, ser del PP, durante muchos años, significaba mandar y ordenar, colocar a amigos y amigas, pagar favores o castigar al enemigo. El PSOE hizo lo propio en Andalucía, Extremadura y Castilla La Mancha, y los separatistas catalanes, desde Pujol, principios de los 80 elevó a la enésima potencia del racismo. No hay grandes diferencias entre tanto malandrín de la res pública.

En todos los partidos, también en los que la izquierda considera de derechas, hay gente idealista, que, antes o después, entra en conflicto con los compañeros que carecen de ideales, que entraron en la formación política para ascender de escala social, figurar, mandar y vivir como reyes absolutos. Los malos suelen vencer a los buenos. Es muy malo ser bueno en la res pública.

Los dirigentes políticos transforman a los partidos. Como las amas de casa cambian su hogar, dulce hogar, su vivienda o su chalé. Cuestiones estéticas, a las que no son ajenas las económicas. El PSOE que diseñó Largo Caballero no le gustó a Besteiro ni a Prieto. Esas divergencias condujeron a la Guerra Civil y a la derrota de los revolucionarios de izquierdas. El PSOE de Felipe González, que nunca tuvo nada que ver con el de Pablo Iglesias, ni mucho menos con los revolucionarios socialistas del 1934 y 1936, realizó las reformas que el gran capital europeo y norteamericano exigía a España. El andaluz se valió de unas siglas para hacerle el trabajo sucio a la derecha española, que nunca podría haber realizado un cambio tan profundo, a gusto de las multinacionales, como un partido que se proclamaba socialista, obrero y español.

El PSOE de Zapatero tampoco se pareció al de Felipe. Como los socialistas españoles realizan, una vez que llegan al poder, políticas económicas semejantes al PP, y los populares, verbigracia, los de Rajoy, liderados por Montoro, aplicaron medidas impositivas más duras que la socialdemocracia sueca en sus buenos tiempos, la nación española, también controlada por Europa, apenas cambia de registros económicos, sea el PSOE o el PP los que administren la cosa pública. Zapatero gastó a lo tonto, como un rico pronto; se jactó del potencial de España y gobernó como si fuera un tío de derechas; pero, para parecer de izquierdas, recordó a su abuelo, tiro de memoria histórica, todo un oxímoron, y dio paso al matrimonio de homosexuales –el matrimonio siempre fue una institución burguesa-, y profundizó en el aborto. Eso sí, lo que define a un partido como de izquierdas o de derechas es su política económica. El progreso de ZP nos condujo a la quiebra y a la mayoría absoluta, para desgracia de los españoles, del PP de Rajoy y la pequeña Soraya, gente sin ideología, pragmática, marxista, no de Karl, no del genio de Tréveris, sino de Groucho.

El único partido que parece de izquierdas, pero que tampoco lo es, se llama Podemos. Es una especie de comunismo aburguesado, con toques peronistas –el peronismo abarca desde la extrema derecha a la extrema izquierda, como el fascismo-, pero con imagen de progres, de rockeros californianos. El comunismo siempre fue enemigo del socialismo. Empírico. Estudien el conflicto entre el PSOE de Largo y el PCE, a las órdenes de Stalin, durante la Guerra Civil.  Dentro del propio comunismo, una religión pagana, también hay ortodoxos y heterodoxos. Depende del jerarca, así se desarrolla su puesta en escena.

Iglesias, del que yo pensé, en un principio, que podría ser el Prometeo de la democracia, fue el mejor durante el debate de investidura. Dijo lo que pensaba a Sánchez. Pero Pedro por la tarde piensa algo y lo explica en el Congreso, y, a la postura del sol, en televisión, dice todo lo contrario. Es un escéptico, una reencarnación de Pirrón de Elis, primer filósofo del escepticismo, capaz de defender una cosa y su contraria. Solo cree en él y en sus consejeros áulicos.

El presidente en funciones supo que las medidas económicas de Podemos le conducirían a la ruina política. Y, más pronto que tarde, a la intervención de la UE, tal y como sucedió en Grecia con los primos hermanos ideológicos de la banda morada. El capitalismo avanzado, el de Europa, demostrado queda, no puede ser administrado por neomarxistas. Ahora todo es socialdemocracia: control del ciudadano, políticas fiscales más o menos duras, dependiendo de la marcha de la economía, proselitismo del sistema a través de los medios de comunicación, supervisados por los grandes poderes; silencio de los intelectuales, refugiados en sus cátedras, escritores de libros que nadie lee. La gente se alimenta del Real Madrid y su necesidad, el Barça, y ese tercero en discordia, preciso para el atontamiento generalizado, el Atlético de Madrid; programas rosas, con protagonismo de heteras, macarras y políticos que regalan anchoas.

El personal viene a la vida a ser feliz, que consiste, para algunos, en amar, comer, viajar, adquirir propiedades: apuesta por el placer. Sucede que hay ingenieros sociales que quieren ensayar con la sociedad para hallar la comunidad perfecta, cueste lo que cueste. Pero no hay tantos poetas entre la gente.

Ahora, una vez que quedó demostrado que el proletariado no es la clase revolucionaria, sino que tiene querencia por al aburguesamiento, cuestión lógica entre la especie humana, el neocomunismo ha penetrado en los movimientos sociales más modernos: homosexuales, feminismo, ciertas plataformas, movimientos vecinales, asociaciones culturales, “okupas”… El propio Errejón manifestaba a correligionarios, no ha mucho tiempo, qué hacer de cara a la pérdida del poder en ayuntamientos o comunidades y cómo influir en la sociedad. En el fondo, no son otra cosa que excrecencias del capitalismo.

Los comunistas chinos, los más listos, se adaptaron al medio, a la economía capitalista, para desarrollar, de manera prodigiosa, su sistema mixto: comunistas en el poder político que gobiernan, con mano dura, pero aplicando criterios de la economía de mercado. La URSS, sistema totalitario, sistema que gobernó la nación más grande de la tierra, la más rica, se desmoronó no por la falta de libertad, que sus ciudadanos nunca conocieron –pasaron de la monarquía casi absoluta al zarismo bolchevique-, sino porque su diseño económico llevó al pueblo a la ruina y al estado a la quiebra. Venezuela viene a ser otro ejemplo moderno: la nación más rica de América del Sur pasa hambre. Las políticas progresistas acaban siendo reaccionarias. Cuestión de tiempo. Empírico. Historia.

 “El individuo ha luchado siempre para no ser absorbido por la tribu. Si lo intentas, a menudo estarás solo, y a veces asustado. Pero ningún precio es demasiado alto por el privilegio de ser uno mismo”. Nietzsche.

 

Comentarios Comentar esta noticia
Comentar esta noticia

Normas de participación

Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.

Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.

La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad

Normas de Participación

Política de privacidad

Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.112

Todavía no hay comentarios

Quizás también te interese...

El Día de Zamora

Ir al contenido
Con tu cuenta registrada

Escribe tu correo y te enviaremos un enlace para que escribas una nueva contraseña.