ME QUEDA LA PALABRA
Un mandato y una legislatura, cuando la haya, esenciales para Zamora
Eugenio-Jesús de Ávila
Ni soy apocalíptico, ni profeta del Evangelio, ahora bien considero que Zamora se transforma en este mandato en una ciudad más hermosa, crece en número de habitantes y atrae turismo de calidad, o viajará, definitivamente, en el túnel del tiempo hacia el pasado, incluso, se hubiera una reforma administrativa del Estado, que no es descartable, dejaría de ser capital de una provincia que se denomina tal cual.
Francisco Guarido y sus concejales deberían atender a dos objetivos esenciales: embellecer la ciudad y procurar el asentamiento en los polígonos de industrias. La primera cuestión resulta sencilla, máxime si ahora las arcas municipales se hallan en el mejor momento en la historia de la Casa de las Panaderas. Como no solo mi misión es criticar a los políticos indeseables, a los que han causado daño a mi ciudad, sino realizar proposiciones decentes, ya he ido escribiendo, entre col y col, lechuga sobre lo que habría que hacer para que Zamora cambiase su “look” –permítaseme la cursilería-, e insisto en ese menester: plazas coquetas en el centro de la ciudad, como, verbigracia, la de la Constitución; Sagasta, donde esos tres árboles sobran, y deberían colocarse la escultura del Adán de Barrón, rodeada de jardín y fuente. Por cierto, la de la plaza de Alemania exige una reforma, porque la actual es una absoluta chapuza. Y en el casco antiguo también hay que dibujar una nueva imagen, con menos piedra, como el maladado parque de San Martín, y más flores, hierba y agua, como la fontana que le correspondería al parque del Castillo. Y no hay que ir muy lejos para pintarle los labios a Zamora ni maquillar su cutis envejecido, porque el modelo se encuentra en nuestra casa: la plaza de Zorrilla, con escultura de Baltasar Lobo. Con ligeros retoques, otros espacios urbanos podrían gozar de un ágora como la que se encuentra entre Momos, Casino y García Casado.
Y, a mayores, urge un segundo plan de reforma de calzadas y aceras de la zona noble de la ciudad. Además de los jardines y las fontanas, quítense los cantos y colóquense baldosa de granito de Sayago, no de la China. Reactivaríamos, además, la materia prima zamorana. Y no me olvido de las dos torres del puente medieval, que catedráticos, arquitectos e intelectuales zamoranos desean reconstruirlas. El viaducto se convertiría en el más hermoso de España. No queremos que funcionarios de la Junta impidan su reencarnación.
Otra cuestión más que la transformo en pregunta: ¿La plaza de San Gil o del Maestro Haedo no debería mostrar, al aire libre, las ruinas de la iglesia románica que da nombre a tal ágora. Una de los lugares más hermosos de la Zamora de centro debe transformarse de una puñetera vez.
Tampoco me olvido de la plaza de Viriato, intransitable por sus adoquines centrales. No le vendría mal darle de “beber” algo de agua, pues tiene mucha sed con tanto cemento. Me explico.
Y, por supuesto, se necesita que Francisco Guarido exija al gobierno, cuando se forme, una restauración global del recinto amurallado de Zamora. Me imagino, porque no quiero pensar lo contrario, que los tres concejales socialistas en la Corporación Provincial apoyarán este iniciativa del equipo de gobierno, porque una oposición debe ejercer como tal, pero también unirse en aquellas ideas que sean positivas para la ciudad. Al respecto, los terrenos de Adif, en la Estación del Ferrocarril, hay que darles una utilidad. ¡Qué hay de aquellas reuniones con los gerifaltes ferroviarios, celebradas en Madrid, protagonizadas por Antidio Fagúndez!
Lo comentado con anterioridad forma parte del segundo objetivo de nuestro regidor: traer industrias punteras para Zamora. Ya sé que los polígonos industriales son de la Junta y del Estado. Pero habrá que venderlo fuera de nuestra geografía, ya que la CEOE languidece, superada por Zamora10, organismo que ahora mismo lidera la “movida” empresarial zamorana, aunque todavía tenga una peligrosa quinta columna en su ser.
Concluyo: embellecer la ciudad, que posee una magnífica materia prima para mostrarse hermosa y atractiva, me parece tarea sencilla. Solo se necesitan ideas. Industrializarle resulta, a priori, más complejo. Por lo tanto, hay que unir fuerzas políticas y empresariales para presentar en el exterior a Zamora como ciudad de interés industrial. Punto.
Insisto en que este mandato, que también depende de las políticas nacionales, porque el gobierno debería ser un inversor extraordinario para nuestro desarrollo como ciudad y provincia, marcará el futuro de nuestra economía y sociedad. No quererlo ver conducirá a la muerte demográfica de esta tierra. Al loro.
Ni soy apocalíptico, ni profeta del Evangelio, ahora bien considero que Zamora se transforma en este mandato en una ciudad más hermosa, crece en número de habitantes y atrae turismo de calidad, o viajará, definitivamente, en el túnel del tiempo hacia el pasado, incluso, se hubiera una reforma administrativa del Estado, que no es descartable, dejaría de ser capital de una provincia que se denomina tal cual.
Francisco Guarido y sus concejales deberían atender a dos objetivos esenciales: embellecer la ciudad y procurar el asentamiento en los polígonos de industrias. La primera cuestión resulta sencilla, máxime si ahora las arcas municipales se hallan en el mejor momento en la historia de la Casa de las Panaderas. Como no solo mi misión es criticar a los políticos indeseables, a los que han causado daño a mi ciudad, sino realizar proposiciones decentes, ya he ido escribiendo, entre col y col, lechuga sobre lo que habría que hacer para que Zamora cambiase su “look” –permítaseme la cursilería-, e insisto en ese menester: plazas coquetas en el centro de la ciudad, como, verbigracia, la de la Constitución; Sagasta, donde esos tres árboles sobran, y deberían colocarse la escultura del Adán de Barrón, rodeada de jardín y fuente. Por cierto, la de la plaza de Alemania exige una reforma, porque la actual es una absoluta chapuza. Y en el casco antiguo también hay que dibujar una nueva imagen, con menos piedra, como el maladado parque de San Martín, y más flores, hierba y agua, como la fontana que le correspondería al parque del Castillo. Y no hay que ir muy lejos para pintarle los labios a Zamora ni maquillar su cutis envejecido, porque el modelo se encuentra en nuestra casa: la plaza de Zorrilla, con escultura de Baltasar Lobo. Con ligeros retoques, otros espacios urbanos podrían gozar de un ágora como la que se encuentra entre Momos, Casino y García Casado.
Y, a mayores, urge un segundo plan de reforma de calzadas y aceras de la zona noble de la ciudad. Además de los jardines y las fontanas, quítense los cantos y colóquense baldosa de granito de Sayago, no de la China. Reactivaríamos, además, la materia prima zamorana. Y no me olvido de las dos torres del puente medieval, que catedráticos, arquitectos e intelectuales zamoranos desean reconstruirlas. El viaducto se convertiría en el más hermoso de España. No queremos que funcionarios de la Junta impidan su reencarnación.
Otra cuestión más que la transformo en pregunta: ¿La plaza de San Gil o del Maestro Haedo no debería mostrar, al aire libre, las ruinas de la iglesia románica que da nombre a tal ágora. Una de los lugares más hermosos de la Zamora de centro debe transformarse de una puñetera vez.
Tampoco me olvido de la plaza de Viriato, intransitable por sus adoquines centrales. No le vendría mal darle de “beber” algo de agua, pues tiene mucha sed con tanto cemento. Me explico.
Y, por supuesto, se necesita que Francisco Guarido exija al gobierno, cuando se forme, una restauración global del recinto amurallado de Zamora. Me imagino, porque no quiero pensar lo contrario, que los tres concejales socialistas en la Corporación Provincial apoyarán este iniciativa del equipo de gobierno, porque una oposición debe ejercer como tal, pero también unirse en aquellas ideas que sean positivas para la ciudad. Al respecto, los terrenos de Adif, en la Estación del Ferrocarril, hay que darles una utilidad. ¡Qué hay de aquellas reuniones con los gerifaltes ferroviarios, celebradas en Madrid, protagonizadas por Antidio Fagúndez!
Lo comentado con anterioridad forma parte del segundo objetivo de nuestro regidor: traer industrias punteras para Zamora. Ya sé que los polígonos industriales son de la Junta y del Estado. Pero habrá que venderlo fuera de nuestra geografía, ya que la CEOE languidece, superada por Zamora10, organismo que ahora mismo lidera la “movida” empresarial zamorana, aunque todavía tenga una peligrosa quinta columna en su ser.
Concluyo: embellecer la ciudad, que posee una magnífica materia prima para mostrarse hermosa y atractiva, me parece tarea sencilla. Solo se necesitan ideas. Industrializarle resulta, a priori, más complejo. Por lo tanto, hay que unir fuerzas políticas y empresariales para presentar en el exterior a Zamora como ciudad de interés industrial. Punto.
Insisto en que este mandato, que también depende de las políticas nacionales, porque el gobierno debería ser un inversor extraordinario para nuestro desarrollo como ciudad y provincia, marcará el futuro de nuestra economía y sociedad. No quererlo ver conducirá a la muerte demográfica de esta tierra. Al loro.
















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