ME QUEDA LA PALABRA
¿La despoblación: un diseño del Estado?
Me duele Zamora, como a Unamuno le dolía España. Siento mi tierra en mi alma, porque es mi memoria, mi nacencia, mi niñez y juventud, mi paz y mi guerra, mi primer beso, casi todos mis amigos, donde mora la mujer que amo, donde vive mi madre, mis hijas, mi nieta. Me duele Zamora, porque hay zamoranos que la desprecian, la olvidan, la humillan, se ríen de ella.
Zamora no solo es una ciudad y una provincia. Zamora es la gente que la habita, la gente que vive aquí aunque nacieran lejos, en otros lugares de la patria, en otras naciones. Zamora es de carne y hueso, también de arenisca y bosque, de agua y piedra. Zamora no solo es Castillo e historia, que también; ni Catedral y románico, ni Santa Clara y San Torcuato.
En Zamora, nacen niños, mueren personas, trabajan hombres y mujeres, hay gente sin empleo, pensiones miserables, empresarios legales, empresarios explotadores, jetas y golfos, funcionarios del nepotismo y funcionarios del esfuerzo y la oposición libre; políticos dignos, que regalan su tiempo al pueblo, para que viva mejor, con calidad de vida, sean atendidos como corresponde en hospitales y centros de salud; para que los niños y los jóvenes se eduquen y aprendan, antes de las cuatro reglas y las declinaciones en latín o el Teorema de Arquímedes, a respetar al prójimo, al que utiliza gafas, al que es cojo, al bajito, al delgado, al gordo, al que tartamudea, al que padece deficiencias psíquicas, y también a lo que es de todos, lo público, como mobiliario urbanos, jardines, patrimonio; jardines y árboles, parques e iglesias. No es inteligente el que carece de sensibilidad hacia todo lo que le rodea, seres humanos o animales, propiedad privada o pública. La cultura convierte al hombre en racional. La incultura lo equipara a las bestias.
Pues hete aquí que si la despoblación continúa con esta deriva, iniciada ha tiempo, potenciada en la última década, el desierto demográfico se apoderará de toda la provincia, y su capital distinguida para el estudio de sociólogos, antropólogos y demógrafos. No queda mucho para la hora del apocalipsis social si nosotros, los zamoranos, de los que escribía con anterioridad, los que construimos esta sociedad, los que aman esta Zamora de carne y hueso, de agua y roca, siguen cruzados de brazos, sin exponer, sin dar, sin apoyar iniciativas contra la despoblación como las que lideran Viriatos y Zamora10, si bien desde perspectivas y formas de hacer distintas, pero con un mismo objetivo: detener la proyección hacia la nada.
El gobierno de la nación, el que está en funciones o el que den a luz las urnas, posee el poder político y económico suficiente para cambiar el actual estado de la cuestión. Pero los partidos apuestan siempre por potenciar ciudades, provincias y regiones industrializadas, con gran densidad de población –votos-, medios de comunicación poderosos y sociedad crítica y despierta.
Ni el PSOE de Sánchez, ni el PP de Casado, ni el Cs, partido en esencia urbanita, reflexionan, ni les importa, sobre el problema de la España deshabitada, porque esa geografía, abundante en bosques y vegetación, animales salvajes en libertad, escuálida en personas, apenas cuenta para el gobierno de la nación, sea el que fuere. Se nos considera, a todos los ciudadanos de los desiertos demográficos, como españoles de segunda fila, gente mayor, sin futuro, sin brío, pusilánime, lanares, donde los rebeldes, los guerreros, las valientes y los concienciados forman una minoría sin voz, que, más pronto que tarde, será devorada por la inercia del Estado, que se dirige hacia la constitución de una España urbana, desarrollada, poderosa, de alto nivel de vida y feliz, y la defunción de la España rural.
Quizá se me considere, por lo que voy a contar en este finiquito de mi carta a los zamoranos, paranoico social; pero intuyo que nuestra provincia, en concreto Sayago, donde aflora el granito, tiene un destino: cementerio de residuos radiactivos, porque este terreno, se dice, resulta idóneo para el entierro de los desechos que contribuyen al desarrollo de las grandes naciones europeas y sus colosales conurbaciones. Por lo tanto, hay que desertizar, despoblar, deshabitar nuestra geografía.
Esta trama vendría aplicándose desde el inicio de la democracia, de común acuerdo entre los grandes partidos políticos. Ojalá me equivoque, pero la desertización galopante que padece Zamora solo la comprendo como una estrategia estatal, diseñada por el poder para enterrar sus miserias nucleares. ¿Me he vuelto loco? No se extrañe el lector. Vivir en esta sociedad me trastorna.
Me duele Zamora, como a Unamuno le dolía España. Siento mi tierra en mi alma, porque es mi memoria, mi nacencia, mi niñez y juventud, mi paz y mi guerra, mi primer beso, casi todos mis amigos, donde mora la mujer que amo, donde vive mi madre, mis hijas, mi nieta. Me duele Zamora, porque hay zamoranos que la desprecian, la olvidan, la humillan, se ríen de ella.
Zamora no solo es una ciudad y una provincia. Zamora es la gente que la habita, la gente que vive aquí aunque nacieran lejos, en otros lugares de la patria, en otras naciones. Zamora es de carne y hueso, también de arenisca y bosque, de agua y piedra. Zamora no solo es Castillo e historia, que también; ni Catedral y románico, ni Santa Clara y San Torcuato.
En Zamora, nacen niños, mueren personas, trabajan hombres y mujeres, hay gente sin empleo, pensiones miserables, empresarios legales, empresarios explotadores, jetas y golfos, funcionarios del nepotismo y funcionarios del esfuerzo y la oposición libre; políticos dignos, que regalan su tiempo al pueblo, para que viva mejor, con calidad de vida, sean atendidos como corresponde en hospitales y centros de salud; para que los niños y los jóvenes se eduquen y aprendan, antes de las cuatro reglas y las declinaciones en latín o el Teorema de Arquímedes, a respetar al prójimo, al que utiliza gafas, al que es cojo, al bajito, al delgado, al gordo, al que tartamudea, al que padece deficiencias psíquicas, y también a lo que es de todos, lo público, como mobiliario urbanos, jardines, patrimonio; jardines y árboles, parques e iglesias. No es inteligente el que carece de sensibilidad hacia todo lo que le rodea, seres humanos o animales, propiedad privada o pública. La cultura convierte al hombre en racional. La incultura lo equipara a las bestias.
Pues hete aquí que si la despoblación continúa con esta deriva, iniciada ha tiempo, potenciada en la última década, el desierto demográfico se apoderará de toda la provincia, y su capital distinguida para el estudio de sociólogos, antropólogos y demógrafos. No queda mucho para la hora del apocalipsis social si nosotros, los zamoranos, de los que escribía con anterioridad, los que construimos esta sociedad, los que aman esta Zamora de carne y hueso, de agua y roca, siguen cruzados de brazos, sin exponer, sin dar, sin apoyar iniciativas contra la despoblación como las que lideran Viriatos y Zamora10, si bien desde perspectivas y formas de hacer distintas, pero con un mismo objetivo: detener la proyección hacia la nada.
El gobierno de la nación, el que está en funciones o el que den a luz las urnas, posee el poder político y económico suficiente para cambiar el actual estado de la cuestión. Pero los partidos apuestan siempre por potenciar ciudades, provincias y regiones industrializadas, con gran densidad de población –votos-, medios de comunicación poderosos y sociedad crítica y despierta.
Ni el PSOE de Sánchez, ni el PP de Casado, ni el Cs, partido en esencia urbanita, reflexionan, ni les importa, sobre el problema de la España deshabitada, porque esa geografía, abundante en bosques y vegetación, animales salvajes en libertad, escuálida en personas, apenas cuenta para el gobierno de la nación, sea el que fuere. Se nos considera, a todos los ciudadanos de los desiertos demográficos, como españoles de segunda fila, gente mayor, sin futuro, sin brío, pusilánime, lanares, donde los rebeldes, los guerreros, las valientes y los concienciados forman una minoría sin voz, que, más pronto que tarde, será devorada por la inercia del Estado, que se dirige hacia la constitución de una España urbana, desarrollada, poderosa, de alto nivel de vida y feliz, y la defunción de la España rural.
Quizá se me considere, por lo que voy a contar en este finiquito de mi carta a los zamoranos, paranoico social; pero intuyo que nuestra provincia, en concreto Sayago, donde aflora el granito, tiene un destino: cementerio de residuos radiactivos, porque este terreno, se dice, resulta idóneo para el entierro de los desechos que contribuyen al desarrollo de las grandes naciones europeas y sus colosales conurbaciones. Por lo tanto, hay que desertizar, despoblar, deshabitar nuestra geografía.
Esta trama vendría aplicándose desde el inicio de la democracia, de común acuerdo entre los grandes partidos políticos. Ojalá me equivoque, pero la desertización galopante que padece Zamora solo la comprendo como una estrategia estatal, diseñada por el poder para enterrar sus miserias nucleares. ¿Me he vuelto loco? No se extrañe el lector. Vivir en esta sociedad me trastorna.















Marta | Viernes, 13 de Septiembre de 2019 a las 16:21:47 horas
León (Zamora, salamanca y León) es la única región y nacionalidad histórica a la que se le negó el acceso al autogobierno o autonomía. El cierre de la via de la Plata, el desmantelamiento del oeste y la demotanasia de la Región leonesa está pactado desde hace tiempo. Despertemos y unámonos. Si vuelve león cambia el mapa de poder del estado y los ejes económicos de España. Los recursos están en el oeste y la vertebración del oeste y de la vía de la plata, y la apertura a Portugal, acabaría con el expolio de recursos a favor de Madrid y Castilla y la hegemonía de los puertos vascos (la ruta por donde todo tiene que pasar). Algeciras-Gijón, y el norte de Portugal hacia Gijón. Aunque no solo le interesa nuestra muerte a las oligarquías centralistas del Estado, también a Europa. Despertemos.
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