Mª Soledad Martín Turiño
Sábado, 14 de Septiembre de 2019
ZAMORANA

Nos arrepentiremos

[Img #29654]¡Cuántas veces hablamos más guiados por la furia que por la sensatez y, al hacerlo, removemos piedras y temas que deberían no tocarse! ¡Cuántas veces nos hemos arrepentido de la palabra que enmudeció en su momento, la disculpa no pronunciada, el avieso portazo, las explicaciones de más, la justificación mediante una absurda verborrea, la falta de entendimiento por la inexistencia de diálogo...!

 

La última palabra suele pronunciarla el más prepotente, aquel que ignora la importancia del silencio. A veces no hay que desperdiciar las palabras ni hablar de más cuando resultan fuera de lugar, siendo solo verborrea, un hablar por hablar; sin embargo en otras ocasiones dialogar aunque sea de temas intranscendentes se convierte en una forma de socializar, ya sea conversando de temas banales en encuentros ocasionales sobre el tiempo en los ascensores o prolongando un saludo ya que este tipo de comentarios insustanciales contribuye a alternar y crear lazos.

 

Nos arrepentiremos también de la maledicencia, que la RAE define en su verbo maldecir como “hablar con mordacidad en perjuicio de alguien, denigrándolo”, porque cuando se falta a la verdad y se calumnia sin conocimiento de causa, las palabras son como un afilado cuchillo y devastan aunque sean inventadas, ya que la difamación siempre origina una sospecha.

 

En el contexto político actual no me cabe duda de que vamos a arrepentirnos de muchas cosas: del desgobierno prolongado, de que los políticos no sean capaces de pactar y lograr una investidura, de dejar transcurrir los meses sin acuerdos, de cerrar el Congreso, de que los presupuestos no estén aprobados, de que los inversores estén demasiado tiempo a la expectativa de una seguridad económica y política que no llega…

 

Nos arrepentiremos de no generar confianza en los jóvenes y en una gran parte de la sociedad que desdeña a los políticos por incapaces, dominantes y soberbios, porque están más preocupados por mantener el sillón y asegurar su futuro que en pensar en el bien de España y los españoles y eso les va a pasar factura; y creo que nos arrepentiremos también de las elecciones a las que nos abocan porque presumo que los resultados no garantizarán mayoría a ningún partido político y el Parlamento se despedazará en fracciones cada vez más pequeñas; pero si me equivoco y hay gobierno porque se alcance una mayoría suficiente, seguirán los mismos que han burlado nuestra confianza y el descrédito les perseguirá como una sombra; habrá una oposición férrea y negativa en parte para resarcirse de favores que no se concedieron y esa será su mejor forma de vendetta, amparados bajo el manto de la política y-repito- eludiendo lo mejor para España.

 

Nos arrepentiremos de la pasividad de los ciudadanos, de todos nosotros, de no salir a la calle para protestar por lo que no se ha hecho y lo mucho que falta por hacer y, en el fondo, los próceres de nuestra política, como en tantas otras ocasiones, de eso se valen, de nuestro mutismo, de la irritación que sentimos y se queda en comentarios de cantina, porque estamos aborregados y cada vez más pasivos.

 

Decía Dickens que “nunca es tarde para el arrepentimiento y la reparación”. Tal vez sea el pesimismo que me invade, pero creo que incluso ya se nos ha pasado el tiempo de luchar y únicamente nos quedará en un futuro más preclaro el arrepentimiento y la compunción.

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