Eugenio de Ávila
Jueves, 26 de Septiembre de 2019
ELECCIONES

Mi reino por un cargo en el Congreso o en el Senado

[Img #30048]Mientras Martínez-Maíllo busca protagonismo en la prensa nacional, El Mundo y Voz Populi, para reengancharse al cargo político, porque todavía es muy joven para dejar de vivir de la res pública, y Martín Pozo parece asegurarse, siempre que el votante conservador zamorano la vote, si apareciese en la lista al Senado, aunque mejor le iría como número 1 al Congreso de los Diputados, por razones obvias, el PP de Zamora vive sin vivir en sí para evitar que el que fuera número 3 del PP con Rajoy les deje en paz y les permite construir otra formación política menos sectaria, más abierta, que no se avergüenza de confesarse como derecha.

 

En el PSOE, por lo que cuenta el personal, también hay movida. Antidio Fagúndez quiere más. Hombre joven que ya probó la droga de la política, casi desde su tierna infancia, quiere protagonizar la vida de su partido desde un puesto de relevancia, porque ahora mismo, desde la derrota municipal, hasta renunciar a ser diputado provincial, apenas aparece en los papeles. El secretario provincial quiere ser número 1 al Congreso de los Diputados, desplazando así a Mar Rominguera, que ha ocupado puesto en la Cámara Baja durante las últimas legislaturas, con el PP de Rajoy en el ejecutivo y con el PSOE de Pedro Sánchez en sus gobiernos en funciones. Uno y otra buscarán apoyos poderosos para sus ambiciones. Batalla entre un zamorano y una gaditana, guerra entre un varón y una fémina. Lo suyo, lo democrático, consistiría en que los militantes eligieran entre todos aquellos que anhelaran representar a su partido y a su provincia en la Carrera de San Jerónimo. A la postre, decidirá Madrid, en concreto, lo que determine Pedro Sánchez.

 

Si el lector profundiza en lo dicho, observará que nos encontramos ante un debate de egos entre personas que viven o quieren vivir de la política, porque esta labor les procura dividendos económicos muy superiores a los de sus profesiones, amén de otros privilegios. Unos cuantos años como diputado o senador y a cobrar la máxima pensión, mientras el autónomo de a pie percibirá, cuando se jubile, una miseria por machacarse toda la vida tras un mostrador. 

 

Aquí no se trata de un debate, verbigracia,  entre un Martínez-Maíllo con una profunda ideología, pongamos conservadora, u otro rival, con ideas más liberales; ni entre Mar Rominguera, socialista radical, y Fagúndez, socialdemócrata. En absoluto: todos, los citados y los que desean cargos políticos, luchan como Ulises y sus tropas por regresar al Ítaca del disfrute, del deleite, del placer de vivir de la res pública. En estas guerras de guerrillas, además, vale todo: intoxicación a los medios de comunicación, toques sutiles al periodista amigo y cobista, felonías, calumnias, maledicencias. Momentos críticos en los que se pierde la compostura, el compañerismo, la ideología, si la hubiere, y la personalidad. Todo por un cargo. Ricardo III, el personaje de Shakespeare, en un momento crítico, gritaba aquello de “mi reino por un caballo”. Estos aspirantes al chollo político lo dan todo por un cargo, por un chollo, por una bicoca que rinde importantes emolumentos y privilegios. Así esta España, en almoneda moral y económica. Ni izquierdas, ni derechas, ni medio  pensionistas. El timo de la democracia.

 

Si nuestra provincia hallase al borde del abismo económico y social se debe a que nuestros políticos, desde siempre, se preocuparon solo de mantenerse en el puesto, legislatura tras legislatura, hasta que la muerte les arrebatase el escaño. La política ya no es algo sacro, un sacrificio, sino su antítesis: el goce, la delicia y el embeleso. De ahí que los políticos  sonrían tanto ante la prensa y se traicionen, cuando se aproximan comicios,  detrás de las cámara

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