LITERATURA
Hay que amar la lectura y enseñar a amarla
Emilia Casas Fernández
Corre por ahí el bulo de que leer no es para tanto. Que ya existe la televisión, que vivimos en un mundo audiovisual, y que por tanto la lectura es una actividad como cualquier otra, casi un “hobbie”, algo marginal que irá retrocediendo con el tiempo y limitándose a los mensajes cortos de “las redes sociales”.
Leer es interesante y es bueno recordar que no sólo leemos libros, leemos todo lo que se nos presenta. Si leemos, viajamos, imaginamos, soñamos, cuestionamos, satisfacemos esa curiosidad nata, no nos quedamos sin respuestas y aumentamos nuestro vocabulario. Después de la alimentación, el refugio y la compañía, las historias son lo que más necesitamos en el mundo, y cualquier persona que respire debería saber la certeza de esta frase. Desde contarlas alrededor del fuego, a la invención de la imprenta, nuestra cultura siempre ha girado en torno a ellas. Son nuestra educación y nuestro escape, nos ayudan a conciliar el sueño y a tener inspiración y motivación para la acción que se necesita diariamente.
La televisión o los videojuegos no son nuestros enemigos, son simplemente métodos alternativos de narración que no tienen por qué desplazar a los libros si sabemos cómo introducir su uso adecuadamente en casa.
El amor por las historias está integrado en cada ser humano y hoy en día tenemos más medios para conocerlas y recibirlas que en cualquier otra época del mundo. La actualidad y las nuevas tecnologías nos permiten guiar a un personaje bajo nuestras propias órdenes o ver el transcurso de toda una vida en un par de horas, pero sobre todo podemos leer y sumergirnos en dichas historias y transmitírselas después a otros, como sí hicieron nuestros antepasados mucho antes que nosotros. Una forma única, irrepetible y romántica de conocer otros mundos y que no debemos dejar de enseñar a los más pequeños.
Corre por ahí el bulo de que leer no es para tanto. Que ya existe la televisión, que vivimos en un mundo audiovisual, y que por tanto la lectura es una actividad como cualquier otra, casi un “hobbie”, algo marginal que irá retrocediendo con el tiempo y limitándose a los mensajes cortos de “las redes sociales”.
Leer es interesante y es bueno recordar que no sólo leemos libros, leemos todo lo que se nos presenta. Si leemos, viajamos, imaginamos, soñamos, cuestionamos, satisfacemos esa curiosidad nata, no nos quedamos sin respuestas y aumentamos nuestro vocabulario. Después de la alimentación, el refugio y la compañía, las historias son lo que más necesitamos en el mundo, y cualquier persona que respire debería saber la certeza de esta frase. Desde contarlas alrededor del fuego, a la invención de la imprenta, nuestra cultura siempre ha girado en torno a ellas. Son nuestra educación y nuestro escape, nos ayudan a conciliar el sueño y a tener inspiración y motivación para la acción que se necesita diariamente.
La televisión o los videojuegos no son nuestros enemigos, son simplemente métodos alternativos de narración que no tienen por qué desplazar a los libros si sabemos cómo introducir su uso adecuadamente en casa.
El amor por las historias está integrado en cada ser humano y hoy en día tenemos más medios para conocerlas y recibirlas que en cualquier otra época del mundo. La actualidad y las nuevas tecnologías nos permiten guiar a un personaje bajo nuestras propias órdenes o ver el transcurso de toda una vida en un par de horas, pero sobre todo podemos leer y sumergirnos en dichas historias y transmitírselas después a otros, como sí hicieron nuestros antepasados mucho antes que nosotros. Una forma única, irrepetible y romántica de conocer otros mundos y que no debemos dejar de enseñar a los más pequeños.


















Gonzalo Julián | Martes, 08 de Octubre de 2019 a las 00:03:45 horas
Completamente de acuerdo.
Mi enhorabuena y mi apoyo.
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