Eugenio de Ávila
Lunes, 14 de Octubre de 2019
ME QUEDA LA PALABRA

Solo los políticos son felices en Zamora

Eugenio-Jesús de Ávila

[Img #30478]Regresé hoy, sobre las dos de la tarde, a Zamora. Lluvia. Restauro mi cuerpo con viandas zamoranas. Descanso de largo periplo por una de las provincias con mayor actividad económica de la nación, donde la gente se muestra solidaria, corre el dinero, el paisaje es hermosísimo, los edificios de una arquitectura magnífica, limpieza en las calles, amabilidad cuando preguntas por cualquier calle, plaza o museo. Sentí sana envidia. Pueblo ejemplar. Infraestructuras extraordinarias. Privilegiados por el Estado español, fuera durante la Restauración canovista, dictadura de Primo de Rivera, II República, franquismo, democracia…Se lo merece. Sus ciudadanos lucharon contra la injusticia. Tuvieron valor. No se acojonaron.

Después, salgo a las calles de Zamora: plaza de Alemania, San Torcuato, Plaza Mayor y llego a mi oficina. Seguía lloviendo. Me coloqué mi gabardina gris. Apenas gente por la calle. Los niños que salían del Colegio Universitario de aprender idiomas, pequeños que, cuando terminen sus carreras, se irán de Zamora para nunca más volver. Quizá en Navidad, si sus padres aún viven, o en Semana Santa, que hay barullo, amigos y memoria. Decía Rilke que la patria es la infancia.

Y, por el camino hacia mi labor, me deprimo, porque mi Zamora no es nada. Nos queda pasado en forma de iglesias románicas y una mentalidad decimonónica. Lo que pudo haber sido y no fue. La ciudad pretérito no sabe conjugar el futuro. Las tiendas vacías. Poca gente, jubilados, por las calles principales. Huele a naftalina, a ciudad apolillada, a tela vieja.

Solo hay una leve esperanza, que tampoco servirá para transformar Zamora: la llegada a Montelarreina de unos 1.400 militares con sus respectivas familias. No es mucho, pero suficiente cuando las parcas acechan. Ya hay miembros del PSOE que se apuntan el tanto. Estamos en la precampaña electoral. Vale. Pero se olvidan los jóvenes socialistas, ya adultos, de que fue con el felipismo cuando se inicia la decadencia de nuestra ciudad, la despoblación del agro, el cierre de establos de vacas de leches, más de 4.000 en la provincia; de líneas férreas, del traslado del regimiento Toledo a Salamanca, de la Prisión Provincial a Topas, de la desaparición de la Universidad Laboral. La entrada en Europa despobló nuestros campos. El pan de ayer, hecho con la harina de las subvenciones, fue el hambre de hoy.

¡Ahora estos políticos pretender hacernos creer que van a poblar esta provincia con 1.400 militares! No nos hacen un favor, nos lo deben. Bienvenidos sean los profesionales del Ejército español, al que te sirven tantos zamoranos. Pero necesitamos más inversiones públicas para que se mueva nuestra economía. Verbigracia: la autovía desde Zamora hasta la frontera lusa, la creación de un Polígono Tecnológico Agroganadero, la transformación de nuestras materias primas, como la apuesta por la Biorrefinería Multifuncional en Barcial del Barco y más y más.

Y no necesito viajar hasta esa comunidad española en la que he disfrutado más de una semana para saber que Zamora no es nada, que nadie nos tiene en cuenta, que nuestros políticos, todos, los del PP y los del PSOE, van a lo suyo, a conservar sus privilegios, sus salarios muy superiores a sus merecimientos académicos y profesionales; a servir a los jerarcas de sus respetivas formaciones. Viaje a Valladolid, Burgos, Salamanca, León y sentirán que hay vida, que se mueve el dinero, que hay jóvenes, universidades, trabajo, futuro. Cuando Zamora fue Objetivo 1, a poco de entrar en la C.E., llegaron enormes sumas de dinero de Europa para equilibrar población y desarrollo entre las provincias de Castilla y León. Ese dinero iba, entre otras provincias, para la nuestra; pero se quedó en Valladolid y Burgos. Punto. Decisiones políticas de ese hombre que tiene la comunidad más grande de España en la cabeza, Lucas, y del bonachón Herrera. Interesaba que esas provincias se enriquecieran, porque así los patrimonios de los políticos, pisos y locales, tenían fácil venta. Aquí, mientras, los jóvenes huían de la miseria, los viejos se morían y los adultos guardaban silencio. Solo los políticos son felices: Martínez-Maíllo, Mayte Martín Pozo, Antidio Fagúndez, Fernández Blanco…Toda una vida en la res pública. Zamora se muere. Ellos viven.

Comentarios Comentar esta noticia
Comentar esta noticia

Normas de participación

Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.

Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.

La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad

Normas de Participación

Política de privacidad

Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.122

Todavía no hay comentarios

Quizás también te interese...

Con tu cuenta registrada

Escribe tu correo y te enviaremos un enlace para que escribas una nueva contraseña.