ZAMORANA
Elecciones y campaña
Mª Soledad Martín Turiño
De nuevo en campaña, otra vez las mismas promesas que se desvanecerán tras haberlas pronunciado, de nuevo el esperpéntico espectáculo del insulto al adversario, la descalificación, la palabra tendenciosa… sin verlo, auguro que, como ha ocurrido en ocasiones anteriores, se hablará poco de programas y habrá mucho artificio con calentón mediático.
El hartazgo de los ciudadanos ya se está manifestando: algunos hemos solicitado que no nos envíen propaganda electoral a domicilio, se ha firmado para que los políticos no cobren un sueldo que no se han merecido ya que no han trabajado; he escuchado a muchas personas decir que no tienen interés en votar, y existe una sensación creciente de decepción hacia nuestros gobernantes; no confían en ellos porque hemos perdido meses en una inacción peligrosa, con graves temas sin resolver: los mismos presupuestos de Rajoy, transferencias a las comunidades autónomas que han llegado muy tarde, empresarios a la espera de un ambiente propicio para invertir y crear puestos de trabajo, proyectos de ley que no pueden tramitarse… son incontables las trabas que tiene un país cuando no forma gobierno.
Sin embargo, se preocupan de enzarzarse en debates que ahora no son pertinentes para distraer la atención, removiendo heridas que deberían estar cerradas y fomentando la división y no el acercamiento entre los ciudadanos. Mucha gente opina que estos males ocurren por culpa de unos dirigentes jóvenes que, pese a tener buena formación, no están curtidos en el arte de la diplomacia, la prudencia, la negociación o la estrategia. No estoy de acuerdo; creo más bien que su juventud va ligada a una desmedida ambición de poder rápido, sin tener en cuenta que un país es algo por lo que merece la pena detenerse a meditar, porque hay mucho en juego y millones de personas a las que afectan decisiones precipitadas o mal tomadas.
No quisiera dar la razón a las palabras que un día escribiera Goethe: “¡Qué pobres hombres son los que dedican toda su alma a los cumplimientos y cuya única ambición es ocupar la silla más visible de la mesa! Se entregan con tanto ahínco a estas tonterías que no tienen tiempo para pensar en los asuntos verdaderamente importantes”.
Ahora toca replantearse los candidatos, quitar o poner nombres en las listas, ganar adeptos para formar partidos, preparar estrategias y dar algún golpe de efecto para conquistar los votos indecisos, así que sacarán el conejo de la chistera con la misma habilidad del prestidigitador aunque no olvidemos que, al igual que los magos, este acto tan sorprendente no es real, solo es fruto de un estudiado truco.
Pasen y vean: el espectáculo está servido.
De nuevo en campaña, otra vez las mismas promesas que se desvanecerán tras haberlas pronunciado, de nuevo el esperpéntico espectáculo del insulto al adversario, la descalificación, la palabra tendenciosa… sin verlo, auguro que, como ha ocurrido en ocasiones anteriores, se hablará poco de programas y habrá mucho artificio con calentón mediático.
El hartazgo de los ciudadanos ya se está manifestando: algunos hemos solicitado que no nos envíen propaganda electoral a domicilio, se ha firmado para que los políticos no cobren un sueldo que no se han merecido ya que no han trabajado; he escuchado a muchas personas decir que no tienen interés en votar, y existe una sensación creciente de decepción hacia nuestros gobernantes; no confían en ellos porque hemos perdido meses en una inacción peligrosa, con graves temas sin resolver: los mismos presupuestos de Rajoy, transferencias a las comunidades autónomas que han llegado muy tarde, empresarios a la espera de un ambiente propicio para invertir y crear puestos de trabajo, proyectos de ley que no pueden tramitarse… son incontables las trabas que tiene un país cuando no forma gobierno.
Sin embargo, se preocupan de enzarzarse en debates que ahora no son pertinentes para distraer la atención, removiendo heridas que deberían estar cerradas y fomentando la división y no el acercamiento entre los ciudadanos. Mucha gente opina que estos males ocurren por culpa de unos dirigentes jóvenes que, pese a tener buena formación, no están curtidos en el arte de la diplomacia, la prudencia, la negociación o la estrategia. No estoy de acuerdo; creo más bien que su juventud va ligada a una desmedida ambición de poder rápido, sin tener en cuenta que un país es algo por lo que merece la pena detenerse a meditar, porque hay mucho en juego y millones de personas a las que afectan decisiones precipitadas o mal tomadas.
No quisiera dar la razón a las palabras que un día escribiera Goethe: “¡Qué pobres hombres son los que dedican toda su alma a los cumplimientos y cuya única ambición es ocupar la silla más visible de la mesa! Se entregan con tanto ahínco a estas tonterías que no tienen tiempo para pensar en los asuntos verdaderamente importantes”.
Ahora toca replantearse los candidatos, quitar o poner nombres en las listas, ganar adeptos para formar partidos, preparar estrategias y dar algún golpe de efecto para conquistar los votos indecisos, así que sacarán el conejo de la chistera con la misma habilidad del prestidigitador aunque no olvidemos que, al igual que los magos, este acto tan sorprendente no es real, solo es fruto de un estudiado truco.
Pasen y vean: el espectáculo está servido.


















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