LETRAS
Roma y Zamora, unidas por el amor
Gonzalo Julián
Tal vez sea un devaneo o tal vez un sueño no eterno, pero sí profundo. Los años ya no me dejan ver con claridad lo que es el uno, ni recordar lo que fue el otro.
Siempre hemos oído hablar de ROMA como la “CIUDAD ETERNA” y, ciertamente, el dicho/hecho hace justicia, en este caso y en esta Ciudad: Es, desde “siempre”, la Capital del Mundo, la Ciudad de la Belleza, de lo Imposible, de lo Imprevisible, de lo Interminable, del Caos-Perfecto, de la Encantadora-Imperfección. Se encuentra entre nosotros, con ellos, a lo largo de tres milenios: dando nombre a un Imperio, a una Era, a una Cultura. Re-naciendo, ella, con el propio RENACIMIENTO, al mismo tiempo que lo hacía la EDAD MODERNA, y albergando y dando cobijo a varios de los genios más grandes que ha visto la Humanidad, a la cual cambiaron, enseñaron, crearon…hasta permitirle llegar a como la conocemos en la actualidad: con sus Obras Maestras, sus Hallazgos, sus Construcciones. Sus nombres nos siguen transmitiendo paz, felicidad, perfección, belleza: MIGUEL ÁNGEL, RAFAEL, LEONARDO…
Nuestra ZAMORA, aún su antigüedad mayor, puesto que “estamos” desde la EDAD DEL BRONCE, no mantenemos con “La Cittá” prácticamente paralelismo alguno; (ya sé que no estoy descubriendo nada nuevo): No llegamos a dar nuestro nombre a ningún Imperio; de hecho aquí luchamos contra “el de ellos”, los Romanos, con un caudillo… luso, y que ha quedado inmortalizado por una gran roca de las que tenemos muchas: Granito…y una magna composición escultórica, fundida en el metal descubierto cuando nuestro nacimiento: Bronce.
Por supuesto que se nos construyeron magnos edificios: religiosos, civiles, privados… incluso preciosas Obras de Arte, que aún procesionamos por nuestras calles…pero ninguno de ellos perdura en la mente de cualquier Ciudadano del Mundo, (aunque muchos ya han venido a conocerla…y no la olvidan), como le ocurre a buena parte de las edificaciones, esculturas, palacios, pinturas, plazas… que ostenta argullosa aquella Ciudad.
Por si todo esto fuera poco…ella, como “Eterna” que es, seguirá “estando siempre”: ni siquiera el fanatismo fascista y una Guerra del Mundo contra ellos y dos países más, (Alemania y Japón), “iluminados” por sus “nuevos caudillos”, pudieron destruirla.
¡Pero algo nos une!. ROMA lleva su nombre, como no podía ser de otro modo, “desde siempre”. Nosotros lo cambiamos: de SEMURA pasamos a llamarnos ZAMORA en el año 904: hace 1.100 años. Sí, aquí está nuestra unión que llevamos en el corazón, aunque no nos vanagloriemos de ello, ni siquiera nos lo reconozcan ni, mucho menos, nos podamos haber “hermanado” con ellos.
Como sabemos, si “volteamos” a “R-O-M-A”, de su corazón sale: A M O R.
Si a “Z-A-M-O-R-A” le quitamos la “Z” y la última “A”… también a nosotros nos aparece el A M O R que llevamos dentro.
¡Que bonito acto sería!:
Zamora y Roma, unidas y hermanadas, en un Acto Oficial y trascendente, por el AMOR común que ambas llevan en su interior…y a la vista de todos.
Tal vez sea un devaneo o tal vez un sueño no eterno, pero sí profundo. Los años ya no me dejan ver con claridad lo que es el uno, ni recordar lo que fue el otro.
Siempre hemos oído hablar de ROMA como la “CIUDAD ETERNA” y, ciertamente, el dicho/hecho hace justicia, en este caso y en esta Ciudad: Es, desde “siempre”, la Capital del Mundo, la Ciudad de la Belleza, de lo Imposible, de lo Imprevisible, de lo Interminable, del Caos-Perfecto, de la Encantadora-Imperfección. Se encuentra entre nosotros, con ellos, a lo largo de tres milenios: dando nombre a un Imperio, a una Era, a una Cultura. Re-naciendo, ella, con el propio RENACIMIENTO, al mismo tiempo que lo hacía la EDAD MODERNA, y albergando y dando cobijo a varios de los genios más grandes que ha visto la Humanidad, a la cual cambiaron, enseñaron, crearon…hasta permitirle llegar a como la conocemos en la actualidad: con sus Obras Maestras, sus Hallazgos, sus Construcciones. Sus nombres nos siguen transmitiendo paz, felicidad, perfección, belleza: MIGUEL ÁNGEL, RAFAEL, LEONARDO…
Nuestra ZAMORA, aún su antigüedad mayor, puesto que “estamos” desde la EDAD DEL BRONCE, no mantenemos con “La Cittá” prácticamente paralelismo alguno; (ya sé que no estoy descubriendo nada nuevo): No llegamos a dar nuestro nombre a ningún Imperio; de hecho aquí luchamos contra “el de ellos”, los Romanos, con un caudillo… luso, y que ha quedado inmortalizado por una gran roca de las que tenemos muchas: Granito…y una magna composición escultórica, fundida en el metal descubierto cuando nuestro nacimiento: Bronce.
Por supuesto que se nos construyeron magnos edificios: religiosos, civiles, privados… incluso preciosas Obras de Arte, que aún procesionamos por nuestras calles…pero ninguno de ellos perdura en la mente de cualquier Ciudadano del Mundo, (aunque muchos ya han venido a conocerla…y no la olvidan), como le ocurre a buena parte de las edificaciones, esculturas, palacios, pinturas, plazas… que ostenta argullosa aquella Ciudad.
Por si todo esto fuera poco…ella, como “Eterna” que es, seguirá “estando siempre”: ni siquiera el fanatismo fascista y una Guerra del Mundo contra ellos y dos países más, (Alemania y Japón), “iluminados” por sus “nuevos caudillos”, pudieron destruirla.
¡Pero algo nos une!. ROMA lleva su nombre, como no podía ser de otro modo, “desde siempre”. Nosotros lo cambiamos: de SEMURA pasamos a llamarnos ZAMORA en el año 904: hace 1.100 años. Sí, aquí está nuestra unión que llevamos en el corazón, aunque no nos vanagloriemos de ello, ni siquiera nos lo reconozcan ni, mucho menos, nos podamos haber “hermanado” con ellos.
Como sabemos, si “volteamos” a “R-O-M-A”, de su corazón sale: A M O R.
Si a “Z-A-M-O-R-A” le quitamos la “Z” y la última “A”… también a nosotros nos aparece el A M O R que llevamos dentro.
¡Que bonito acto sería!:
Zamora y Roma, unidas y hermanadas, en un Acto Oficial y trascendente, por el AMOR común que ambas llevan en su interior…y a la vista de todos.

















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