ME QUEDA LA PALABRA
No me lo puedo creer
Si me creyese todo lo que me cuentan políticos y personas que se encuentran en la jerarquía de la información y pudiese contrastarlo, denunciaría a personajes tan burdos, con tan poca clase y elegancia como los que desempeñan su labor en la res pública y en el periodismo. Prefiero olvidarme de tanta ignominia, semejante bajeza e indignidad. Voy a dejar, negro sobre blanco, unos cuantos toques.
Verbigracia: ¿Se creería el lector que hubo un político que pagaba salario a otro de partido rival para tenerlo a su merced cuando dispusiese para la gobernanza de una institución determinada? Me responderá que mi imaginación se aloca, que he perdido la cordura, que mi mente envejece más deprisa que mi carne. Prosigo: ¿Digo la verdad si políticos de un determinado partido –voy a dejarme de circunloquios- del PP hacen campaña en contra de alguno de los candidatos al Senado? Y todavía más: ¿Había otra lista distinta a la que, finalmente, se aprobó para formar las candidaturas a las elecciones legislativas del 10 de noviembre, la que quería Madrid?Vale. Sigo en el siguiente párrafo.
Pregunto: ¿Cree que le miento si hay medios que piden a instituciones dinero por informar y, si el responsable político no lo acepta, critican con dureza sus criterios en la administración de la res pública? ¡Qué piensa vuesa merced de lo que le acabo de contar!
Sucede que esta cuestión parece ser la gestión habitual de ciertos personajes, porque se me ha confirmado tal proceder por parte de políticos de muy diferentes ideologías. Uno de ellos, me comentó que incluso se le amenazó con no ofrecer información de las acciones políticas de esa institución.
He escrito con reiteración que la deriva hacia el abismo económico y demográfico de nuestra ciudad y provincia hay que imputarla a decisiones políticas, adoptadas por los gobiernos centrales, con énfasis en el felipismo, al que tomó el relevo el PP, que, no obstante, ejecutó, es cierto, algunos proyectos en infraestructuras, más debido a la inercia que a la querencia; sin olvidarnos de las políticas dañinas de la Junta de Castilla y León, tanto el periodo de Lucas, un personaje que ha vivido toda su vida de la política, aun conociendo su escaso talento, como la del buenazo de Herrera, atenazado por personajes como Villanueva (requiescant pace) y otros malandrines de ese jaez, y, por supuesto, la inacción y las prácticas caciquiles de la Diputación Provincial, protagonista de dos casos políticos que alcanzaron fama nacional.
Y añadí en otros artículos que también señalo como culpables tanto a la cobardía de los zamoranos, incapaces de revolverse contra los que le humillan, roban, engañan, propio de su carácter, ese pesimismo antropológico, más el miedo secular al que ostenta el poder, como a la complicidad de los medios de comunicación locales.
Lo fue el viejo "El Correo de Zamora", siempre al servicio del PP, periódico en el que yo trabajé entre el 1984 y 1989 y entre 1990 y 1991, cuando era el periódico de los zamoranos, administrado por empresarios de aquí, incapaces, por cierto, de mantener la propiedad en nuestra tierra por ganar cuatro duros en una operación de venta a personajes de extraña carrera en el mundo de la construcción; aunque nunca tan dependiente como en estos últimos años de las “ayudas” públicas de las instituciones, como, por ejemplo, ayuntamientos, Diputación y ejecutivo autonómico. Y, como escribo, lo son ahora todos los que, con el pretexto de informar, se dedican a otras tareas alejadas del periodismo. Jamás se conoció a una prensa tan sumisa, pastoreada y estabulada por los pastores públicos como la actual. Y, cuando avance otra nueva crisis económica, más se notará la dependencia pública de los medios de comunicación privados. Eso sí, algunos arañan si no se les da lo que piden. Pero, con el dinero público, el de todos, no se tira. Hay todavía políticos serios.
Si me creyese todo lo que me cuentan políticos y personas que se encuentran en la jerarquía de la información y pudiese contrastarlo, denunciaría a personajes tan burdos, con tan poca clase y elegancia como los que desempeñan su labor en la res pública y en el periodismo. Prefiero olvidarme de tanta ignominia, semejante bajeza e indignidad. Voy a dejar, negro sobre blanco, unos cuantos toques.
Verbigracia: ¿Se creería el lector que hubo un político que pagaba salario a otro de partido rival para tenerlo a su merced cuando dispusiese para la gobernanza de una institución determinada? Me responderá que mi imaginación se aloca, que he perdido la cordura, que mi mente envejece más deprisa que mi carne. Prosigo: ¿Digo la verdad si políticos de un determinado partido –voy a dejarme de circunloquios- del PP hacen campaña en contra de alguno de los candidatos al Senado? Y todavía más: ¿Había otra lista distinta a la que, finalmente, se aprobó para formar las candidaturas a las elecciones legislativas del 10 de noviembre, la que quería Madrid?Vale. Sigo en el siguiente párrafo.
Pregunto: ¿Cree que le miento si hay medios que piden a instituciones dinero por informar y, si el responsable político no lo acepta, critican con dureza sus criterios en la administración de la res pública? ¡Qué piensa vuesa merced de lo que le acabo de contar!
Sucede que esta cuestión parece ser la gestión habitual de ciertos personajes, porque se me ha confirmado tal proceder por parte de políticos de muy diferentes ideologías. Uno de ellos, me comentó que incluso se le amenazó con no ofrecer información de las acciones políticas de esa institución.
He escrito con reiteración que la deriva hacia el abismo económico y demográfico de nuestra ciudad y provincia hay que imputarla a decisiones políticas, adoptadas por los gobiernos centrales, con énfasis en el felipismo, al que tomó el relevo el PP, que, no obstante, ejecutó, es cierto, algunos proyectos en infraestructuras, más debido a la inercia que a la querencia; sin olvidarnos de las políticas dañinas de la Junta de Castilla y León, tanto el periodo de Lucas, un personaje que ha vivido toda su vida de la política, aun conociendo su escaso talento, como la del buenazo de Herrera, atenazado por personajes como Villanueva (requiescant pace) y otros malandrines de ese jaez, y, por supuesto, la inacción y las prácticas caciquiles de la Diputación Provincial, protagonista de dos casos políticos que alcanzaron fama nacional.
Y añadí en otros artículos que también señalo como culpables tanto a la cobardía de los zamoranos, incapaces de revolverse contra los que le humillan, roban, engañan, propio de su carácter, ese pesimismo antropológico, más el miedo secular al que ostenta el poder, como a la complicidad de los medios de comunicación locales.
Lo fue el viejo "El Correo de Zamora", siempre al servicio del PP, periódico en el que yo trabajé entre el 1984 y 1989 y entre 1990 y 1991, cuando era el periódico de los zamoranos, administrado por empresarios de aquí, incapaces, por cierto, de mantener la propiedad en nuestra tierra por ganar cuatro duros en una operación de venta a personajes de extraña carrera en el mundo de la construcción; aunque nunca tan dependiente como en estos últimos años de las “ayudas” públicas de las instituciones, como, por ejemplo, ayuntamientos, Diputación y ejecutivo autonómico. Y, como escribo, lo son ahora todos los que, con el pretexto de informar, se dedican a otras tareas alejadas del periodismo. Jamás se conoció a una prensa tan sumisa, pastoreada y estabulada por los pastores públicos como la actual. Y, cuando avance otra nueva crisis económica, más se notará la dependencia pública de los medios de comunicación privados. Eso sí, algunos arañan si no se les da lo que piden. Pero, con el dinero público, el de todos, no se tira. Hay todavía políticos serios.















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