ZAMORANA
El mundo rural también tiene rostro de mujer
Ahora que empieza a ver la luz pública el trabajo silente de la mujer en el campo, reconociendo una labor callada desde siempre, tengo que añadir que, en justicia, debería valorarse la doble labor ejercida por esas mujeres que durante años salían al agro a trabajar con sus maridos recogiendo remolacha, trillando, segando, sembrando… pero su jornada no acababa ahí porque en casa, se ocupaban también de las tareas domésticas, del cuidado de sus mayores, del ganado y la crianza de los hijos. Este tímido reconocimiento pese a que llega tarde, que sea bienvenido y apreciado por cuanto el silencio fue atronador durante demasiados años. Quizá se debiera a que la mujer no creía posible que su trabajo fuera tenido en cuenta sencillamente porque era así y nunca esperaron compensación alguna.
Hasta ahora hemos visto cada año a mujeres en las campañas de recogida de aceituna o fruta, en trabajos eventuales y en una relación de claro desequilibrio con los hombres; sin embargo ahora que el campo y los pueblos se vacían, el papel de las mujeres salta a la palestra porque han dicho basta, han aprendido a conducir tractores y maquinaria agrícola, hay mujeres en explotaciones ganaderas y están solicitando prebendas y ayudas tan justas como necesarias, para que puedan continuar con su labor.
Me enorgullece comprobar que ya no son la “ayuda complementaria” de sus cónyuges, sino que llevan las riendas de manera individual y comprometida por igual. Además el ejemplo que transmiten a sus hijos e hijas es altamente positivo y puede servir para garantizarles un futuro laboral sin salir del entorno donde han vivido.
La mayor cantidad de mujeres dedicadas a las tareas agrícolas en España se centra precisamente en Galicia, Andalucía y Castilla y León, sin obviar las que trabajan en el resto de España; por tanto este problema nos toca de cerca y a nadie debe resultar ajeno.
Es de destacar que se han creado distintas asociaciones para subrayar el reconocimiento del trabajo desempeñado por las mujeres rurales: AMFAR (Federación de Mujeres y Familias del Ámbito Rural), FADEMUR (Federación de Asociaciones de Mujeres Rurales), FEMUR (Federación de la Mujer Rural), AFAMMER (Confederación de Federaciones y Asociaciones de familias y mujeres del medio rural), CERES (Confederación de Mujeres del Mundo Rural). Todas estas organizaciones están reconocidas por las administraciones públicas, sobre todo por el Ministerio de Sanidad del Gobierno de España. Asimismo algunos de estos colectivos están vinculados a las organizaciones profesionales agrarias: AMFAR está relacionada con ASAJA, CERES con COAG y FADEMUR con UPA. Esperemos que su labor se tenga en cuenta precisamente ahora que son supervivientes en unos pueblos vacíos donde continúan trabajando codo a codo con los pocos hombres que quedan, para que las faenas agrarias y lo que ello significa sirva como catalizador de un problema en el que se han implicado también un puñado de mujeres dispuestas a tirar del carro afrontando una cuestión tan acuciante como es la despoblación rural.
Quisiera reproducir unas líneas que aparecen en la página web del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación:
En el medio rural existe una marcada feminización de la asalarización y una masculinización del empresariado rural.
Las desigualdades observadas entre mujeres y hombres en el mercado laboral se acentúan al incrementar el grado de ruralidad.
La presencia de estereotipos y roles de género y su influencia en las desigualdades de género muestran que el sistema patriarcal sigue muy presente en la población rural y esto tiene una gran influencia en los ámbitos analizados. En líneas generales, se acepta que las mujeres ejerzan el rol productivo, siempre y cuando no abandonen el rol doméstico/familiar.
Está claro que la administración es perfectamente consciente de la situación agraria y del papel de la mujer en este campo; urge, por tanto, que se tomen medidas encaminadas a empoderar a la mujer, equiparar su trabajo y garantizar la sostenibilidad del medio rural.
Mª Soledad Martín Turiño
Ahora que empieza a ver la luz pública el trabajo silente de la mujer en el campo, reconociendo una labor callada desde siempre, tengo que añadir que, en justicia, debería valorarse la doble labor ejercida por esas mujeres que durante años salían al agro a trabajar con sus maridos recogiendo remolacha, trillando, segando, sembrando… pero su jornada no acababa ahí porque en casa, se ocupaban también de las tareas domésticas, del cuidado de sus mayores, del ganado y la crianza de los hijos. Este tímido reconocimiento pese a que llega tarde, que sea bienvenido y apreciado por cuanto el silencio fue atronador durante demasiados años. Quizá se debiera a que la mujer no creía posible que su trabajo fuera tenido en cuenta sencillamente porque era así y nunca esperaron compensación alguna.
Hasta ahora hemos visto cada año a mujeres en las campañas de recogida de aceituna o fruta, en trabajos eventuales y en una relación de claro desequilibrio con los hombres; sin embargo ahora que el campo y los pueblos se vacían, el papel de las mujeres salta a la palestra porque han dicho basta, han aprendido a conducir tractores y maquinaria agrícola, hay mujeres en explotaciones ganaderas y están solicitando prebendas y ayudas tan justas como necesarias, para que puedan continuar con su labor.
Me enorgullece comprobar que ya no son la “ayuda complementaria” de sus cónyuges, sino que llevan las riendas de manera individual y comprometida por igual. Además el ejemplo que transmiten a sus hijos e hijas es altamente positivo y puede servir para garantizarles un futuro laboral sin salir del entorno donde han vivido.
La mayor cantidad de mujeres dedicadas a las tareas agrícolas en España se centra precisamente en Galicia, Andalucía y Castilla y León, sin obviar las que trabajan en el resto de España; por tanto este problema nos toca de cerca y a nadie debe resultar ajeno.
Es de destacar que se han creado distintas asociaciones para subrayar el reconocimiento del trabajo desempeñado por las mujeres rurales: AMFAR (Federación de Mujeres y Familias del Ámbito Rural), FADEMUR (Federación de Asociaciones de Mujeres Rurales), FEMUR (Federación de la Mujer Rural), AFAMMER (Confederación de Federaciones y Asociaciones de familias y mujeres del medio rural), CERES (Confederación de Mujeres del Mundo Rural). Todas estas organizaciones están reconocidas por las administraciones públicas, sobre todo por el Ministerio de Sanidad del Gobierno de España. Asimismo algunos de estos colectivos están vinculados a las organizaciones profesionales agrarias: AMFAR está relacionada con ASAJA, CERES con COAG y FADEMUR con UPA. Esperemos que su labor se tenga en cuenta precisamente ahora que son supervivientes en unos pueblos vacíos donde continúan trabajando codo a codo con los pocos hombres que quedan, para que las faenas agrarias y lo que ello significa sirva como catalizador de un problema en el que se han implicado también un puñado de mujeres dispuestas a tirar del carro afrontando una cuestión tan acuciante como es la despoblación rural.
Quisiera reproducir unas líneas que aparecen en la página web del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación:
En el medio rural existe una marcada feminización de la asalarización y una masculinización del empresariado rural.
Las desigualdades observadas entre mujeres y hombres en el mercado laboral se acentúan al incrementar el grado de ruralidad.
La presencia de estereotipos y roles de género y su influencia en las desigualdades de género muestran que el sistema patriarcal sigue muy presente en la población rural y esto tiene una gran influencia en los ámbitos analizados. En líneas generales, se acepta que las mujeres ejerzan el rol productivo, siempre y cuando no abandonen el rol doméstico/familiar.
Está claro que la administración es perfectamente consciente de la situación agraria y del papel de la mujer en este campo; urge, por tanto, que se tomen medidas encaminadas a empoderar a la mujer, equiparar su trabajo y garantizar la sostenibilidad del medio rural.
Mª Soledad Martín Turiño















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