Mª Soledad Martín Turiño
Martes, 05 de Noviembre de 2019
ELECCIONES

Tras el debate electoral

[Img #31169]Decepción, fiasco, desengaño, desilusión y, sobre todo, una ingrata sensación de tomadura de pelo es lo que sentimos muchos españoles con un grado mínimo de inteligencia; tal vez sea cierto aquello de “no pienses y vivirás más feliz”, con lo cual aquellos que siguen la máxima al pie de la letra, disfrutarían de mayor bienestar. No obstante los que desde el alba al crepúsculo sentimos la necesidad de interesarnos por lo que ocurre a nuestro alrededor y no nos dejamos disuadir fácilmente con evasivas o ambigüedades, buscando el sentido de las cosas, aprendiendo de todo, investigando sobre ésta y otras realidades, cargando con el peso evanescente de la crítica, cuestionando, analizando, señalando la realidad y buscando o demandando soluciones, vivimos una especie de universo paralelo que nos espolea y eso es precisamente lo que nos lleva a buscar esa entelequia llamada felicidad, porque nos convencen pocas cosas.

 

Hago este preámbulo para manifestar mi decepción y contrariedad por las vanas promesas de los políticos en campaña electoral que en la noche de ayer debatiendo a cinco resumieron en una falsa palabrería tras los estrados, en arrancar aplausos a costa de deliberadas actitudes puntuales que no tendrán desarrollo ni repercusión futura ya que sus actos futuros no se corresponderán con los compromisos que ahora contraigan, en una verborrea falaz conscientes de que muchos de los contenidos de sus programas resultan inviables de llevar a la práctica. A esto añadimos el desinterés por concretar acuerdos que saquen a España de una situación de desgobierno que ya no se sostiene, más pendientes en ocupar carteras o mantener su relevancia personal que el bien del país.

 

Sin embargo más allá de la imagen pública que proyectan los líderes de los diferentes partidos, me pregunto qué sentirán en su intimidad, cuando se quiten la careta pública y, a solas consigo mismos, al amparo de la noche, en esa hora íntima que precede al sueño, si no tendrán algún tipo de remordimiento porque saben perfectamente que venden humo, aunque mucha gente espera con ansia su elección para que se les arregle ese futuro opalescente que les han prometido.

 

Me pregunto qué han visto en los ojos de ese anciano que les mira absorto anhelando que su exigua pensión llegue a cubrir sus necesidades básicas, que confían en que se funden residencias suficientes y dignas donde terminar sus días. Espero que vean la profunda desilusión en los ojos de muchos jóvenes preparados en España que tienen que irse fuera para trabajar porque aquí no se les ofrecen puestos adecuados a su nivel profesional. Ojalá cuando recorran el país se fijen en los pueblos vacíos, despoblados, en una cultura ancestral y tradiciones rurales que se están perdiendo. Ojalá vean en las ciudades pequeñas y en los pueblos un futuro para que muchos trabajos no tengan que desarrollarse necesariamente en las grandes urbes y creen industrias relacionadas con las fortalezas de esos lugares; ojalá sepan velar por tantas mujeres que viven amenazadas por sus parejas en sus propias casas, muchas en silencio y otras que acaban muertas, ojalá… y en ese momento de vigilia que antecede al sueño tengan éstas y otras cuestiones en cuenta para introducir en la campaña todos los datos y, de verdad, salgan o no salgan elegidos, se comprometan con las demás fuerzas políticas a llevarlos a cabo.

 

Espero no sentir más decepción, fiasco, desengaño o la desilusión de comprobar que se materializa el dicho de “una cosa es predicar, y otra dar trigo”; pero es tal el desánimo, han sido tantos los intentos fallidos de gobierno, tantas las llamadas a las urnas en los últimos tiempos, que los ciudadanos no queremos más promesas falaces, sino realidades que cuajen en el ánimo de los que vayan a gobernar con la imposición de que piensen en los ciudadanos, en el bien común y no en su crecimiento político personal.

 

 

Mª Soledad Martín Turiño

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