Kebedo
Jueves, 07 de Noviembre de 2019
ELECCIONES GENERALES DEL 2019

Me da igual cómo me llamen

[Img #31243]Pues así, de sopetón, me suelta mi vecina Marisol, completamente indignada por la ascendencia de VOX en el panorama democrático nacional, según indican los más recientes sondeos. -Y, no me cabe duda-, insiste, -que es hacer uso de un oxímoron cuando juntamos en una misma frase la palabra democracia y VOX-. 

-Y me da lo mismo-, continúa, -si es correcto o no llamarlos fascistas, ya sé que, ni esto es Italia, ni aquí está Benito Musolini; o si está bien denominarlos nazis, a sabiendas de que ni esto es Alemania, ni aquí mora ningún Adolf Hitler; o si es, históricamente hablando, procedente decir que son totalitarios comunistas porque aquí no hay ninguna U.R.S.S. ni le damos de comer a ningún Stalin-. Pero lo que es evidente, aserto con mi vecina, es que un partido legalmente y democráticamente constituido  y protegido por una Constitución, como es VOX, se aprovecha de las ventajas que da una democracia para bombardearla desde dentro, aprovecharse de sus herramientas y convertirla en lo que ellos son, un régimen totalitario de ultra derecha. Porque ellos no creen en la democracia.

Cuando los denominamos fascistas, nazis, comunistas, -que es lo mismo, oiga, no se asusten, que es lo mismo-, sabemos a ciencia cierta que no son los calificativos, que siendo históricamente rigurosos, le corresponderían, pero todo el mundo lo entiende. Importa poco la etiqueta o la calificación histórica si el meollo, que es lo que nos preocupa, se acerca a la penosa realidad de lo que representan, que son dictadores, totalitaristas, supremacistas, lo mismo que cuando nos referimos a los independentistas catalanes, que nos miran por encima del hombro y piensan que el resto somos la quinta mierda de universo. Son exactamente iguales. ¿Qué diferencia hay entre los planteamientos de VOX y los de “Galdalf” Torra?. Su lema es “Yo soy mejor que tú, por la gracia de Dios. Tú eres un ilegal, antipatriota, inculto e irreverente si no acatas lo que yo pienso”. ¿Qué diferencia hay entre unos y otros?. Únicamente la bandera en la que se envuelven.

Y los métodos de convencimiento que usan son absolutamente los mismos, la mentira, que repetida millones de veces cala y se asienta en los que no se paran a pensar ni un minuto en lo que se le está contando.  Göbbels ya inventó esto para encumbrar a su jefe, Adolf, y cargar de razón lo que fue una sinrazón. Y le dio muy buen resultado; no tanto para los miles de judíos, gitanos o para todo aquel que no era ario de “pura raza”. No tenemos memoria y me da igual si aquí no hay un Joseph Göbbels o un Heinrich Himmler junto al führer, pero el hecho y el fin son los mismos. Y si algo hay que agradecer a VOX es su franqueza –nunca mejor traído- porque ya han dicho que quieren “cepillarse” las autonomías o quieren ilegalizar a partidos políticos perfectamente constitucionales, que nos gustarán más o menos, pero que son legales. ¿Qué dirían si alguien propusiera que les ilegalizaran a ellos?. Y hablan sin complejos con aires xenófobos, racistas, machistas, homófobos, de quitarse de en medio a todo aquel que, según su criterio, claro, no es digno de vivir en ésta sociedad. Pero no es su sociedad, es la de todos, luego no tiene por qué decidir según su criterio. De echar a “los distintos” de un autobús a patadas a creerte con derecho a darle una paliza o, incluso, algo peor, solo va un paso y VOX está abonando el terreno.

El instalarse en la mentira, repetirla y exagerarla y llevarla como argumento a un debate político no es de recibo, es de tramposos. Bien es verdad que se necesita que el resto de espectro político, todo el espectro político, se le ponga enfrente y rebata, con datos y argumentos, las falacias que extienden esos “caudillitos”.

No es una labor sólo de la izquierda el plantarle cara a los ultraderechistas. Si queremos una higiene democrática tendrán que “mojarse” también los blanditos, esa derechita cobarde, que el mismo Abascal se atrevió a dejar en ridículo, tendría que haber puesto ya pié en pared y haber impedido los pasos adelante que éstos innombrables están dando.

Pero, claro, ¿qué le vamos a pedir a nuestra clase política?. ¿Qué le vamos a pedir a un Casado, que mintió hasta en la consecución de su título universitario y se apuntó un máster que no hizo?. ¿Ya se nos ha olvidado esto?. Si es capaz de mentirnos en algo tan básico, pero importante,  como es su preparación, en qué no nos mentirá después. ¿Qué le vamos a pedir a Rivera, ese transportador de ladrillos,  que ha dado casi tantos giros políticos como Rosa Díez -¡vaya pájara!, por cierto- y no sabe ya si es de derechas, de izquierdas o es budista. ¿Qué le vamos a pedir a Iglesias, que sigue atocinado pidiendo ministerios y no se ha enterado aún de que en ningún “Manual del Buen Comunista” pone que haya que hacer frente común con los independentistas y apoyar el “hecho diferencial” supremacista del que hablábamos antes?. Y, ¿Qué le vamos a pedir a Sánchez - evidentemente no es el más inteligente del PSOE- que no ha sido capaz de lograr evitar esta repetición de elecciones –no toda la culpa es suya, todos los demás tienen tanto o más responsabilidad en la mamarrachada- y que es muy posible que deje a su formación política con los mismos diputados que antes de ésta próxima convocatoria?.

Con estos mimbres pocos cestos se hacen y de ello se aprovecha “la derechita no cobarde”, según ellos, y va metiendo su cuñita para que todo aquel que no quiere enterarse de lo que pasa se quede en el discurso fácil de que el inmigrante nos roba, nos gasta la seguridad social, nos quita el trabajo y nos viola. Y el que no quiere analizar semejante barbaridad ni un instante, tiene ya el trabajo hecho. Se saltan a la torera los principios básicos de los ciudadanos y de la libertad individual,  lo mismo que le criticamos a los descerebrados en Cataluña. Así que me da igual el signo político o la bandera que lleven, el que se comporta así es un totalitarista, ultra, nazi o fascista, ¿a que se me entiende?.

Y como ejemplo, un botón; el partido político VOX, acaba de vetar al Grupo Prisa –eso es libertad de expresión- porque le sacan las vergüenzas y desmienten todas aquellas mentiras en las que está basada su campaña. Eso es lo que nos esperaría si estos impresentables consiguiesen llegar a un gobierno. Sería “su” prensa, “sus” periodistas y “sus” ideas. ¿Es que no nos acordamos de los “Forrenta” Años?, como los denominó el magnífico Forges.   Y no podemos consentirlo, tendremos que ir a votar, aunque sea con una pinza en la nariz, porque ellos sí que van a ir. 

 

Kebedo.  

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