Eugenio-Jesús de Ávila
Viernes, 08 de Noviembre de 2019
ELECCIONES

A Zamora le sentó muy mal la democracia

Reflexión en el último día de una campaña electoral, previa a unos comicios que nunca debieron celebrarse

Creo que ya lo tenga escrito mi hipótesis sobre la decadencia de Zamora, pero me encanta, en campaña electoral, insistir en mi aserto. Voy: “Nuestra ciudad y provincia recibieron un enorme castigo económico y social desde que se instauró esta democracia, tan barata, tan falta de calidad, de partidos que representen al pueblo”. Sí, lector, zamorano de cierta edad, joven o maduro, a Zamora le fue, le va, muy mal con este sistema, ya en franca quiebra ética y estética, política y económica. El bipartidismo murió. Ahora toca desmembrar el Estado por la periferia. Las regiones ricas, ante el colapso generalizado, huyen, como los hijos vagos que vivieron a cuenta de sus padres, pero abandonan el hogar familiar cuando amenaza ruina económica.

 

Zamora, como he narrado con reiteración, no es nada sin inversiones del Estado. Fue algo, entre las primeras 35 de España, mientras los gobiernos franquistas, más los socializantes de Falange, con Carlos Pinilla, mano derecha de Girón de Velasco, trataron con deferencia a nuestra provincia. Su obra se halla todavía en pie. Después, al tomar Felipe González el poder, el Estado inició su “deconstrucción” en Zamora: cierre de líneas férreas, con pérdida de unos mil puestos de trabajo en Renfe –aún recuerdo cuando tocaba la sirena al alba-; de la Universidad Laboral, de la Prisión Provincial, con traslado a la provincia de Salamanca; como el Regimiento Toledo, y, la silente reconversión agropecuario, exigida por Europa para entrar en el Mercado Común, que conllevó el cierre de más de 4.000 explotaciones de vacuno, hectáreas de tierras yermas, abandono del medio rural por los jóvenes y, por lo tanto, despoblación del campo. Ahora, el PSOE acusa al PP de que la España interior se haya vaciado. ¡Cara dura! Ambos son cómplices de nuestro declive social y económico.

 

Los jóvenes que se dedican al periodismo en los medios de comunicación locales ignoran nuestra historia reciente. No habían nacido cuando se inició el ocaso de nuestra tierra. Una gran mayoría no nacieron en Zamora. Trabajan como funcionarios. No les importa ni la ciudad ni la provincia. No son libres ni para escribir ni para hablar. Tragan. De algo hay que vivir. Pero si tuvieran alma, sentimiento, genio, estudiarían historia de Zamora para comprender por qué se ha llegado a este deterioro tan gigantesco.

 

La prensa provincial no critica, porque nunca como ahora se necesitó tanto del dinero público, vía publicidad, para que el negocio se mantenga. Nadie muerte la mano que le da de comer. Solo este barquito de papel, que navega contra corriente, al que se intentó hundir desde instituciones políticas, escribe lo que piensa, escribe de lo que verdaderamente interesa, intenta abrir los ojos y los cerebros de la Zamora apática, dormida, estabulada. Tarea hercúlea, quizá utópica; pero hay un Pepito Grillo, que vive columpiándose en mi esqueleto, que me exige combatir hasta que no haya más remedio, hasta mi jubilación, cercana en el tiempo.

 

Mi artículo de hoy, día dominado por Eolo, noche en la que cinco líderes políticos intentarán convencer a la masa española de que sus candidaturas, programas, que nunca cumplen, solo buscó despertar conciencias, nunca hacer proselitismo, en esta Zamora que camina cuesta abajo en la rodada, como el célebre tango, cuando este sistema se desmorona.

 

Nuestro futuro habrá que buscarlo en nuestro potencial agrario, en  exigir al Estado inversiones, y si es posible, concretar un autonomía que no sirva a los intereses del eje Valladolid-Burgos, la del viejo Reino de León. Y no hay más milagros. Miremos por nosotros, porque los grandes partidos solo juegan con Zamora a las elecciones. Cuando ganan la partida, se van para nunca más volver… Perdón, regresarán en las próximas legislativas, de aquí a otros seis meses. Tiempo al tiempo.

 

Corolario: A Zamora le sentó muy mal la democracia. Los datos son contundentes. Nos robaron personas, juventud y futuro. Solo les queda secar el río Duradero.

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