ESPECTÁCULO
Reconstrucción de la Batalla de Stalingrado, en Zamora
Librada por los ejércitos que representaron a los dos regímenes más asesinos del siglo XX, uno, el de Hitler, derrotado en 1945, el otro, el que perdura todavía en las mentes totalitarias de ciertos políticos, aunque el Muro de Berlín se derribase hoy hace 30 años

Los soldados rusos no libraron a Europa del Nacionalsocialismo, antípodas del fascismo, propio de Mussolini, socialista de izquierdas que dejó el PSI porque se había aburguesado. Stalin puso los muertos. No le importó. Tenía muchos súbditos preparados para el holocausto. Los americanos millones de dólares y armamento para que derrotasen al ejército alemán, dirigido por los mejores generales del mundo, pero que obedeció órdenes de un loco llamado Adolfo Hitler, cabo austríaco en la I Guerra Mundial. La batalla de Stalingrado, derrota brutal de las tropas germanas, principio del fin del Reich (Imperio), se debió al dictador alemán, una locura más de sus estrategias bélicas.
Stalin no libró a Europa occidental del nazismo. A la primera democracia del mundo, la americana, y el Imperio Británico debe su libertad las democracias europeas. Stalín sumió a la Europa oriental en una serie de dictaduras sangrientas, jamás conocidas por la Humanidad. Si el genocida soviético hubiera podido, también habría hecho de España una República Soviética, que habría eliminado a socialistas, cristianos, anarquistas y trotskistas. Anhelar ese régimen me parece inmoral, impropio y repugnante. Ucronía. Cierto. Pero los síntomas se detectaron durante la Guerra Civil en la zona revolucionaria, verbigracia, Madrid y Cataluña. Hay que leer a Orwell.
Los soviéticos levantaron un muro de la vergüenza en Berlín. Nunca para impedir el paso hacia el paraíso comunista a los hombres libres que vivían en Francia, Inglaterra, Italia y resto del orbe, sino para que los esclavos de la Alemania comunista, Hungría, Checoslovaquia, Bulgaria, Rumanía y Polonia no se escapasen del régimen, del sistema que más muertos causó en la historia de la Humanidad.
Elogiar a Stalin no es propio de un verdadero demócrata, solo de una mente totalitaria, que no vivió nunca en el Edén del comunismo. Nostalgia de la miseria, de la tortura, de la esclavitud. El monstruo georgiano convirtió a todos los seres humanos nacidos en los países del este europeo en judíos, en naciones transformadas en campos de concentración, del que nadie podría escapar. Vida muerta.
Hoy, en este otoño de lluvia, bendecido por Eolo, se ha vivido la segunda edición de la Batalla de Stalingrado. El tiempo no deslució la representación, se diría que propició un escenario más acorde a lo que se vivió en aquella ciudad rusa durante la II Guerra Mundial. Todo ha quedado muy apropiado. Casi perfecto. Faltó nieve. También existe todavía mucha ignorancia sobre el régimen criminal que presidió Stalin. ¡Qué pena!
Fotografías: Enrique Onís

Los soldados rusos no libraron a Europa del Nacionalsocialismo, antípodas del fascismo, propio de Mussolini, socialista de izquierdas que dejó el PSI porque se había aburguesado. Stalin puso los muertos. No le importó. Tenía muchos súbditos preparados para el holocausto. Los americanos millones de dólares y armamento para que derrotasen al ejército alemán, dirigido por los mejores generales del mundo, pero que obedeció órdenes de un loco llamado Adolfo Hitler, cabo austríaco en la I Guerra Mundial. La batalla de Stalingrado, derrota brutal de las tropas germanas, principio del fin del Reich (Imperio), se debió al dictador alemán, una locura más de sus estrategias bélicas.
Stalin no libró a Europa occidental del nazismo. A la primera democracia del mundo, la americana, y el Imperio Británico debe su libertad las democracias europeas. Stalín sumió a la Europa oriental en una serie de dictaduras sangrientas, jamás conocidas por la Humanidad. Si el genocida soviético hubiera podido, también habría hecho de España una República Soviética, que habría eliminado a socialistas, cristianos, anarquistas y trotskistas. Anhelar ese régimen me parece inmoral, impropio y repugnante. Ucronía. Cierto. Pero los síntomas se detectaron durante la Guerra Civil en la zona revolucionaria, verbigracia, Madrid y Cataluña. Hay que leer a Orwell.
Los soviéticos levantaron un muro de la vergüenza en Berlín. Nunca para impedir el paso hacia el paraíso comunista a los hombres libres que vivían en Francia, Inglaterra, Italia y resto del orbe, sino para que los esclavos de la Alemania comunista, Hungría, Checoslovaquia, Bulgaria, Rumanía y Polonia no se escapasen del régimen, del sistema que más muertos causó en la historia de la Humanidad.
Elogiar a Stalin no es propio de un verdadero demócrata, solo de una mente totalitaria, que no vivió nunca en el Edén del comunismo. Nostalgia de la miseria, de la tortura, de la esclavitud. El monstruo georgiano convirtió a todos los seres humanos nacidos en los países del este europeo en judíos, en naciones transformadas en campos de concentración, del que nadie podría escapar. Vida muerta.
Hoy, en este otoño de lluvia, bendecido por Eolo, se ha vivido la segunda edición de la Batalla de Stalingrado. El tiempo no deslució la representación, se diría que propició un escenario más acorde a lo que se vivió en aquella ciudad rusa durante la II Guerra Mundial. Todo ha quedado muy apropiado. Casi perfecto. Faltó nieve. También existe todavía mucha ignorancia sobre el régimen criminal que presidió Stalin. ¡Qué pena!
Fotografías: Enrique Onís






























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