Mª Soledad Martín Turiño
Miércoles, 13 de Noviembre de 2019
ZAMORANA

El ser y la nada

[Img #31424]Desde este espacio vacío que depende únicamente del fulgor de una lejana estrella fugaz, apenas visible y demasiado rápida para la vista, vislumbro otras existencias -desconozco si más felices que la nuestra- y nuevos mundos donde se desarrolle una vida. A veces nos creemos tan el centro del universo que descartamos esta obvia realidad.

 

Cierto es aquello de que lo que no se ve no existe, pero ¿seremos tan condenadamente prepotentes como para no admitir que el universo es demasiado extenso para no hallar cabida a otras civilizaciones?

 

Yo creo en los mundos paralelos, entre otras cosas porque son una realidad en este nuestro. Hay personas que coexistiendo con nosotros, forman parte de una fábula en la que habitan sin ver las mismas realidades. Del mismo modo, vivos y muertos no son dos existencias, sino una con diferentes energías: la del cuerpo físico que solo dura mientras está vivo, y la que pasa a un estado inmaterial cuando morimos. Ambas no dejan de ser energías que se transforman dependiendo del momento. Platón es el principal exponente de la reencarnación en los griegos del que tenemos noticia, y algunas religiones orientales como el hinduismo, el budismo o el taoísmo creen en también en la reencarnación del cuerpo; otras como la católica esperan una segunda vida en el más allá y aspiran a la resurrección. Hay incluso quienes piensan que existen vidas paralelas que no son, en definitiva, más que un consuelo a la necesidad de hallar respuestas cuando el cuerpo nos abandona; la filosofía o la meditación ayudan a este propósito.

 

El hecho de pensar en diferentes existencias fuera del mundo que habitamos ha dado para mucho en las artes plásticas; la pintura, el arte, la literatura o el cine se han hecho eco de tal inquietud y nos han presentado a lo largo del tiempo a seres de otros planetas con curiosidad, morbo e ingenio, conjeturando desde una mutua fraternidad, a un ataque de ellos al mundo que habitamos; todo son, en definitiva, fabulaciones puesto que si es cierto que hemos recibido alguna visita extraterrestre no existe una confirmación oficial que lo corrobore con claridad; así que cuando puedo escapar de las turbulencias de la contaminación lumínica de la gran urbe y me escapo a un lugar más amplio, elevo la vista al firmamento y me recreo en la contemplación de todo un mundo tintineante que sigue sobre nosotros y, como por arte de magia, desaparece al llegar el día y cubrirse todo el orbe con un manto azul que lo oculta.

 

Quiero soñar con otras existencias que pudieran enseñarnos a ser más generosos con los demás, a evitar desigualdades, a sembrar la tierra de amor y no odio y a tratarnos, en fin, como lo que somos: hermanos diferentes habitando un mismo lugar que se llama tierra.

 

Mª Soledad Martín Turiño

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