Eugenio de Ávila
Viernes, 15 de Noviembre de 2019
NECROLÓGICA

Querido Fernando: amigo y maestro

Sofía Martín Aldea

[Img #31526]Jamás pensé que tendría que escribirte estas palabras y que fueran por tu pronta ausencia.
La muerte forma parte de la vida pero nos aferramos a ese instinto natural que hace creernos inmortales. Los seres a los que amamos y queremos no se pueden morir. Convivir con esta creencia nos da el impulso vital para superarnos cada día y ver el reflejo de su vida en la nuestra, ¿Qué sentido tendría sino la existencia?...
En el año 2000 me abriste las puertas de tu despacho para aprender el oficio tan complicado de “ser abogado”, pero ante todo el de “ser persona en la vida”. Esa era la esencia fundamental de Fernando.
Todos lo que hemos aprendido con él tenemos una lección de vida que ha marcado nuestros caminos, mis compañeros, Agustín, Julio, Carlos, José Luis, Olga, Maribel, Marisa, David, Jesús, Charo… y nuestra incondicional Nieves quien ha velado por todos nosotros desde la fundación del despacho de Fernando. Él nos inculcó su saber estar en la vida y su personalidad de la que siempre hacia gala. Le estamos agradecidos por su tiempo, su cariño y el afecto que nos dedicó en todas y cada una de las horas de despacho con una paciencia infinita, sin perder jamás su señorío.  
Cada viaje a un juicio era una experiencia llena de anécdotas, con el temple y aguante propio del Santo Job. Era capaz de explicarnos la defensa de un juicio  mientras íbamos de camino en el coche al partido judicial que tocaba por agenda. El regreso se llenaba de conclusiones, comentarios, anécdotas, a lo sucedido en Sala, y,  no faltaba la parada
obligada en el lugar de turno para la compra de los víveres típicos de la zona. Experiencias profesionales y vitales unidas e inseparables.  
Al igual que Job, el también superó todas las pruebas que la vida le puso de frente, y, aunque no ha tenido la compensación de los 140 años de vida, seguro que la recibe donde ya está junto a su amigo Jesús.
En esos años Fernando fue uno de los Decanos más jóvenes de España, y, compaginar el Decanato de un Colegio profesional con toda la actividad profesional del despacho es posible solo si eres vocacional y llevas en la sangre esa inquietud por el ejercicio de la profesión. Él lo hacía, y, la vida institucional siempre la dignificó, progresando día a día hasta alcanzar la Presidencia del Consejo de la Abogacía de Castilla y León y renovando su mandato por unanimidad de todos sus compañeros. Eso vino acompañado de innumerables distinciones a su labor que recibía y por las que se le concedió la Presidencia de Honor del Consejo de la Abogacía de Castilla y León.  
La profesión nos unió y fraguó una amistad sincera, incondicional, y llena de buenos momentos en los que hemos celebrado siempre que la vida nos sonreía y a veces que no era tan fácil, pero siempre unidos.
El día de su obituario solamente publiqué unas palabras donde decía que se nos iba una persona grande humanamente, con sentido del honor  como patrimonio del alma que decía Calderón, y pasados unos días, mediante estas palabras le rindo este sentido homenaje al que seguro se unen todos mis compañeros del despacho y profesión. Hoy celebro la vida, porque con personas como Fernando, la vida tiene sentido.
 
SOFIA MARTIN ALDEA.
Letrada del Consejo de la Abogacía de Castilla y León.
 

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