Eugenio de Ávila
Viernes, 22 de Noviembre de 2019
ME QUEDA LA PALABRA

No soy pesimista, describo el estado real de nuestra Zamora

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Me comentaba, hasta cierto punto enojada, una buena amiga de este escribidor, empresaria, que da a trabajo a más de un centenar de personas en nuestra provincia, que me muestro demasiado pesimista sobre el futuro de Zamora en mis últimos artículos. Apenas pude responderle, ni defenderme de su acusación, porque ni el espacio, ni la gente resultaban apropiados para abrir un debate dialéctico entre ambos, hombre y mujer, periodista y emprendedora, ambos autónomos.

Aprovecho, pues, que soy el editor de El Día de Zamora para defenderme de que se me tilde de pesimista. En absoluto. Si sigo escribiendo es que mantengo una cierta esperanza sobre el porvenir de nuestra tierra y de las personas que viven aquí, en la capital, ciudades y pueblos de zamoranos. Como mis artículos los lee mucha gente, cada cual con su ideología, conservadora o progresista, dos términos que odio, pero que explicito para que se me entienda, espero que, cual la lluvia lenta y cansina, rotunda y permanente, vaya empapando de realidad a mis lectores.

He analizado, en numerosos artículos, escritos en los últimos años, sin censura, las causas de la decadencia económica y social de Zamora, provincia que contiene comarcas definidas desde hace mucho tiempo como desiertos demográficos. No volveré a enfatizar sobre los reos de nuestros males. Pero tampoco debo, aunque pueda, evitar describir lo que ven mis ojos: tiendas cerradas, locales en alquiler, envejecimiento de la población, pueblos vacíos, en los que la edad media supera ya los 70 años, cierra de más de 4.000 explotaciones de ganado vacuno, escasa actividad económica, la más baja de España, y las jubilaciones más pequeñas de la nación. Podría hacerme el bobo, el tonto de baba, sonreír, escribir que todo va bien, que Zamora es una ciudad tranquila –como también lo son los cementerios-, en la que los minutos duran 70 segundos; que aquí no necesitamos más obreros, que la Semana Santa es única, la mejor de las Españas, que tenemos más de una veintena de iglesias románicas, magníficos edificios modernistas y eclécticos, y una historia medieval que habría llevado al teatro el mismísimo Shakespeare. En fin. Pero no me gustó nunca esconder la realidad, taparla con palabras, sepultarla con verbos. No sería yo. Hay mucho juntoletras, cobistas, pelotas a los que se les da a la perfección el silencio, gente que han logrado escribir sin palabras, sin verbos, sin nada.

Y no solo describo lo qué pasa en mi ciudad, sino también, como escribí más arriba, las causas que nos condujeron a esta muerte viva, y, además, propongo ideas, animo a los zamoranos más bizarros, audaces y valerosos a combatir por el futuro, a denunciar lo que ocurre, a plantear proyectos que pongan fin a la apatía general de nuestros paisanos, a los que les da igual tirios que troyanos, montescos o capuletos. E insisto, por enésima vez, Zamora necesita un partido que nos represente, porque los PSOE, PP y demás formaciones nacionales se llevan riendo de nosotros desde que la democracia es tal. Nos envenenan con sus disputas ideológicas, vanas y ridículas, que solo sirven para mantener enervado a un pueblo que no se entera ni de lo que ocurre ni de lo que pasa en realidad.

Y, por último, aplaudo al alcalde de León que hoy –eso escuché en una emisora- la autonomía para el Reino de León. Habrá que exigirla ya. Espero que el PSOE no se deje llevar por los dirigentes castellanos y comparta el anhelo de la mayor parte de leoneses y zamoranos –no sé si en Salamanca importa este asunto- para que Castilla deje de mangonear, engañar y pisotear a las provincias leonesas. Punto por hoy.

Fotografía: Esteban Pedrosa

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