Mª Soledad Martín
Miércoles, 27 de Noviembre de 2019
ZAMORANA

El tiempo corre, la paciencia se agota

Cuando impere el buen juicio que duerme en un letargo prolongado desde hace más tiempo del que debería, y cuando la gente, harta ya de una situación de desgobierno torpedeada por aquellos que pretenden el caos y la división, se movilice definitivamente para exigir una situación política estable, entonces es posible que los gobernantes actúen, acorralados por la masa que, como siempre, sufre consecuencias devastadoras de desigualdad, de falta de perspectivas, de falta de futuro y de inestabilidad. Puede que la edad me haya convertido en una persona descreída, ya no creo en las vanas promesas en las que confiaba a pies juntillas y antes me hacían soñar, ni tampoco en la gente porque veo muchos lobos con piel de cordero, personas que no dudan en pisar la cabeza del supuesto amigo para medrar en su camino profesional. Lo he visto demasiadas veces, lo he vivido en primera persona y los cuentos de hadas se quedan solo para los niños antes de que pierdan la candidez y la ingenuidad y se conviertan en adultos pensantes.

 

A menudo me pregunto hacia dónde vamos, qué futuro nos espera en este increíble país llamado España, cuando llegará la calma de gobernar sin sobresaltos durante cuatro años sin la amenaza de acudir a las urnas de nuevo. Es mucho el dinero que se ha despilfarrado con tantas elecciones, pero además es también mucho el desgaste emocional de la gente que votamos y, supongo, que también de los políticos que se ven en una situación similar a la de antes de los comicios. Es cierto que algo se ha modificado el mapa político: Vox ha resurgido con fuerza, Ciudadanos ha caído y su líder se ha visto obligado a dimitir pero, a excepción de estos hechos, el caso es que continúa el bloqueo si no hay nadie que, con voluntad y sentido, lo remedie. Tal vez haya que renovar a esos líderes encallados en una contienda de reparto de sillones, egos, estorbos y vetos que trasciende lo político y se ha convertido ya en personal, cuando una de las bases en las que debe sustentarse quien se dedica a la política es el servicio público, más allá de las afrentas o enconamientos testosterónicos para lograr ministerios o mantenerse en la poltrona del poder.

 

Me gustaría apelar al sentido común y a la buena voluntad para sacar adelante pactos a nivel nacional que todos apoyen y que no se modifiquen al albur del político o partido de turno: trabajo, educación, sanidad, pensiones, pueblos vacíos y futuro de los jóvenes son algunos de los acuerdos que deberían estudiarse entre todos los partidos y sentar las bases para que se mantuvieran vigentes, fuera quien fuera el presidente de turno. No podemos permitirnos seguir encallados por más tiempo; son muchos los temas que esperan resolución y a estas alturas resultaría indigno y vergonzoso continuar con las mismas tribulaciones que llevamos sufriendo desde antes del mes de Abril.

 

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