Verónica de Ávila
Sábado, 14 de Diciembre de 2019
OPINIÓN

No me gusta que a los toros te pongas la minifalda

Las respuestas a la sentencia del "Caso Arandina" demuestran que seguimos señalando a las mujeres como culpables de las agresiones sexuales

Me avergüenzo de que en mi ciudad y en Aranda se convoquen manifestaciones a favor de los tres futbolistas condenados por agredir a una adolescente de 15 años. ¿Quién va a querer denunciar una violación después de lo que se le está haciendo a esta niña? Todo el mundo opinando "de oídas", porque solo si nos violan y matan la gente se manifiesta a nuestro favor, ahí sí damos pena. En la ciudad de Leticia Rosino y Laura Luelmo, yo esperaba que fuéramos un ejemplo de respeto a las mujeres y no letristas de Manolo Escobar.

Cartel de la concentración convocada en ArandaConfieso que hoy estoy triste, como zamorana, como mujer y como profesora que ha trabajado en la zona de Aranda. Después de que se comunicara la sentencia de cárcel para los tres jugadores de la Arandina, no he parado de leer comentarios agresivos, cerrados, machistas y poco sensibles, muchos de ellos de mujeres, demostrando que perdura eso tan antiguo, propio de los tiempos de posguerra o del derecho de pernada, de señalar a la golfa del pueblo como culpable de que los hombres se aprovechen de ella, la dejen embarazada, la acosen, porque, ¡vamos a ver, cagüenlaleche, un hombre es un hombre y, si ella va provocando...! 

 

En principio, sin leerse la sentencia, lo normal, en una sociedad evolucionada, educada y culta, es que defendiéramos a la menor y confiáramos en la justicia (hasta que no diga lo contrario), pero justo está sucediendo lo contrario: desde el principio, la fama de la niña la condenó y ¿quién va a preguntarse qué hacen tres futbolistas guapetones con una adolescente?: ¡qué no hubiera ido! ¡nadie la obligó a meterse en ese piso! ¡pero míralos, si son futbolistas, limpicos y... son futbolistas, ya se sabe, les gusta la fiesta, son jóvenes...!

 

Voy a intentar dejar de lado mi carácter e intentaré ser didáctica: Hagamos todos el ejercicio de volver a la adolescencia. En clase, tenemos al chulito, al malote, la golfa, la empollona, el hijo de la profe, la líder, la conquistadora y su amiga, el chico de los granos, el deportista, el débil con el que se mete el malote... 

 

Si yo os explico que el malote tenía problemas de comprensión lectora, le costaba centrarse y las matemáticas no eran lo suyo, sumado todo a la falta de apoyo de una familia desestructurada... ¿entendemos que prefiriera ser el matón que no quiere estudiar al tonto de la clase?... ¿os parece verosímil? Bien.

 

Si yo os digo que la chica fácil tiene encima un estigma que no recuerda cómo logró y que ya no sabe cómo dejar de ser "la golfa". Si yo os digo que ella no se quiere, no se gusta y prefiere llenar su vida de relaciones estúpidas a sentirse sola, poco querida, fea... ¿os parece verosímil?

 

Pues dejemos de juzgar ya a nuestros adolescentes como si los conociéramos y ayudémosles, dejemos que hablen y creamos lo que nos dicen de palabra y a solas. No por whatsApp, no en redes sociales o con sus amigotes...

 

Y, dejando salir a la bruta que llevo dentro: ¿y qué si eres puta? ¿golfa? ¿facilona? ¿qué pasa si caminas en pelotas? ¿si bebes? ¿si sales de madrugada? ¡qué! ¡no puedes decidir cuándo, dónde y con quién! ¿Quiénes somos para prejuzgar a esta pobre chica? ¿cómo alguien puede convocar una manifestación en Zamora un año después del asesinato de Laura Luelmo? 

 

¿Quiénes somos para no preguntarnos en ningún momento en qué coño pensaban estos tíos cuando la metieron en su casa y apagaron la luz? ¿quiénes somos para no censurar que esos tres futbolistas salieran del Juzgado amenazando a la niña una vez más? ¿Nadie les va a pedir que reconozcan que se sobrepasaron, que se equivocaron, que se creyeron dioses deseados? ¿Nadie les va a explicar que solo tener relaciones con una cría de 15 años es delito? Ah, no, ella subió a su casa, ella se lo buscó, ella era una fresca, una golfa, todo el mundo la conoce... ella, ella, siempre ella. "No me gusta que a los toros te pongas la minifalda".

 

Nos queda mucho por evolucionar como sociedad, porque tenemos que aprender que las mujeres violadas no denuncian por miedo a qué pensarán de ellas o a ser señaladas como culpables de su propia agresión sexual y que, cuando lo hacen, demuestran una gran valentía, porque su denuncia no va a evitar su sufrimiento, pero sí librará a otras mujeres de pasar por lo mismo.

 

Tenemos que aprender que el estigma de mujer violada no es fácil de llevar, que con 15 años no es fácil decirle a tus padres que han abusado de ti tres futbolistas, que te han obligado a practicar sexo oral, que te has metido en su piso y te has enrollado posteriormente con el que te gustaba y no sabes por qué.

 

Tenemos que aprender que nadie quiere ser señalada como "la violada del pueblo" y por eso es difícil que una mujer denuncie algo así, a no ser que te viole un grupo de marroquíes, ahí eres siempre apoyada. 

 

En lugar de juzgarla a ella, enseñemos a nuestros jóvenes que: 

 

-Sexo con los amigotes y una chica: No.


-Sexo con menores: No.


-Sexo con una chica que está borracha o drogada: No.


-Grabar agresión sexual: No.


-Si una chica dice No: No.


-Si una chica no habla, está inmóvil y no se comporta de una forma normal: No.

 

Luchemos para que nuestras hijas no salgan del Juzgado de la mano de un hombre condenado por violación, para que no tengan hijos en un bis a bis con un condenado por violación o se hagan amigas del resto de las novias de la "manada" condenada por violación y dejemos que la justicia tenga la última palabra. ¡Amén!

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