RES PÚBLICA
Política: malandrines y buenas personas
Me inicié en esto del periodismo en el verdadero El Correo de Zamora, el periódico del que eran accionistas muchos empresarios zamoranos y también Iberduero. He conocido la política desde fuera, como profesional en el mencionado medio de comunicación; en TVE, en Castilla y León, y, por dentro, durante mi etapa en la Diputación, ejerciendo funciones de jefe de Gabinete, cuando la presidía J. Antolín Martín. Poseo, pues, una experiencia singular sobre la política y los políticos, sus hacedores. Empírico.
Demasiados años en el conocimiento de la res pública que me capacitan para analizar y criticar a los que se ejercitan en los administradores del Estado, sea cual fuere la institución. Mi juicio sobre asunto tan esencial para la ciudadanía le resultará extraño, quizá insólito, al lector. Pero ya no me aguanto más, máxime si España vive uno de sus periódicos históricos más complejos, víctima, una vez más, del separatismo egoísta catalán, que se inició a principios de la centuria pasada, por no remontarme al barroco, y unos dirigentes, a la diestra y a la siniestra, mediocres, ególatras y funestos.
Pero si los racistas catalanes han chantajeado a España, a todos sus presidentes, ahora y antes, se ha debido a la cobardía de Azaña y a las izquierdas revolucionarias en tiempos remotos, y a la de los mandatarios del PSOE y PP durante el actual periodo democrático, desde el inicio de la Transición. No obstante, desciendo mi análisis al ámbito local, porque no es momento de hablar de historia sobre la deriva de España, de lo que llevo escribiendo ha tiempo.
Como explicaba con anterioridad, aunque mi opinión sea subjetiva, después de tantos años en los alrededores de la res pública, he llegado a realizar una taxonomía del político. Veamos. Hay personas que llegaron a la política como si fuera una profesión para toda la vida. Carecen, por lo general, de ideología. Aquí, en Zamora, ingresaban en el PP porque este partido daba mejores intereses y se alcanzaba mayor rédito. El PSOE no fue nunca la mejor opción, quizá en las ciudades, pero poco más. Sostengo que muchos altos cargos populares, si hubieran nacido y vivido en Andalucía, se habrían apuntado al socialismo; de haber venido al mundo en el País Vasco, al PNV, y en Cataluña, a la formación de Jordi Pujol. Cuando se carece de ideología, cualquier partido es positivo para alcanzar el poder, para vivir del cuento político.
Sucede que estos vividores emplean todo tipo de trampas, artimañas y añagazas para ascender hasta la cúspide de los partidos, mientras aquellos que militan por ideas, por querer cambiar la sociedad para que el ciudadano viva mejor, incapaces de emplear tretas e intrigas domésticas, acaban por ser apartados de la jerarquía e incluso condenados al ostracismo. Le sucedió a J. Antolín Martín, por citar al ejemplo más diáfano; pero también a otros populares que no aspiraban a tan altos cargos.
En el PSOE, sucedió algo parecido, como acontece en toda formación de poder. Aquí, en Zamora, y en el resto de España. Porque, en verdad, una persona de izquierdas debería ser la más crítica con las corrupciones del felipismo, desde Filesa a los GAL, pasando por los hermanos Guerra; a las de los EREs en Andalucía, el robo del dinero de los trabajadores para repartirlo entre los afines. Un ciudadano que se considera progresista debería criticar, con gallarda dureza, a estos malandrines que convirtieron la política en un patio de Monipodio, y, con mayor énfasis, se definían como gente de izquierdas.
Estas estructuras de los partidos nacionales, en esencia corruptibles, donde una jerarquía, muy reducida en número, dicta sentencias sobre quiénes deben aparecer en las listas electorales, ya en los comicios locales, bien en las elecciones legislativas, facilitan el actual estado de la política española, en la que el pueblo no elige, en absoluto, a sus representantes políticos, solo rubrica la elección de la cúpula dirigente.
En los partidos minoritarios, apenas suceden felonías, un fenómeno raro, si bien en Ciudadanos hubo un periodo, desde el nombramiento de su diputado nacional y la negativa a que Reyes Merchán liderada la lista naranja a las Cortes de Castilla y León, con fuertes tensiones internas. Se olía poder. Solo fue eso. El tiempo reestructura las organizaciones políticas.
Izquierda Unida de Zamora, porque en Madrid su líder, Alberto Garzón, se vendió a Podemos, me parece el ejemplo más acertado de personas que entraron en política para ejercer, casi siempre en la oposición, hasta el 2015, cuando alcanzó la Alcaldía. Francisco Guarido no es un político profesional, sino un ciudadano que entró en política para aplicar sus ideas. No ambiciona el poder para mejorar su patrimonio, algo muy común entre el mundo de la política. Se podrá estar de acuerdo con su ideología o en profunda discrepancia, pero no vino a hacer negocio con la res pública. Como el regidor también hay otros políticos que aman la cosa pública en nuestra tierra. Verbigracia: Miguel Ángel Mateos, ya apartado definitivamente de la política, o ahora Francisco J. Requejo, por citar a primeras figuras.
El estado de la política en nuestra nación, lamentable, desolador y desesperante, se debe a que personajes de vulgaridad infinita, gente tramposa, capaz de firmar tesis doctorales plagiadas, de exigir a las empresas tantos por cientos determinados para repartir obras públicas, de practicar el nepotismo en las instituciones públicas, de quedarse con el dinero de los trabajadores para repartirlos entre los adeptos, accedieron y, a través de múltiples subterfugios, argucias, celadas y maquinaciones, alcanzaron la máxima jerarquía en sus respectivos formaciones políticas. Los malandrines que triunfan en la res pública carcomen la democracia, la vida pública y el Estado hasta derribarlo, desmoronarlo y aniquilarlo. España se encamina hacia su destrucción como nación democrática. Cuestión de tiempo.
Me inicié en esto del periodismo en el verdadero El Correo de Zamora, el periódico del que eran accionistas muchos empresarios zamoranos y también Iberduero. He conocido la política desde fuera, como profesional en el mencionado medio de comunicación; en TVE, en Castilla y León, y, por dentro, durante mi etapa en la Diputación, ejerciendo funciones de jefe de Gabinete, cuando la presidía J. Antolín Martín. Poseo, pues, una experiencia singular sobre la política y los políticos, sus hacedores. Empírico.
Demasiados años en el conocimiento de la res pública que me capacitan para analizar y criticar a los que se ejercitan en los administradores del Estado, sea cual fuere la institución. Mi juicio sobre asunto tan esencial para la ciudadanía le resultará extraño, quizá insólito, al lector. Pero ya no me aguanto más, máxime si España vive uno de sus periódicos históricos más complejos, víctima, una vez más, del separatismo egoísta catalán, que se inició a principios de la centuria pasada, por no remontarme al barroco, y unos dirigentes, a la diestra y a la siniestra, mediocres, ególatras y funestos.
Pero si los racistas catalanes han chantajeado a España, a todos sus presidentes, ahora y antes, se ha debido a la cobardía de Azaña y a las izquierdas revolucionarias en tiempos remotos, y a la de los mandatarios del PSOE y PP durante el actual periodo democrático, desde el inicio de la Transición. No obstante, desciendo mi análisis al ámbito local, porque no es momento de hablar de historia sobre la deriva de España, de lo que llevo escribiendo ha tiempo.
Como explicaba con anterioridad, aunque mi opinión sea subjetiva, después de tantos años en los alrededores de la res pública, he llegado a realizar una taxonomía del político. Veamos. Hay personas que llegaron a la política como si fuera una profesión para toda la vida. Carecen, por lo general, de ideología. Aquí, en Zamora, ingresaban en el PP porque este partido daba mejores intereses y se alcanzaba mayor rédito. El PSOE no fue nunca la mejor opción, quizá en las ciudades, pero poco más. Sostengo que muchos altos cargos populares, si hubieran nacido y vivido en Andalucía, se habrían apuntado al socialismo; de haber venido al mundo en el País Vasco, al PNV, y en Cataluña, a la formación de Jordi Pujol. Cuando se carece de ideología, cualquier partido es positivo para alcanzar el poder, para vivir del cuento político.
Sucede que estos vividores emplean todo tipo de trampas, artimañas y añagazas para ascender hasta la cúspide de los partidos, mientras aquellos que militan por ideas, por querer cambiar la sociedad para que el ciudadano viva mejor, incapaces de emplear tretas e intrigas domésticas, acaban por ser apartados de la jerarquía e incluso condenados al ostracismo. Le sucedió a J. Antolín Martín, por citar al ejemplo más diáfano; pero también a otros populares que no aspiraban a tan altos cargos.
En el PSOE, sucedió algo parecido, como acontece en toda formación de poder. Aquí, en Zamora, y en el resto de España. Porque, en verdad, una persona de izquierdas debería ser la más crítica con las corrupciones del felipismo, desde Filesa a los GAL, pasando por los hermanos Guerra; a las de los EREs en Andalucía, el robo del dinero de los trabajadores para repartirlo entre los afines. Un ciudadano que se considera progresista debería criticar, con gallarda dureza, a estos malandrines que convirtieron la política en un patio de Monipodio, y, con mayor énfasis, se definían como gente de izquierdas.
Estas estructuras de los partidos nacionales, en esencia corruptibles, donde una jerarquía, muy reducida en número, dicta sentencias sobre quiénes deben aparecer en las listas electorales, ya en los comicios locales, bien en las elecciones legislativas, facilitan el actual estado de la política española, en la que el pueblo no elige, en absoluto, a sus representantes políticos, solo rubrica la elección de la cúpula dirigente.
En los partidos minoritarios, apenas suceden felonías, un fenómeno raro, si bien en Ciudadanos hubo un periodo, desde el nombramiento de su diputado nacional y la negativa a que Reyes Merchán liderada la lista naranja a las Cortes de Castilla y León, con fuertes tensiones internas. Se olía poder. Solo fue eso. El tiempo reestructura las organizaciones políticas.
Izquierda Unida de Zamora, porque en Madrid su líder, Alberto Garzón, se vendió a Podemos, me parece el ejemplo más acertado de personas que entraron en política para ejercer, casi siempre en la oposición, hasta el 2015, cuando alcanzó la Alcaldía. Francisco Guarido no es un político profesional, sino un ciudadano que entró en política para aplicar sus ideas. No ambiciona el poder para mejorar su patrimonio, algo muy común entre el mundo de la política. Se podrá estar de acuerdo con su ideología o en profunda discrepancia, pero no vino a hacer negocio con la res pública. Como el regidor también hay otros políticos que aman la cosa pública en nuestra tierra. Verbigracia: Miguel Ángel Mateos, ya apartado definitivamente de la política, o ahora Francisco J. Requejo, por citar a primeras figuras.
El estado de la política en nuestra nación, lamentable, desolador y desesperante, se debe a que personajes de vulgaridad infinita, gente tramposa, capaz de firmar tesis doctorales plagiadas, de exigir a las empresas tantos por cientos determinados para repartir obras públicas, de practicar el nepotismo en las instituciones públicas, de quedarse con el dinero de los trabajadores para repartirlos entre los adeptos, accedieron y, a través de múltiples subterfugios, argucias, celadas y maquinaciones, alcanzaron la máxima jerarquía en sus respectivos formaciones políticas. Los malandrines que triunfan en la res pública carcomen la democracia, la vida pública y el Estado hasta derribarlo, desmoronarlo y aniquilarlo. España se encamina hacia su destrucción como nación democrática. Cuestión de tiempo.





















Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.53