OPINIÓN
Si te dicen por ahí
Si te dicen por ahí que Zamora es triste, aburrida o gris, desconfía. El que te dijo tal atropello no conoce mi tierra, ni sus gentes ni sus riquezas arquitectónicas, culturales o gastronómicas. Zamora engaña aunque se vacíe sin remisión. El que vino pasaría por aquí como quien para en una Estación de Servicio a repostar. Ni puta idea. Sí, he utilizado un taco, pero viene a cuento, por eso lo pongo. Faltaría más.
Esta “desconocida” ciudad para el común de los mortales, es Capital del Románico, cita obligada en la Ruta Europea del Modernismo, donde se construyeron multitud de edificios de carácter ecléctico en cuya estructura dejaron su impronta Pérez Arribas o Ferriol. En el centro de Zamora hay sobradas muestras visibles y palpables de ello.
Donde nacieron de sus tierras preñadas músicos como Jesús López Cobos, tristemente fallecido en marzo de 2018 y otros artistas de la dirección de orquesta coetáneos a los que aún habitamos aquí y a los que no se les presta la atención que merecen por su valía y talento, una pena que pagaremos más pronto que tarde. El sociólogo Amando de Miguel, políticos como Demetrio Madrid, deportistas como el aclamado Ángel Nieto (también fallecido recientemente) y sus 12+1 Campeonatos del Mundo más 23 Campeonatos de España en múltiples cilindradas.
Toreros como Andrés Vázquez, que dirigió en su retirada de los ruedos la Escuela de Tauromaquia de Madrid (no es que me gusten los toros, nunca me gustaron, quizá porque no entiendo ese mundo, pero respeto al que tenga querencia por esta manera de entender lo que ellos llaman “arte”, aunque para mí, simple mortal, el arte es el toro en sí mismo, un prodigio de la naturaleza, bello y señorial. Y punto. Respeto, pero no comparto el gusto por el toreo, aunque eso es otra historia y no viene al caso).
Escultores como Baltasar Lobo, pintores como Antonio Pedrero (grande, muy grande, con una hija que es al periodismo lo que su padre a la pintura, Ana Pedrero) periodistas curtidos y artistas plásticos cuyo nombre ya se conoce en los círculos íntimos del arte y no tardarán en darse a conocer en el resto del mundo. Y tantos otros que no cabrían en mis cortos escritos y seguro que alguno se quedaría en el tintero de mi memoria y no me lo podría perdonar a mí misma.
Tierra la mía preñada también de escritores y poetas. Algunos conocidos, otros en vías de querer contar al mundo que tienen mucho qué decir y aportar. Ojalá el talento y la sensibilidad fuesen virtudes y no defectos, dependiendo en la tierra en la que vayas a nacer o pacer. Aquí ya me detengo un poco más. Claudio Rodríguez, León Felipe y el filósofo, poeta, dramaturgo y adelantado a su tiempo por pensar contracorriente, Agustín García Calvo, del que mi padre me recitaba este poema:
“Libre te quiero” – (Canciones y soliloquios, 1976)
Libre te quiero,
como arroyo que brinca
de peña en peña.
Pero no mía.
Grande te quiero,
como monte preñado
de primavera.
Pero no mía.
Buena te quiero,
como pan que no sabe
su masa buena.
Pero no mía.
Alta te quiero,
como chopo que en el cielo
se despereza.
Pero no mía.
Blanca te quiero,
como flor de azahares
sobre la tierra.
Pero no mía.
Pero no mía
ni de Dios ni de nadie
ni tuya siquiera.
Así que si te dicen por ahí que Zamora es triste, aburrida o gris, desconfía. No nos conoce ni nos ha descubierto. Y me quedé corta porque si me remonto a otros siglos, pocos nos superan. Pero Valladolid nos olvida en su reparto, siempre lo hace. Los que fueron de Zamora a representar nuestros intereses y nuestra cultura sin parangón a los pagos más poderosos se quedaron en el “sin”. No dijeron casi nada. Es lo que tiene vivir en la margen izquierda de esta enorme Comunidad Autónoma, la que linda con la antes denostada y ahora envidiada Portugal. León, Zamora y Salamanca merecen un lugar en el mundo, y ya va siendo hora. Ya va siendo nuestra hora. Algo se mueve.
Por eso, ven y luego lo cuentas.
Si te dicen por ahí que Zamora es triste, aburrida o gris, desconfía. El que te dijo tal atropello no conoce mi tierra, ni sus gentes ni sus riquezas arquitectónicas, culturales o gastronómicas. Zamora engaña aunque se vacíe sin remisión. El que vino pasaría por aquí como quien para en una Estación de Servicio a repostar. Ni puta idea. Sí, he utilizado un taco, pero viene a cuento, por eso lo pongo. Faltaría más.
Esta “desconocida” ciudad para el común de los mortales, es Capital del Románico, cita obligada en la Ruta Europea del Modernismo, donde se construyeron multitud de edificios de carácter ecléctico en cuya estructura dejaron su impronta Pérez Arribas o Ferriol. En el centro de Zamora hay sobradas muestras visibles y palpables de ello.
Donde nacieron de sus tierras preñadas músicos como Jesús López Cobos, tristemente fallecido en marzo de 2018 y otros artistas de la dirección de orquesta coetáneos a los que aún habitamos aquí y a los que no se les presta la atención que merecen por su valía y talento, una pena que pagaremos más pronto que tarde. El sociólogo Amando de Miguel, políticos como Demetrio Madrid, deportistas como el aclamado Ángel Nieto (también fallecido recientemente) y sus 12+1 Campeonatos del Mundo más 23 Campeonatos de España en múltiples cilindradas.
Toreros como Andrés Vázquez, que dirigió en su retirada de los ruedos la Escuela de Tauromaquia de Madrid (no es que me gusten los toros, nunca me gustaron, quizá porque no entiendo ese mundo, pero respeto al que tenga querencia por esta manera de entender lo que ellos llaman “arte”, aunque para mí, simple mortal, el arte es el toro en sí mismo, un prodigio de la naturaleza, bello y señorial. Y punto. Respeto, pero no comparto el gusto por el toreo, aunque eso es otra historia y no viene al caso).
Escultores como Baltasar Lobo, pintores como Antonio Pedrero (grande, muy grande, con una hija que es al periodismo lo que su padre a la pintura, Ana Pedrero) periodistas curtidos y artistas plásticos cuyo nombre ya se conoce en los círculos íntimos del arte y no tardarán en darse a conocer en el resto del mundo. Y tantos otros que no cabrían en mis cortos escritos y seguro que alguno se quedaría en el tintero de mi memoria y no me lo podría perdonar a mí misma.
Tierra la mía preñada también de escritores y poetas. Algunos conocidos, otros en vías de querer contar al mundo que tienen mucho qué decir y aportar. Ojalá el talento y la sensibilidad fuesen virtudes y no defectos, dependiendo en la tierra en la que vayas a nacer o pacer. Aquí ya me detengo un poco más. Claudio Rodríguez, León Felipe y el filósofo, poeta, dramaturgo y adelantado a su tiempo por pensar contracorriente, Agustín García Calvo, del que mi padre me recitaba este poema:
“Libre te quiero” – (Canciones y soliloquios, 1976)
Libre te quiero,
como arroyo que brinca
de peña en peña.
Pero no mía.
Grande te quiero,
como monte preñado
de primavera.
Pero no mía.
Buena te quiero,
como pan que no sabe
su masa buena.
Pero no mía.
Alta te quiero,
como chopo que en el cielo
se despereza.
Pero no mía.
Blanca te quiero,
como flor de azahares
sobre la tierra.
Pero no mía.
Pero no mía
ni de Dios ni de nadie
ni tuya siquiera.
Así que si te dicen por ahí que Zamora es triste, aburrida o gris, desconfía. No nos conoce ni nos ha descubierto. Y me quedé corta porque si me remonto a otros siglos, pocos nos superan. Pero Valladolid nos olvida en su reparto, siempre lo hace. Los que fueron de Zamora a representar nuestros intereses y nuestra cultura sin parangón a los pagos más poderosos se quedaron en el “sin”. No dijeron casi nada. Es lo que tiene vivir en la margen izquierda de esta enorme Comunidad Autónoma, la que linda con la antes denostada y ahora envidiada Portugal. León, Zamora y Salamanca merecen un lugar en el mundo, y ya va siendo hora. Ya va siendo nuestra hora. Algo se mueve.
Por eso, ven y luego lo cuentas.




















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