COSAS MÍAS
Libertad para pensar, escribir y hablar en Zamora
La deriva del periodismo zamorano: 1984-2020.
Me inicié en esto del periodismo en el pleistoceno, allá en 1984, cuando Felipe era Dios y la derecha se había hecho el hara kiri. El Correo de Zamora hacía un par de meses que pasó a manos privadas, a las de numerosos empresarios zamoranos, algunos muy importantes, y otros más pequeños, porque nadie se atrevió a comprarlo. Se temía que no fuera rentable. Años después, en el 1988, ofrecía rendimiento. Ese periódico en el que yo escribí mis primeros artículos, ya no es el que ahora se vende en kioscos –cada vez menos- o se hojea en bares y cafeterías. Aquel era de Zamora, este, no.
Entonces solo existían dos emisoras y el periódico de siempre, el que se fundó a finales del siglo XIX. Unos y otros vivíamos de la publicidad privada. Las instituciones públicas aportaba poco. Algunos especiales, las clásicas página de Semana Santa y San Pedro y alguna ocurrencia, como el primer vídeo de la Pasión, que editó El Correo de Zamora y que pagó la Diputación. Por cierto, el dinero público nunca llegó a las arcas del periódico. ¿Quién se quedó con el capital? Lo sé. Silencio.
Han pasado 40 años desde que me convertí en periodista. Dejé El Correo para irme a TVE, a dar la cara en centro territorial de Castilla y León. Dos años. Después regresé a mi querido periódico. Todo había cambiado. Ya no era aquel Correo artesanal. Había más periodistas, los que empezaron conmigo, y gente joven, entre otras mi cara Ana Pedrero. El periódico seguía alimentándose económicamente del capital privado, de la publicidad de los empresarios zamoranos y de ámbito nacional. José Isidro Nates era su director comercial. Se lo sabía todo.
Pero después, El Correo de Zamora pasó a manos privadas y extrañas, nada zamoranas, que iniciaron su camino hacia ninguna parte, hasta concluir comprándolo en capitalista que cambió la cabecera por otra nada original y minimizó la del periódico centenario.
He ido contando, de manera sucinta, casi con trazo impresionista, la historia del buque insignia del periodismo zamorano. Pero he intentado que el lector perciba que aquellos medios de comunicación no necesitaban dinero público para editarse. Diputación de Zamora y Ayuntamiento aportaban su parte, como Caja Zamora en su momento. Pero nunca jamás las aportaciones institucionales constituyeron el grueso de la publicidad, de lo que vive todo medio de comunicación, menos los públicos, que sufragamos todos con nuestros impuestos, para que los manipulen los políticos.
Se deduce que, si la publicidad institucional no era decisiva en las cuentas de los medios de comunicación, se podía hablar en las emisoras y escribir en El Correo de Zamora con cierta libertad. Nunca absoluta. Cierto. Recuerdo que mi director entonces, el inolvidable Antonio Martín Jiménez Zabalo, me aconsejó que no citase a don Manuel Azaña en un artículo de opinión, porque “quizá el capital se moleste”. Corría el año 1987. Más o menos.
Desde entonces, la transformación en los medios periodísticos locales ha sido tan profunda que resulta irreconocible. Entonces, el periodista se buscaba a vida, como el sabueso el hueso. Apenas había ruedas de prensa. Había compañerismo y respeto. Se escribía muy bien. Se hablaba mejor, con un genio como Luis Felipe Delgado de Castro y los locutores de la COPE o los periodistas y locutores de la SER. Ahora, hay un montón de digitales, un periódico de pago, de kiosco; el nuestro, gratuito; una televisión privada y cuatro emisoras (y la musical Onda Zamora), tres privadas y una pública, con pocas horas para las emisiones locales durante todo el día, cuando antaño la información de todo tipo, política, agraria, deportiva, musical, tertulias, de Zamora y su provincia constituían el grueso de la programación. Ahora manda Madrid.
Y nunca como ahora los medios de comunicación dependieron tanto de las instituciones públicas y de la increíble Caja Rural de Zamora, sin cuya aportación dejarían de existir actos culturales, clubes de deportes, asociaciones de todo tipo…
Se colige, pues, que el periodismo, que debería ser crítica del poder político, no va a morder la mano que le da de comer, sino que lamerá la de su amo. Verdad. Eso sí, si la institución no descarga lo que pide el gerente del medio de comunicación, no sales, se te censura, se te corta en las fotografías, como hacía el estalinismo con los cadáveres de los que fueron sus próximos cuando decidió purgarlos. Les contaría numerosos casos. Empírico. Habrá ocasión. Cuando me enojen mucho, lo cuento.
La decadencia económica, social y demográfica de Zamora, según mi hipótesis, radicó en el desprestigio de la prensa local, alquilada a las instituciones públicas y empresarios malandrines e incapaz de criticar a esos políticos que tanto daño causaron a nuestra tierra, a la que no respetaron, obedientes y sumisos a las directrices de sus jefes en la Junta y en La Moncloa.
Como gritan los voceros del periodismo ovino: “Sin prensa libre no hay democracia”. Se colige que en Zamora no existe ni libertad para pensar, ni libertad para escribir, ni libertad para hablar, ni libertad para morir. Así nos va.
Me inicié en esto del periodismo en el pleistoceno, allá en 1984, cuando Felipe era Dios y la derecha se había hecho el hara kiri. El Correo de Zamora hacía un par de meses que pasó a manos privadas, a las de numerosos empresarios zamoranos, algunos muy importantes, y otros más pequeños, porque nadie se atrevió a comprarlo. Se temía que no fuera rentable. Años después, en el 1988, ofrecía rendimiento. Ese periódico en el que yo escribí mis primeros artículos, ya no es el que ahora se vende en kioscos –cada vez menos- o se hojea en bares y cafeterías. Aquel era de Zamora, este, no.
Entonces solo existían dos emisoras y el periódico de siempre, el que se fundó a finales del siglo XIX. Unos y otros vivíamos de la publicidad privada. Las instituciones públicas aportaba poco. Algunos especiales, las clásicas página de Semana Santa y San Pedro y alguna ocurrencia, como el primer vídeo de la Pasión, que editó El Correo de Zamora y que pagó la Diputación. Por cierto, el dinero público nunca llegó a las arcas del periódico. ¿Quién se quedó con el capital? Lo sé. Silencio.
Han pasado 40 años desde que me convertí en periodista. Dejé El Correo para irme a TVE, a dar la cara en centro territorial de Castilla y León. Dos años. Después regresé a mi querido periódico. Todo había cambiado. Ya no era aquel Correo artesanal. Había más periodistas, los que empezaron conmigo, y gente joven, entre otras mi cara Ana Pedrero. El periódico seguía alimentándose económicamente del capital privado, de la publicidad de los empresarios zamoranos y de ámbito nacional. José Isidro Nates era su director comercial. Se lo sabía todo.
Pero después, El Correo de Zamora pasó a manos privadas y extrañas, nada zamoranas, que iniciaron su camino hacia ninguna parte, hasta concluir comprándolo en capitalista que cambió la cabecera por otra nada original y minimizó la del periódico centenario.
He ido contando, de manera sucinta, casi con trazo impresionista, la historia del buque insignia del periodismo zamorano. Pero he intentado que el lector perciba que aquellos medios de comunicación no necesitaban dinero público para editarse. Diputación de Zamora y Ayuntamiento aportaban su parte, como Caja Zamora en su momento. Pero nunca jamás las aportaciones institucionales constituyeron el grueso de la publicidad, de lo que vive todo medio de comunicación, menos los públicos, que sufragamos todos con nuestros impuestos, para que los manipulen los políticos.
Se deduce que, si la publicidad institucional no era decisiva en las cuentas de los medios de comunicación, se podía hablar en las emisoras y escribir en El Correo de Zamora con cierta libertad. Nunca absoluta. Cierto. Recuerdo que mi director entonces, el inolvidable Antonio Martín Jiménez Zabalo, me aconsejó que no citase a don Manuel Azaña en un artículo de opinión, porque “quizá el capital se moleste”. Corría el año 1987. Más o menos.
Desde entonces, la transformación en los medios periodísticos locales ha sido tan profunda que resulta irreconocible. Entonces, el periodista se buscaba a vida, como el sabueso el hueso. Apenas había ruedas de prensa. Había compañerismo y respeto. Se escribía muy bien. Se hablaba mejor, con un genio como Luis Felipe Delgado de Castro y los locutores de la COPE o los periodistas y locutores de la SER. Ahora, hay un montón de digitales, un periódico de pago, de kiosco; el nuestro, gratuito; una televisión privada y cuatro emisoras (y la musical Onda Zamora), tres privadas y una pública, con pocas horas para las emisiones locales durante todo el día, cuando antaño la información de todo tipo, política, agraria, deportiva, musical, tertulias, de Zamora y su provincia constituían el grueso de la programación. Ahora manda Madrid.
Y nunca como ahora los medios de comunicación dependieron tanto de las instituciones públicas y de la increíble Caja Rural de Zamora, sin cuya aportación dejarían de existir actos culturales, clubes de deportes, asociaciones de todo tipo…
Se colige, pues, que el periodismo, que debería ser crítica del poder político, no va a morder la mano que le da de comer, sino que lamerá la de su amo. Verdad. Eso sí, si la institución no descarga lo que pide el gerente del medio de comunicación, no sales, se te censura, se te corta en las fotografías, como hacía el estalinismo con los cadáveres de los que fueron sus próximos cuando decidió purgarlos. Les contaría numerosos casos. Empírico. Habrá ocasión. Cuando me enojen mucho, lo cuento.
La decadencia económica, social y demográfica de Zamora, según mi hipótesis, radicó en el desprestigio de la prensa local, alquilada a las instituciones públicas y empresarios malandrines e incapaz de criticar a esos políticos que tanto daño causaron a nuestra tierra, a la que no respetaron, obedientes y sumisos a las directrices de sus jefes en la Junta y en La Moncloa.
Como gritan los voceros del periodismo ovino: “Sin prensa libre no hay democracia”. Se colige que en Zamora no existe ni libertad para pensar, ni libertad para escribir, ni libertad para hablar, ni libertad para morir. Así nos va.



















Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.53