RES PÚBLICA
España, nación del chantaje político
Vivimos en la nación de los chantajes: el de ERC, el partido fascista catalán, como lo evidencia su historia, el de esta excrecencia del PSOE que es el sanchismo; el del propio entramado político de Pedro Sánchez a Ciudadanos para que se abstenga en la investidura a cambio de nada; el del PNV al próximo presidente del Gobierno, con exigencias sobre una comunidad que no es la suya, Navarra; el de Bildu, que en silencio, ahora sin las bombas y tiros en la nuca de ETA, gana otra guerra, y el de algunos medios de comunicación a instituciones públicas para que les den más dinero del pueblo para seguir viviendo del cuento. El chantaje, elevado a la jerarquía de la conducta política. La seriedad, arrojada a la zahúrda de la democracia.
Confieso que me apetece comprobar como un ejecutivo de una nación europea pone en práctica economías neomarxistas, como debiera suceder tras el pacto Picapiedra-Mármol. Nunca se ha presenciado un momento económico tan especial en el viejo continente. Hasta ahora, el marxismo demostró su fracaso en naciones tan ricas como la U.R.S.S., Cuba y Venezuela. Pero España todavía ignora qué resultados podrían ofrecer estas políticas del siglo XIX en una economía de esta centuria. Unidas Podemos tiene la oportunidad de pasar de la teoría a la praxis. Necesito ver para creer.
Que ensayen los neomarxistas de clase media sus proyectos, que los hagan realidad. Lenin tuvo que dar marcha atrás en sus teorías, cuando la U.R.S.S. se desmoronaba. Creo la N.E.P. para salir del paso. Aquí, si todo va bien: subidas de impuestos a los ricos, a las grandes empresas, salario mínimo hasta los 1.200 euros, intervención en el mercado de la vivienda y en el mercado, en la bolsa, la nueva Ley de Trabajo, etc, perfecto. Y, si no es así, la realidad mandará parar. No pasa nada.
Ahora bien, las políticas del chantaje independentistas, a las que Pedro Sánchez y sus vicarios en las conversaciones con ERC y el golpista Junqueras; las exigencias del PNV y Bildu, la de los canarios, más las del rico diputado de Teruel, si se van sumando, habría que triplicar la deuda, ya descomunal del Estado, con lo que Europa tendría que intervenir. No olvide el socialista zamorano, jienense, alcarreño, por poner tres ejemplos, que todo lo que se lleven de más los enemigos de España, habrá que restarlo de sus presupuestos autonómicos. Las comunidades más ricas lograrán nuevos privilegios económicos antes de separarse. Nosotros, los de esta doble región autonómica, los de la Mancha, extremeños, andaluces, asturianos, gallegos, perderemos calidad de vida, inversiones y políticas sociales. Nuestros mayores vivirán peor. Los jóvenes huirán de la miseria que se proyectará sobre el resto de España y los pocos empresarios que se atrevan a arriesgarse en la creación de un negocio, desaparecerán.
El PSOE que, como partido socialista, coloca en la jerarquía de sus ideas la de la igualdad, se traiciona a sí mismo, al privilegiar a los más ricos en perjuicio de los más pobres. Paradoja de esta España en quiebra moral, en la que cada cual va a lo suyo, de solidaridad hipócrita en la Navidad, mímesis de la gran obra de Berlanga, “Plácido”, cuando la nación intentaba desarrollarse, allá por 1961, pero mantenía aún el paternalismo conservador, ese cristianismo farisaico, propio del nacionalcatolicismo.
Hemos pasado de una España en blanco y negro a otra de colorines, de horteras, botarates, malandrines y jetas. La sociedad española, pusilánime e hipócrita, produce políticos propios de su calado moral. No puede haber grandes hombres de Estado, porque el pueblo permanece estabulado, obnubilado por las televisiones, todas en manos del poder, que ni es de izquierdas ni conservador, sino insensible, falsario y mediocre.
No hay cultura, no hay valores, salvo los que rinden pleitesía a la imagen; senos falsos, cuerpos masculinos artificiales, moda ridícula, con jóvenes que compran pantalones rotos, pasean, bajo cero, con escotes y sin calcetines; ídolos musicales como el tal Bisbal, monarca de lo chabacano. Personajes que van de izquierdas y se comportan como burgueses; feministas que imitan a los machistas; prensa que se dice libre, comprada por las instituciones públicas; intelectuales que guardan silencio ante la deriva hacia el abismo de la estolidez de una democracia, mala, sin calidad, pero necesaria; triunfo de la mentira, transformada en verdad por los políticos, capaces de defender una cosa y su contraria; persecución del talento, paso franco para la vulgaridad. Por no haber, en esta España apolillada ya no toca ni la charanga, ni suena la pandereta. Vivimos en la España del mentecato político y del elector badulaque, del diputado memo y el pueblo ovino, de la iglesia nacionalista y el católico racista.
España: nación en la que el chantaje triunfa, la franqueza sangra y los malandrines deciden. Me temo que Caín fue español, que Judas nació en Montserrat y Poncio Pilatos se lavó las manos en el Cantábrico después de degustar unas sardinas en Santurce, luciendo las pantorrillas.
La España de Don Quijote, derrotada, siglos después, en las playas de Barcino. El mal volvió a imponerse al bien.Vale.
Vivimos en la nación de los chantajes: el de ERC, el partido fascista catalán, como lo evidencia su historia, el de esta excrecencia del PSOE que es el sanchismo; el del propio entramado político de Pedro Sánchez a Ciudadanos para que se abstenga en la investidura a cambio de nada; el del PNV al próximo presidente del Gobierno, con exigencias sobre una comunidad que no es la suya, Navarra; el de Bildu, que en silencio, ahora sin las bombas y tiros en la nuca de ETA, gana otra guerra, y el de algunos medios de comunicación a instituciones públicas para que les den más dinero del pueblo para seguir viviendo del cuento. El chantaje, elevado a la jerarquía de la conducta política. La seriedad, arrojada a la zahúrda de la democracia.
Confieso que me apetece comprobar como un ejecutivo de una nación europea pone en práctica economías neomarxistas, como debiera suceder tras el pacto Picapiedra-Mármol. Nunca se ha presenciado un momento económico tan especial en el viejo continente. Hasta ahora, el marxismo demostró su fracaso en naciones tan ricas como la U.R.S.S., Cuba y Venezuela. Pero España todavía ignora qué resultados podrían ofrecer estas políticas del siglo XIX en una economía de esta centuria. Unidas Podemos tiene la oportunidad de pasar de la teoría a la praxis. Necesito ver para creer.
Que ensayen los neomarxistas de clase media sus proyectos, que los hagan realidad. Lenin tuvo que dar marcha atrás en sus teorías, cuando la U.R.S.S. se desmoronaba. Creo la N.E.P. para salir del paso. Aquí, si todo va bien: subidas de impuestos a los ricos, a las grandes empresas, salario mínimo hasta los 1.200 euros, intervención en el mercado de la vivienda y en el mercado, en la bolsa, la nueva Ley de Trabajo, etc, perfecto. Y, si no es así, la realidad mandará parar. No pasa nada.
Ahora bien, las políticas del chantaje independentistas, a las que Pedro Sánchez y sus vicarios en las conversaciones con ERC y el golpista Junqueras; las exigencias del PNV y Bildu, la de los canarios, más las del rico diputado de Teruel, si se van sumando, habría que triplicar la deuda, ya descomunal del Estado, con lo que Europa tendría que intervenir. No olvide el socialista zamorano, jienense, alcarreño, por poner tres ejemplos, que todo lo que se lleven de más los enemigos de España, habrá que restarlo de sus presupuestos autonómicos. Las comunidades más ricas lograrán nuevos privilegios económicos antes de separarse. Nosotros, los de esta doble región autonómica, los de la Mancha, extremeños, andaluces, asturianos, gallegos, perderemos calidad de vida, inversiones y políticas sociales. Nuestros mayores vivirán peor. Los jóvenes huirán de la miseria que se proyectará sobre el resto de España y los pocos empresarios que se atrevan a arriesgarse en la creación de un negocio, desaparecerán.
El PSOE que, como partido socialista, coloca en la jerarquía de sus ideas la de la igualdad, se traiciona a sí mismo, al privilegiar a los más ricos en perjuicio de los más pobres. Paradoja de esta España en quiebra moral, en la que cada cual va a lo suyo, de solidaridad hipócrita en la Navidad, mímesis de la gran obra de Berlanga, “Plácido”, cuando la nación intentaba desarrollarse, allá por 1961, pero mantenía aún el paternalismo conservador, ese cristianismo farisaico, propio del nacionalcatolicismo.
Hemos pasado de una España en blanco y negro a otra de colorines, de horteras, botarates, malandrines y jetas. La sociedad española, pusilánime e hipócrita, produce políticos propios de su calado moral. No puede haber grandes hombres de Estado, porque el pueblo permanece estabulado, obnubilado por las televisiones, todas en manos del poder, que ni es de izquierdas ni conservador, sino insensible, falsario y mediocre.
No hay cultura, no hay valores, salvo los que rinden pleitesía a la imagen; senos falsos, cuerpos masculinos artificiales, moda ridícula, con jóvenes que compran pantalones rotos, pasean, bajo cero, con escotes y sin calcetines; ídolos musicales como el tal Bisbal, monarca de lo chabacano. Personajes que van de izquierdas y se comportan como burgueses; feministas que imitan a los machistas; prensa que se dice libre, comprada por las instituciones públicas; intelectuales que guardan silencio ante la deriva hacia el abismo de la estolidez de una democracia, mala, sin calidad, pero necesaria; triunfo de la mentira, transformada en verdad por los políticos, capaces de defender una cosa y su contraria; persecución del talento, paso franco para la vulgaridad. Por no haber, en esta España apolillada ya no toca ni la charanga, ni suena la pandereta. Vivimos en la España del mentecato político y del elector badulaque, del diputado memo y el pueblo ovino, de la iglesia nacionalista y el católico racista.
España: nación en la que el chantaje triunfa, la franqueza sangra y los malandrines deciden. Me temo que Caín fue español, que Judas nació en Montserrat y Poncio Pilatos se lavó las manos en el Cantábrico después de degustar unas sardinas en Santurce, luciendo las pantorrillas.
La España de Don Quijote, derrotada, siglos después, en las playas de Barcino. El mal volvió a imponerse al bien.Vale.

















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