COPA DEL REY
Un "Déja Vu" que ilusiona
Expectación y memoria, ante el partido de la Copa del Rey, en el Zamora Club de Fútbol y el Mallorca
Allá por el siglo XIX, el psíquico francés Emile Boirac recogió por primera vez en la historia el término Déjà vu, mediante el cual hacía referencia a la paramnesia que experimentamos los humanos de percibir que un momento presente ya se ha vivido de forma idéntica en el pasado. Resumidamente, el déjà vu es el fenómeno que nos hacer creer que “este momento, ya lo he vivido antes”.
Pues igual parece exagerado, pero tengo la sensación de estar en déjà vu desde el pasado 20 mayo. Al menos, deportivamente hablando. Ya cuando salió la bolita del Haro, a un buen puñado de seguidores rojiblancos se nos apareció de refilón el recuerdo de Castellón, por aquello de estar a 180 minutos de un ascenso frente a un rival que vestía a rayas blancas y negras. No obstante, algo que en un principio parecía anecdótico, se fue convirtiendo poco a poco en un desagradable calco de aquella macabra eliminatoria. Ya no solo las indumentarias de los equipos, también el 0-1 en el Ruta y la posterior reacción del Zamora empujada por un público ansioso de vivir una alegría, la desorganización del club en cuanto a la venta de entradas para el partido de vuelta que dejó fuera a varios socios y por último, el mazazo que supuso para todo el final del partido de vuelta fueron rasgos distintivos y compartidos de unas eliminatorias que dejaron idéntico resultado y mismo sinsabor estando un mismo objetivo en juego.
En aquel 2005 el club contaba con una plantilla de ensueño. Vilches, Iván Candela, Iván Otero, Rubén García, Sergio Villanueva, Andrés Curiel, Juan Carlos Quero, Aiert Derteano y muchos otros muy posiblemente serían válidos para jugar en los 80 clubes de Segunda B y quizá en algún que otro club de Segunda. Todos ellos coinciden en el punto de inflexión que marcó el no ascenso. Y es que la fiebre que desató aquel equipo en nuestra ciudad superó con creces todas las expectativas. Toda el pueblo zamorano se volcó y abarrotó, primero el Ruta, y después las plazas de la Constitución y la Marina, donde había instaladas pantallas gigantes.
No fue distinto lo vivido el pasado mayo contra el Haro. El rojiblanco tiñó las calles de La Bien Cercada, que recuperó la ilusión y la esperanza de las grandes citas. Al igual que en 2005, el partido de vuelta supuso la debacle para un club que lo tuvo en la palma de la mano para tocar el cielo y para una afición que esperaba con ansias pegarse en masas un merecido chapuzón de La Marina. Y como ocurre con cualquier debacle, llega un tiempo de bajón y escepticismo que enrarece la atmosfera. Hasta esto último se ha repetido.
El caso es que, tanto en la 2005/06 como en la 2019/20, dentro de ese bajón anímico, se coló la Copa del Rey para volver a hacernos soñar. En aquella ocasión, un Segunda como el Éibar y un Primera como la Real Sociedad se enfrentaron a un Zamora que tiró de casta para romper los pronósticos y engrandecer el fútbol, y que terminaría por poner contra las cuerdas a todo un Barça que estuvo a punto de perder el Ruta de la Plata el récord nacional de victorias consecutivas. Por ahora, todo un Segunda como el Sporting de Gijón se ha visto superado por un equipo que le trató de tú a tú y que en ese cara a cara pasó por encima de su rival a base de intensidad, esfuerzo y compromiso. El sábado visita nuestro templo otro Primera División para enfrentarse a un Zamora que nada tiene que perder y que tiene todo por ganar. Está por ver si el equipo puede volver a dar la campanada. Lo que sí está claro es que yo esto ya lo he vivido antes, y por cierto, tuvo un final inolvidable.
Pase lo que pase, el club ha vuelto a escribir una página de oro en su ya nutrida historia, y por primera vez, muchos niños y jóvenes han visto en primera persona cómo el equipo de su ciudad sacaba a relucir la etiqueta de “matagigantes” que se ganó años atrás ante la admiración de la España futbolera. Ellos también fueron fundamentales en la machada, y a ellos también serán un rival muy duro para el Mallorca el sábado. Y si no, pregunten por San Sebastián, porque todavía se acuerdan.
Rulo Nieto
Allá por el siglo XIX, el psíquico francés Emile Boirac recogió por primera vez en la historia el término Déjà vu, mediante el cual hacía referencia a la paramnesia que experimentamos los humanos de percibir que un momento presente ya se ha vivido de forma idéntica en el pasado. Resumidamente, el déjà vu es el fenómeno que nos hacer creer que “este momento, ya lo he vivido antes”.
Pues igual parece exagerado, pero tengo la sensación de estar en déjà vu desde el pasado 20 mayo. Al menos, deportivamente hablando. Ya cuando salió la bolita del Haro, a un buen puñado de seguidores rojiblancos se nos apareció de refilón el recuerdo de Castellón, por aquello de estar a 180 minutos de un ascenso frente a un rival que vestía a rayas blancas y negras. No obstante, algo que en un principio parecía anecdótico, se fue convirtiendo poco a poco en un desagradable calco de aquella macabra eliminatoria. Ya no solo las indumentarias de los equipos, también el 0-1 en el Ruta y la posterior reacción del Zamora empujada por un público ansioso de vivir una alegría, la desorganización del club en cuanto a la venta de entradas para el partido de vuelta que dejó fuera a varios socios y por último, el mazazo que supuso para todo el final del partido de vuelta fueron rasgos distintivos y compartidos de unas eliminatorias que dejaron idéntico resultado y mismo sinsabor estando un mismo objetivo en juego.
En aquel 2005 el club contaba con una plantilla de ensueño. Vilches, Iván Candela, Iván Otero, Rubén García, Sergio Villanueva, Andrés Curiel, Juan Carlos Quero, Aiert Derteano y muchos otros muy posiblemente serían válidos para jugar en los 80 clubes de Segunda B y quizá en algún que otro club de Segunda. Todos ellos coinciden en el punto de inflexión que marcó el no ascenso. Y es que la fiebre que desató aquel equipo en nuestra ciudad superó con creces todas las expectativas. Toda el pueblo zamorano se volcó y abarrotó, primero el Ruta, y después las plazas de la Constitución y la Marina, donde había instaladas pantallas gigantes.
No fue distinto lo vivido el pasado mayo contra el Haro. El rojiblanco tiñó las calles de La Bien Cercada, que recuperó la ilusión y la esperanza de las grandes citas. Al igual que en 2005, el partido de vuelta supuso la debacle para un club que lo tuvo en la palma de la mano para tocar el cielo y para una afición que esperaba con ansias pegarse en masas un merecido chapuzón de La Marina. Y como ocurre con cualquier debacle, llega un tiempo de bajón y escepticismo que enrarece la atmosfera. Hasta esto último se ha repetido.
El caso es que, tanto en la 2005/06 como en la 2019/20, dentro de ese bajón anímico, se coló la Copa del Rey para volver a hacernos soñar. En aquella ocasión, un Segunda como el Éibar y un Primera como la Real Sociedad se enfrentaron a un Zamora que tiró de casta para romper los pronósticos y engrandecer el fútbol, y que terminaría por poner contra las cuerdas a todo un Barça que estuvo a punto de perder el Ruta de la Plata el récord nacional de victorias consecutivas. Por ahora, todo un Segunda como el Sporting de Gijón se ha visto superado por un equipo que le trató de tú a tú y que en ese cara a cara pasó por encima de su rival a base de intensidad, esfuerzo y compromiso. El sábado visita nuestro templo otro Primera División para enfrentarse a un Zamora que nada tiene que perder y que tiene todo por ganar. Está por ver si el equipo puede volver a dar la campanada. Lo que sí está claro es que yo esto ya lo he vivido antes, y por cierto, tuvo un final inolvidable.
Pase lo que pase, el club ha vuelto a escribir una página de oro en su ya nutrida historia, y por primera vez, muchos niños y jóvenes han visto en primera persona cómo el equipo de su ciudad sacaba a relucir la etiqueta de “matagigantes” que se ganó años atrás ante la admiración de la España futbolera. Ellos también fueron fundamentales en la machada, y a ellos también serán un rival muy duro para el Mallorca el sábado. Y si no, pregunten por San Sebastián, porque todavía se acuerdan.
Rulo Nieto


















Rodrigo | Lunes, 06 de Enero de 2020 a las 14:21:04 horas
El 'deja vu' de tantos que lo vivimos. ¡Muy grande, Rulo! Gracias por retrotraernos a esos días duros, pero a la vez felices.
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