Eugenio de Ávila
Martes, 07 de Enero de 2020
RES PÚBLICA

Periodismo e historia

[Img #33505]Concibo el periodismo como crítica al poder, de derechas, de izquierdas o todo lo contrario. Durante mi extensa carrera profesional sufrí la censura por citar una frase de don Manuel Azaña, cuando El Correo de Zamora era nuestro, de esta tierra. Había miedo.  También en TVE, donde solo acudían los cercanos al poder establecido, entonces controlada por el PSOE. Se me prohibió, después de haber aceptado mi invitación para acudir al programa, que llevara a Amando de Miguel, porque había escrito, junto a José Luis Gutiérrez, un libro “La ambición del César”, cuyo protagonista era Felipe González.

 

Los zamoranos siempre hemos sido un pueblo cobardica, miedoso, temeroso de Dios y de los políticos. Lo del 6 de enero de 1809 fue una excepción. Quizá porque en esta ciudad no hubo transición de la dictadura a la democracia. Las familias que se hicieron ricas merced al franquismo y los nuevos millonarios, que alcanzaron colosales patrimonios gracias a los favores políticos, reprodujeron una nueva forma de dictadura, quizá incruenta, pero con idénticos síntomas a los de los anteriores 40 años: caciquismo de nuevo cuño, nepotismo, persecución del librepensador y negocios al amparo de las instituciones.

 

No me debo a ningún partido político, ni sindicato, ni asociación. Respeto al hombre libre, al que apenas sabe hablar y escribir, también al culto, al pobre y al humilde. Combato el periodista pelota, al que chantajea a las instituciones para obtener más beneficios publicitarios; al medio de comunicación, al servicio del que más paga;  al lameculos, al político corrupto, al político profesional, al que engaña al pueblo, al que traiciona su palabra, al que ahora elige el color negro y a los cinco minutos el blanco con idéntica contundencia y énfasis; a los que traicionaron a nuestra gente, a los zamoranos más indefensos, a las mujeres más débiles, al felón y al hipócrita.

 

Soy zamorano, por ende, leonés, por tanto español. Me duele Zamora, como a Unamuno España, y también mi patria y todas sus regiones y culturas. Me causan náuseas los separatistas burgueses y racistas, los asesinos de ETA y sus herederos, todos los totalitarismos, comunistas, nacionalsocialistas y fascistas, que todavía perduran en las mentes de numerosos políticos, temibles si toman el poder, los empresarios que abusan de los empleados, los funcionarios vagos y la injusticia.

 

Y no concibo que un gobierno de un partido que lleva la E de España en sus siglas admita el chantaje de enemigos confesos de nuestra nación como ERC y Bildu, uno de cuyos diputados se jactó, hace unos días, de que ellos y los secesionistas racistas catalanes decidieran quien gobernará este país. Espero que Pedro Sánchez, que se ha engañado a sí mismo con reiteración, se burle de esta chusma egoísta, aburguesada y racista.

 

Mi misión es informar, pero también formar. Licenciado en Historia, especializado en el Frente Popular, escribo de lo que sé, no hago memoria histórica, un oxímoron, más bien trato de que la gente que ignora materia tan esencial para comprender el presente e intentar elucubrar sobre  el futuro sin necesidad de profetizar, verbo esotérico y de fe, se eduque, aprenda, sepa y hable con autoridad. Aquí todo quisque, sin conocimientos ni de ciencia política, ni de historia, ni de nada, al albur de sus vísceras, se permite calificar de fascismo lo que no es, sin haber leído el Programa de San Sepolcro; de franquista a quién luchó contra Franco; de neoliberalismo sin conocer lo que es el liberalismo, inexistente; de comunista a quien vive como un pequeño burgués; de demócratas a un golpista, como Junqueras;  a un racista como lo es en origen y en esencia el PNV; a los herederos de ETA, banda asesina, de ultraizquierda, marxista-leninista.

 

La izquierda española, que vive sin vivir en sí, porque jamás tuvo pensadores de alcance europeo, sino lerdos copiones, no tiene nada qué ver con la de la II República. Entonces, el PSOE era un partido de obreros, digamos de una elite de trabajadores, con algunos catedráticos; el PCE, por supuesto, formado por proletarios, al servicio de Stalin; POUM, eliminado físicamente por los comunistas, una formación, con arraigo en Cataluña, con escasa militancia, tildado de partido trotskista, y la CNT, sindicado obrero donde los haya, enfrentada, secularmente a la UGT, sindicato del PSOE, que se pasó al comunismo, como las JJ.SS., durante la Guerra Civil.

 

Ahora, la CNT carece de aquel millón de militantes, y apenas existe, salvo algún grupúsculo cultural y lírico; el PCE, sin Moscú, fue diluyéndose, para entrar a formar parte de Izquierda Unida, y el PSOE, desaparecido durante la dictadura, creado, ex novo, merced a los marcos alemanes y dólares norteamericanos, temerosos del presunto poder comunista, es un partido burgués, sin obreros, sin trabajadores, sin callo ni en las manos ni en el alma. Quizá lo sea parte de sus votantes, pero sus políticos proceden de una clase media universitaria, con presencia de un buen número de funcionarios.

 

Unidas Podemos es una especie de PSOE, pero con más carga ideológica, pero también formación aburguesada, potenciada por el PP de Mariano y Soraya para restar fuerza al PSOE por su izquierda. Sus principales líderes son funcionarios de la docencia, algunos millonarios, caso de Carolina Bescansa, purgada por criticar al líder carismático. Obreros ni uno solo. Siempre la clase dirigente de la ultraizquierda, desde Marx y Engels, empresario, creció dentro de la burguesía cultural y la aristocracia más poética: Bakunin, el gran líder anarquista; Dzerzhinski, fundador de la Policía Secreta Soviética, por citar dos ejemplos.

 

Ahora, la batalla política en España difiere, esencialmente, de la vivida en la II República, porque el enfrentamiento se libra entre clases medias, no entre partidos burgueses, entre los que se encontraban los republicanos de Azaña, Lerroux, Melquiades Álvarez, Martínez Barrios, y formaciones proletarias. Un fenómeno singular, digno de ser estudiado. Acontece que aquellos, los que se definen de izquierdas, se dicen representantes de la clase obrera, en una especie de despotismo proletario: todo para el obrero, pero sin el trabajador.

 

No obstante, España vivirá, en breve, un momento histórico, porque, si no se traicionan a sí mismo, el nuevo gobierno aplicará, por primera vez desde 1978, políticas económicas consideradas de izquierdas: fuerte subida de impuestos, cantidades importantes para gastos sociales, paulatina desaparición de la enseñanza concertada y presupuestos que consideren a las autonomías vasca y catalana como privilegiadas en el reparto del dinero público. Porque lo importante no ha sido la investidura de Sánchez, sino la aprobación de las próximas cuentas del Estado para 2020, momento en el que las fuerzas antiespañolas, presentes en el Congreso de los Diputados, eleven sus respectivos chantajes a la enésima potencia. ¿Aguantarán las comunidades administradas por el PSOE esa discriminación económica que se anuncia?

 

Por otra parte, el próximo Consejo de Ministros conocerá el cambio en la cúpula militar. Otra pregunta: ¿Afectará ese relevo al proyecto de Monte La Reina? Espero que los socialistas zamoranos influyan en la decisión del ejecutivo que presidirá Pedro Sánchez, dado que se trata de frenar la despoblación de nuestra provincia, según anunció, días atrás, Antidio Fagúndez, diputado del PSOE en Zamora.

 

“Mi importa un comino la ingobernabilidad de España”. Esta tiorra votará a favor de que Pedro Sánchez sea presidente del Gobierno y añadió que busca la independencia de su nación, Cataluña.  Adelante. Negó el sistema democrático español, hablando de conflicto político. Hoy se ha iniciado, si ya no existía, la desigualdad entre los españoles. Gracias.

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