Miércoles, 14 de Enero de 2026

Eugenio de Ávila
Martes, 14 de Enero de 2020
OPINIÓN

Niebla y memoria

Nada en Zamora es lo que fue. Yo, tampoco. Echo de menos muchas cosas. Sé más, pero nunca conoceré lo suficiente. Tengo menos vanidad. La necesaria para cualquier ser mortal que no sea eremita o lama. Me falta muy poco para convertirme en militante de la misantropía. No creo en nada. Amo la política, pero desconfío de toda persona que la ejerce.

 

La gente de mi generación, cuando despertábamos a la adolescencia, paseábamos por la Avenida, cerca de templete, arriba y abajo, para cruzarnos con las chicas que nos gustaban, si bien, en aquel tiempo, nos atraían todas. Después, el destino jugó con cada uno de nosotros y nos casamos con quien menos esperábamos. Así salieron las cosas. Éramos una suicidas del amor. No queríamos a nadie y amábamos a todas. Teníamos alma de sultán turco. Habríamos sido felices con un harem. Fuimos tan estúpidos como jóvenes. Algunos se quedaron congelados en el tiempo. Sus mentes se licuaron, mientras sus pieles se ajaron.

 

En Zamora, salvo extrañas excepciones, los jóvenes no entendíamos de política, ni nos importaba. Creíamos, como nos decía un profesor del Corazón de María, que esta vida consistía en sentarse en un queso y comer de otro. Los que fuimos a Madrid para estudiar, despertamos a la vida, nos sentimos miembros de una sociedad.

 

Entonces supimos que existía una dictadura. Había miedo en la Ciudad Universitaria. Una minoría odiábamos el régimen. La gran mayoría se dedicaron a estudiar. No conocí ni a un solo militante del PSOE. En los baños de la Escuela de Ingenieros Aeronáuticos comprobé como se confeccionaban carteles para manifestaciones. Yo no sabía lo que era el comunismo, pero aquellos compañeros, algo mayores que un servidor, militaban en el PCE. Cuando nos dieron la democracia, me pregunté: ¿De dónde ha salido este partido, este PSOE? ¿Dónde moraban sus militantes? Con el tiempo, cuando me licencié y estudié y leí y leí, supe que yo nunca podría haber militado en la formación que crease Pablo Iglesias y unos cuantos tipógrafos.

 

Entonces creía en algo. La dictadura me agitó por dentro. Después, tras unos años de democracia, cuando el PSOE empezó a gobernar, me transformé en un ateo de la política. No quiero contar mi vida.

 

Solo confieso que estas fotografías de Esteban Pedrosa, en las que el templete tirita con sus amigos los árboles, provocaron que mi memoria viajase en el tiempo. La Zamora de principios de los 70, la mía, me parecía una ciudad alegre.

 

Ahora, en el último año de la segunda década del siglo XXI, ha tornado en triste, entregada, habitada por pocos jóvenes, que se irán un día de aquí, y muchísimos ancianos. Solo permanece el frío, amante de la niebla, que eyacula cencellada antes que llegue la primavera. Todo se ha hecho viejo. Yo, más.

Comentarios Comentar esta noticia
Comentar esta noticia

Normas de participación

Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.

Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.

La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad

Normas de Participación

Política de privacidad

Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.42

Todavía no hay comentarios

Quizás también te interese...

Con tu cuenta registrada

Escribe tu correo y te enviaremos un enlace para que escribas una nueva contraseña.