RES PÚBLICA
La Ley del Embudo o cómo vivir sin creencias
![[Img #33824]](http://eldiadezamora.es/upload/images/01_2020/7071_el-yo.jpg)
Año 2016. El Gobierno del Partido Popular, presidido por Mariano Rajoy, nombra a José Manuel Maza Fiscal General del Estado, como se ha venido haciendo desde que los franquistas más inteligentes y menos ideologizados y los comunistas pactaron la transición. El PSOE, en la oposición, critica el nombramiento, porque su “trayectoria como magistrado no garantiza, en absoluto, el perfil independiente que requiere”. Ahora, cuatro años después, el nombramiento de María Dolores Delgado, ex ministra de Justicia en el ejecutivo de Pedro Sánchez, sí garantiza su independencia como Fiscal General del Estado. Ley del Embudo.
Añadía el comunicado del PSOE que la trayectoria conservadora de Maza podía dejar en una “posición de subordinación al Ministerio Fiscal frente al Gobierno” (el de Mariano Rajoy). Y añadía que “no parece la persona indicada para trabajar a favor del consenso requerido en una legislatura sin mayorías absolutas”. Ahora, en 2020, tampoco el PSOE gobernará con plenitud de poder. Ley del Embudo.
El PSOE afirmaba, antaño, en 2016, que España necesita un Ministerio Fiscal con medios para luchar contra la corrupción, y unas Fuerzas Armadas y Cuerpos de Seguridad del Estado que puedan dedicarse a las investigaciones con independencia”. Perfecto. Todo demócrata asume esa necesidad. Si el Fiscal General del Estado no es independiente, mal vamos. Si la Justicia, uno de los tres poderes del Estado, el encargado de vigilar al Ejecutivo y al Legislativo, depende del Gobierno de turno, como casi siempre ha sucedido, no hay democracia. Podremos definir esa forma de gobierno con otra palabra. Pero nunca como el gobierno del pueblo.
Pablo Iglesias, vicepresidente 2º del ejecutivo que preside Pedro Sánchez, afirmaba que Unidas Podemos apostaba por una elección de la ciudadanía, y no del Gobierno de turno, la elección del Fiscal General del Estado. Perfecto. Entonces el líder de la formación morada todavía no era casta, defendía una democracia auténtica.
Sigo con Iglesias. Cuando se filtraron las conversaciones de María Dolores Delgado, grabadas por Villajero, uno de los comensales –yo solo comparto mesa y mantel con mis amigos o con gente que no lo es por negocios- durante una almuerzo, con presencia del juez prevaricador, Baltasar Garzón, gran amigo de la ahora Fiscal General del Estado, abogado de Evo Morales, asesor de Fernández Kirchner, Pablo comentó: “Alguien que se reúne, de manera afable, con un personaje de la basura, de las cloacas, debe alejarse de la política. No es aceptable que en este país haya ministros que sean amigos de tipejos como Villarejo”. Genial. Me mantengo en perfecta armonía con el análisis del carismático líder de la izquierda más extrema de España. El Moisés de Podemos tendrá como FGE a una mujer que debería estar alejada de la res pública.
Pablo Iglesias, antes, cuando apareció, por sorpresa, en programas de televisión, vendiendo lo de la casta política, analizó, con frialdad y sentido común, la realidad del sistema inaugurado en la primavera de 1977, que ya venía dando síntomas de decadencia y putrefacción. Creí que él se convertiría en el Prometeo de la democracia. Porque el problema del sistema no era que fuera más de izquierdas o de derechas, sino democrático: división de poderes, que el voto de cada ciudadano tuviera el mismo valor en Soria o en Madrid, fuese pastor o catedrático, viejo o joven, hombre o mujer, creyente o ateo, y que todas las regiones de España tuvieran los mismos derechos y deberes e idéntico desarrollo.
No espero nada de la mal llamada derecha española, en concreto del PP, cómplice necesario del PSOE, en la deriva hacia el abismo de la patria, de la politización de la Justicia, del Ejército; de la desigualdad, del nepotismo, de la quiebra intelectual de la Universidad Pública, de la potenciación de las universidades privadas, donde la elite forma a sus hijos en detrimento de los de clases medias y bajas.
Absorbido por la casta que denunció, Pablo Iglesias será devorado por el sanchismo. España necesita ya un partido de izquierdas español, que piense igual en Andalucía que en Cataluña, que defienda idéntica ideología en Extremadura que en el País Vasco. Este PSOE ni es el de la II República, revolucionario; ni el de Felipe González, reformista a su manera, sino un partido narcisista y camaleónico. Pedro Sánchez se ha convertido en Pirrón de Elis, creador del escepticismo, filósofo para quién lo importante consistía vivir sin creencias. España, entre la Ley del Embudo y la orfandad de políticos serios. Pura decadencia. El final de una ilusión.
Eugenio-Jesús de Ávila
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Año 2016. El Gobierno del Partido Popular, presidido por Mariano Rajoy, nombra a José Manuel Maza Fiscal General del Estado, como se ha venido haciendo desde que los franquistas más inteligentes y menos ideologizados y los comunistas pactaron la transición. El PSOE, en la oposición, critica el nombramiento, porque su “trayectoria como magistrado no garantiza, en absoluto, el perfil independiente que requiere”. Ahora, cuatro años después, el nombramiento de María Dolores Delgado, ex ministra de Justicia en el ejecutivo de Pedro Sánchez, sí garantiza su independencia como Fiscal General del Estado. Ley del Embudo.
Añadía el comunicado del PSOE que la trayectoria conservadora de Maza podía dejar en una “posición de subordinación al Ministerio Fiscal frente al Gobierno” (el de Mariano Rajoy). Y añadía que “no parece la persona indicada para trabajar a favor del consenso requerido en una legislatura sin mayorías absolutas”. Ahora, en 2020, tampoco el PSOE gobernará con plenitud de poder. Ley del Embudo.
El PSOE afirmaba, antaño, en 2016, que España necesita un Ministerio Fiscal con medios para luchar contra la corrupción, y unas Fuerzas Armadas y Cuerpos de Seguridad del Estado que puedan dedicarse a las investigaciones con independencia”. Perfecto. Todo demócrata asume esa necesidad. Si el Fiscal General del Estado no es independiente, mal vamos. Si la Justicia, uno de los tres poderes del Estado, el encargado de vigilar al Ejecutivo y al Legislativo, depende del Gobierno de turno, como casi siempre ha sucedido, no hay democracia. Podremos definir esa forma de gobierno con otra palabra. Pero nunca como el gobierno del pueblo.
Pablo Iglesias, vicepresidente 2º del ejecutivo que preside Pedro Sánchez, afirmaba que Unidas Podemos apostaba por una elección de la ciudadanía, y no del Gobierno de turno, la elección del Fiscal General del Estado. Perfecto. Entonces el líder de la formación morada todavía no era casta, defendía una democracia auténtica.
Sigo con Iglesias. Cuando se filtraron las conversaciones de María Dolores Delgado, grabadas por Villajero, uno de los comensales –yo solo comparto mesa y mantel con mis amigos o con gente que no lo es por negocios- durante una almuerzo, con presencia del juez prevaricador, Baltasar Garzón, gran amigo de la ahora Fiscal General del Estado, abogado de Evo Morales, asesor de Fernández Kirchner, Pablo comentó: “Alguien que se reúne, de manera afable, con un personaje de la basura, de las cloacas, debe alejarse de la política. No es aceptable que en este país haya ministros que sean amigos de tipejos como Villarejo”. Genial. Me mantengo en perfecta armonía con el análisis del carismático líder de la izquierda más extrema de España. El Moisés de Podemos tendrá como FGE a una mujer que debería estar alejada de la res pública.
Pablo Iglesias, antes, cuando apareció, por sorpresa, en programas de televisión, vendiendo lo de la casta política, analizó, con frialdad y sentido común, la realidad del sistema inaugurado en la primavera de 1977, que ya venía dando síntomas de decadencia y putrefacción. Creí que él se convertiría en el Prometeo de la democracia. Porque el problema del sistema no era que fuera más de izquierdas o de derechas, sino democrático: división de poderes, que el voto de cada ciudadano tuviera el mismo valor en Soria o en Madrid, fuese pastor o catedrático, viejo o joven, hombre o mujer, creyente o ateo, y que todas las regiones de España tuvieran los mismos derechos y deberes e idéntico desarrollo.
No espero nada de la mal llamada derecha española, en concreto del PP, cómplice necesario del PSOE, en la deriva hacia el abismo de la patria, de la politización de la Justicia, del Ejército; de la desigualdad, del nepotismo, de la quiebra intelectual de la Universidad Pública, de la potenciación de las universidades privadas, donde la elite forma a sus hijos en detrimento de los de clases medias y bajas.
Absorbido por la casta que denunció, Pablo Iglesias será devorado por el sanchismo. España necesita ya un partido de izquierdas español, que piense igual en Andalucía que en Cataluña, que defienda idéntica ideología en Extremadura que en el País Vasco. Este PSOE ni es el de la II República, revolucionario; ni el de Felipe González, reformista a su manera, sino un partido narcisista y camaleónico. Pedro Sánchez se ha convertido en Pirrón de Elis, creador del escepticismo, filósofo para quién lo importante consistía vivir sin creencias. España, entre la Ley del Embudo y la orfandad de políticos serios. Pura decadencia. El final de una ilusión.
Eugenio-Jesús de Ávila















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