Eugenio de Ávila 6
Miércoles, 22 de Enero de 2020
COSAS MÍAS

Habrá que irse de Zamora

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Cada vez son más los zamoranos, amigos y conocidos, que me confiesan que se irán de nuestra tierra cuando se jubilen, que no aguantan su clima tan extremo, ese caciquismo enrocado en el alma, ni, por supuesto, el cainismo que nos caracteriza. Lógico. El mencionado hijo de Adán y Eva nació entre las nieblas del Duero.

 

 Aquí, el enemigo te lo encuentras a la vuelta de la esquina, en la profesión, en la vecindad. En Zamora, hay gente que festeja más el fracaso de prójimo que la gloria propia. Se premia al mediocre y se ha desterrado al talento y el genio. Nos morimos de asco, de inacción, de hambre intelectual. Tengo pocos amigos. Excepcionales. Muchos enemigos, vulgares. No me hablo con nadie, excepción de contadas personas, que trabaje en esta profesión del periodismo, convertida ya en un ejercicio de cobismo político, propio de analfabetos de nuestra historia.  

 

Yo también me iré. Nunca es pronto para marcharse. No huiré. No tengo miedo al miedo, no temo a nadie. Me abruman las grandes ciudades. Me atosiga Zamora, me agrede psíquicamente, me quiebra los huesos del alma. Necesito respirar belleza, olvidarme de los malandrines, no saber del prójimo, de cotilleos, de cornudos y heteras, de putadas en el trabajo, de felonías políticas, de miserias intelectuales.

 

No sé por qué regresé un mal día. Quizá creyese que la ciudad del alma se podría recuperar, rescatar de su atraso económico, acabar con los caciques, escribir de otra manera, zaherir al político, sea cual fuere su ideología; criticar a los enemigos del progreso, enquistados en instituciones empresariales privadas y en partidos políticos reaccionarios, e intentar, a través de un medio de comunicación como El Día de Zamora, transformar, poco a poco, después de una profunda metamorfosis, esta mentalidad provinciana que tanto daño nos ha causado.

 

Encontré personas que se esforzaron por encontrar la tierra prometida. Dieron la cara. Demostraron ser libres, independientes, valientes. Pero, durante el camino, se encontraron con obstáculos, que colocaron los enemigos del progreso colectivo e incondicionales del beneficio privado. Les faltó dar un paso al frente. No les permitieron llegar a la meta. Ahora se retiran del campo de batalla por asir el futuro de nuestra ciudad y su provincia, porque asumieron que no hay nada qué hacer para cambiar una sociedad que se desliza hacia el abismo económico y demográfico sin protestar, sin quejarse, sin molestarse, como mártires cristianos en el coliseo romano. Tanto se acostumbraron a servir que necesitan de un amo para vivir; tanto tiempo humillándose que solo saben obedecer; tanta cobardía que despertarse les parece un acto valeroso.

 

Quiero hallarme lejos de Zamora cuando me vengan a buscar las parcas. No me esconderé. Me nacieron en esta desventurada ciudad, en breve, una gran residencia de ancianos. Nunca le exigí cuentas a mis padres por tamaña fechoría. Si me dieran a elegir, preferiría morirme en La Toscana, contemplando un arco iris desde la Catedral Santa María del Fiore.    

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  • Jose

    Jose | Sábado, 25 de Enero de 2020 a las 16:25:57 horas

    Pues nada....sal corriendo que ya nos arreglamos los que nos quedamos. Esto es como los equipos de fútbol, si no quieres estar y aportar, pues marcha, esos pensamientos no nos hacen bien ninguno. Corre..... **** tas tardando.

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  • Ana María Alonso

    Ana María Alonso | Sábado, 25 de Enero de 2020 a las 13:51:59 horas

    ¿Será la dureza de la tierra que no deja avanzar? Si te vas a La Toscana habrá uno menos en la lucha. Triste realidad del ser. Sigamos intentando la transformación. Cada quien que aporte su granito para contagiar. No hay que rendirse. Arriba la seña Bermeja, sigue adelante Eugenio.

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  • Odiseo

    Odiseo | Viernes, 24 de Enero de 2020 a las 22:23:34 horas

    En todas partes cuecen habas. También en la Toscana.En la Toscana interior, que también se va envejeciendo y hay caciques......
    ¿El problema de Zamora? : los zamoranos. No hay más.
    Hace muchos años leí un libro titulado "Zamora y Gomorra" de Ángel Palomino, creo recordar. Han pasado casi 50 años y sigue siendo válido.
    Cada pueblo, cada ciudad tiene lo que se merece, lo que sus habitantes crean y edifican.
    También ocurre los mismo en Soria, Ávila, León......Orense, Lugo, ...Cuenca...
    Claro que mal de muchos, consuelo de tontos, dice el refrán.

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  • Jairo

    Jairo | Viernes, 24 de Enero de 2020 a las 12:54:49 horas

    Me siento identificado con mucho de lo que dices. Vivimos en una tierra de caciques y lameculos. Y más aquí en Sanabria. Sanabria es el Génesis de la envidia. La envifia nació aquí estoy seguro. Afortunadamente no tengo el gen sanabrés, y por eso, por salirme fuera del rebaño, es casi imposible que tengas trabajo o amigos aquí. Todos mis amigos son de fuera. Apenas tengo uno o dos amigos en Sanabria. Una tierra paradidiaca llena de guetos y de caciques. Saludos por tu trabajo. Jai.

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  • Javier

    Javier | Viernes, 24 de Enero de 2020 a las 03:16:40 horas

    Cierto lo que dices y bien escrito. Yo entiendo que donde hay que buscar el bienestar personal es en nuestro interior y no donde se vive . Opino que se pude hacer algo y solo a título personal actitud

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  • Gonzalo Julián

    Gonzalo Julián | Miércoles, 22 de Enero de 2020 a las 23:58:52 horas

    ¡Ánimo director!
    Todos entendemos tú desazon; Incluso podríamos hacerla nuestra.
    Vete a la Toscana tantas veces como puedas, y con escapadas tan largas como te puedas permitir... pero vuelve, por favor...
    Vuelve por dos motivos:
    1.- porque te podría, te superaría, la PENA. Y contra ella es muy difícil luchar.
    2._ porque tus enemigos, los nuestros, se alegrarian y lo "venderían" como un logro de ellos...el haber hecho "desaparecer/irse" al "toca c****** ese"
    Ánimo amigo.

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