COSAS MÍAS
Habrá que irse de Zamora
![[Img #34191]](http://eldiadezamora.es/upload/images/01_2020/8163_mismo.jpg)
Cada vez son más los zamoranos, amigos y conocidos, que me confiesan que se irán de nuestra tierra cuando se jubilen, que no aguantan su clima tan extremo, ese caciquismo enrocado en el alma, ni, por supuesto, el cainismo que nos caracteriza. Lógico. El mencionado hijo de Adán y Eva nació entre las nieblas del Duero.
Aquí, el enemigo te lo encuentras a la vuelta de la esquina, en la profesión, en la vecindad. En Zamora, hay gente que festeja más el fracaso de prójimo que la gloria propia. Se premia al mediocre y se ha desterrado al talento y el genio. Nos morimos de asco, de inacción, de hambre intelectual. Tengo pocos amigos. Excepcionales. Muchos enemigos, vulgares. No me hablo con nadie, excepción de contadas personas, que trabaje en esta profesión del periodismo, convertida ya en un ejercicio de cobismo político, propio de analfabetos de nuestra historia.
Yo también me iré. Nunca es pronto para marcharse. No huiré. No tengo miedo al miedo, no temo a nadie. Me abruman las grandes ciudades. Me atosiga Zamora, me agrede psíquicamente, me quiebra los huesos del alma. Necesito respirar belleza, olvidarme de los malandrines, no saber del prójimo, de cotilleos, de cornudos y heteras, de putadas en el trabajo, de felonías políticas, de miserias intelectuales.
No sé por qué regresé un mal día. Quizá creyese que la ciudad del alma se podría recuperar, rescatar de su atraso económico, acabar con los caciques, escribir de otra manera, zaherir al político, sea cual fuere su ideología; criticar a los enemigos del progreso, enquistados en instituciones empresariales privadas y en partidos políticos reaccionarios, e intentar, a través de un medio de comunicación como El Día de Zamora, transformar, poco a poco, después de una profunda metamorfosis, esta mentalidad provinciana que tanto daño nos ha causado.
Encontré personas que se esforzaron por encontrar la tierra prometida. Dieron la cara. Demostraron ser libres, independientes, valientes. Pero, durante el camino, se encontraron con obstáculos, que colocaron los enemigos del progreso colectivo e incondicionales del beneficio privado. Les faltó dar un paso al frente. No les permitieron llegar a la meta. Ahora se retiran del campo de batalla por asir el futuro de nuestra ciudad y su provincia, porque asumieron que no hay nada qué hacer para cambiar una sociedad que se desliza hacia el abismo económico y demográfico sin protestar, sin quejarse, sin molestarse, como mártires cristianos en el coliseo romano. Tanto se acostumbraron a servir que necesitan de un amo para vivir; tanto tiempo humillándose que solo saben obedecer; tanta cobardía que despertarse les parece un acto valeroso.
Quiero hallarme lejos de Zamora cuando me vengan a buscar las parcas. No me esconderé. Me nacieron en esta desventurada ciudad, en breve, una gran residencia de ancianos. Nunca le exigí cuentas a mis padres por tamaña fechoría. Si me dieran a elegir, preferiría morirme en La Toscana, contemplando un arco iris desde la Catedral Santa María del Fiore.
![[Img #34191]](http://eldiadezamora.es/upload/images/01_2020/8163_mismo.jpg)
Cada vez son más los zamoranos, amigos y conocidos, que me confiesan que se irán de nuestra tierra cuando se jubilen, que no aguantan su clima tan extremo, ese caciquismo enrocado en el alma, ni, por supuesto, el cainismo que nos caracteriza. Lógico. El mencionado hijo de Adán y Eva nació entre las nieblas del Duero.
Aquí, el enemigo te lo encuentras a la vuelta de la esquina, en la profesión, en la vecindad. En Zamora, hay gente que festeja más el fracaso de prójimo que la gloria propia. Se premia al mediocre y se ha desterrado al talento y el genio. Nos morimos de asco, de inacción, de hambre intelectual. Tengo pocos amigos. Excepcionales. Muchos enemigos, vulgares. No me hablo con nadie, excepción de contadas personas, que trabaje en esta profesión del periodismo, convertida ya en un ejercicio de cobismo político, propio de analfabetos de nuestra historia.
Yo también me iré. Nunca es pronto para marcharse. No huiré. No tengo miedo al miedo, no temo a nadie. Me abruman las grandes ciudades. Me atosiga Zamora, me agrede psíquicamente, me quiebra los huesos del alma. Necesito respirar belleza, olvidarme de los malandrines, no saber del prójimo, de cotilleos, de cornudos y heteras, de putadas en el trabajo, de felonías políticas, de miserias intelectuales.
No sé por qué regresé un mal día. Quizá creyese que la ciudad del alma se podría recuperar, rescatar de su atraso económico, acabar con los caciques, escribir de otra manera, zaherir al político, sea cual fuere su ideología; criticar a los enemigos del progreso, enquistados en instituciones empresariales privadas y en partidos políticos reaccionarios, e intentar, a través de un medio de comunicación como El Día de Zamora, transformar, poco a poco, después de una profunda metamorfosis, esta mentalidad provinciana que tanto daño nos ha causado.
Encontré personas que se esforzaron por encontrar la tierra prometida. Dieron la cara. Demostraron ser libres, independientes, valientes. Pero, durante el camino, se encontraron con obstáculos, que colocaron los enemigos del progreso colectivo e incondicionales del beneficio privado. Les faltó dar un paso al frente. No les permitieron llegar a la meta. Ahora se retiran del campo de batalla por asir el futuro de nuestra ciudad y su provincia, porque asumieron que no hay nada qué hacer para cambiar una sociedad que se desliza hacia el abismo económico y demográfico sin protestar, sin quejarse, sin molestarse, como mártires cristianos en el coliseo romano. Tanto se acostumbraron a servir que necesitan de un amo para vivir; tanto tiempo humillándose que solo saben obedecer; tanta cobardía que despertarse les parece un acto valeroso.
Quiero hallarme lejos de Zamora cuando me vengan a buscar las parcas. No me esconderé. Me nacieron en esta desventurada ciudad, en breve, una gran residencia de ancianos. Nunca le exigí cuentas a mis padres por tamaña fechoría. Si me dieran a elegir, preferiría morirme en La Toscana, contemplando un arco iris desde la Catedral Santa María del Fiore.


















Jose | Sábado, 25 de Enero de 2020 a las 16:25:57 horas
Pues nada....sal corriendo que ya nos arreglamos los que nos quedamos. Esto es como los equipos de fútbol, si no quieres estar y aportar, pues marcha, esos pensamientos no nos hacen bien ninguno. Corre..... **** tas tardando.
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