NOCTURNOS
Si fuera mujer, ¿me seduciría un hombre como yo?
![[Img #34443]](http://eldiadezamora.es/upload/images/01_2020/1289_divina.jpg)
Si fuera mujer, de más de 50 años –no pretendo seducir a jovencitas- no sé si me enamoraría de este hombre que soy yo, maduro, culto y extraño. De vez en cuando, si la noche, casi travestida en madrugada, viene densa, fría, sin luz de luna, sin memoria erótica del día, me planteo situaciones subversivas, surrealistas, imposibles. Verbigracia: la cuestión que descubrí nada más iniciar esta carta nocturna de erotismo fino: ¿Me enamoraría de este yo, hombre, que responde a los nombres de Eugenio-Jesús, y apellido De Ávila, si fuera una señorita, señora o dama?
Y trato de explicar una respuesta coherente. Me temo que una mujer inteligente, cultivada, elegante, a la que le gusten hombres con idénticas cualidades, sí se permitiría enamorarse de mí. Yo, si fuera mujer, propietaria de esas virtudes, prestaría atención a un varón como el que esto firma: serio, discreto, honrado, conversador, no conservador; apasionado, poeta sin rima, más lírico que épico; que habla con el diafragma para modelar las palabras; que mira por detrás de los ojos, que sueña más despierto que dormido, que ama hasta herirse, con dolor, como si
No obstante, admito que una señorita vanidosa, de esas que esculpen su cuerpo para convertirlo en una estatua erótica, bellísima, potente, pero que se olvida de alimentar su sustancia gris con viandas tales como la cultura, el genio, el talento, me encontraría demasiado profundo, elevado, raro, pedante para caminar a mi vera durante mucho tiempo. Quizá se dejase seducir, pero se aburriría conmigo. Me estrenaría como amante, pero no aguantaría más de dos sesiones sobre el mismo lecho.
La belleza, cuando se muestra sola, no enamora. Si acude en compañía de la sensibilidad, la ternura, la gracia, la delicadeza y intelecto, te roba el alma, para dejarte solo con la escoria de tu carne.
Si fuera mujer, me enamoraría de un hombre como yo. Sí. Me gusto como soy. Quizá mañana, a estas horas, me halles cansado de mí mismo, de mi vanidad, de mi estolidez, de tantos fracasos. Declaro, en este juicio sobre mi capacidad de seducción, que me amaron mujeres hermosas e inteligentes, que me hicieron sentir muy querido, un hombre especial y distinto. Admito que no las merecí.
Eugenio-Jesús de Ávila
![[Img #34443]](http://eldiadezamora.es/upload/images/01_2020/1289_divina.jpg)
Si fuera mujer, de más de 50 años –no pretendo seducir a jovencitas- no sé si me enamoraría de este hombre que soy yo, maduro, culto y extraño. De vez en cuando, si la noche, casi travestida en madrugada, viene densa, fría, sin luz de luna, sin memoria erótica del día, me planteo situaciones subversivas, surrealistas, imposibles. Verbigracia: la cuestión que descubrí nada más iniciar esta carta nocturna de erotismo fino: ¿Me enamoraría de este yo, hombre, que responde a los nombres de Eugenio-Jesús, y apellido De Ávila, si fuera una señorita, señora o dama?
Y trato de explicar una respuesta coherente. Me temo que una mujer inteligente, cultivada, elegante, a la que le gusten hombres con idénticas cualidades, sí se permitiría enamorarse de mí. Yo, si fuera mujer, propietaria de esas virtudes, prestaría atención a un varón como el que esto firma: serio, discreto, honrado, conversador, no conservador; apasionado, poeta sin rima, más lírico que épico; que habla con el diafragma para modelar las palabras; que mira por detrás de los ojos, que sueña más despierto que dormido, que ama hasta herirse, con dolor, como si
No obstante, admito que una señorita vanidosa, de esas que esculpen su cuerpo para convertirlo en una estatua erótica, bellísima, potente, pero que se olvida de alimentar su sustancia gris con viandas tales como la cultura, el genio, el talento, me encontraría demasiado profundo, elevado, raro, pedante para caminar a mi vera durante mucho tiempo. Quizá se dejase seducir, pero se aburriría conmigo. Me estrenaría como amante, pero no aguantaría más de dos sesiones sobre el mismo lecho.
La belleza, cuando se muestra sola, no enamora. Si acude en compañía de la sensibilidad, la ternura, la gracia, la delicadeza y intelecto, te roba el alma, para dejarte solo con la escoria de tu carne.
Si fuera mujer, me enamoraría de un hombre como yo. Sí. Me gusto como soy. Quizá mañana, a estas horas, me halles cansado de mí mismo, de mi vanidad, de mi estolidez, de tantos fracasos. Declaro, en este juicio sobre mi capacidad de seducción, que me amaron mujeres hermosas e inteligentes, que me hicieron sentir muy querido, un hombre especial y distinto. Admito que no las merecí.
Eugenio-Jesús de Ávila

















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