Mª Soledad Martín
Martes, 28 de Enero de 2020
ZAMORANA

Dar vida

[Img #34453]Enhebrado en mi pecho está tu aliento y aquellos rizos distraídos que ornaban tu cara, con las manitas volando como golondrinas, tocando, palpando lo real y lo etéreo. Ensartado tu pequeño cuerpo al mío mientras te daba alimento y cantaba suavemente para calmarte en mi regazo al tiempo que aspiraba el perfume a savia nueva escapando de tu piel. Gustabas asir con fuerza mi dedo con tus manos regordetas, como para no dejarme escapar de tu lado, y yo gozaba de tenerte tan gustosamente encadenado.

 

Eras mi pequeño, un ser que traje al mundo ¡nada menos! a fuerza de amor y deseo. Fuiste el regalo más ansiado, la luz que iluminó mi firmamento, el sol que ya nunca se ocultaba, la lotería perpetua… Calmé tu curiosidad y te enseñé el mundo, descubrí para ti los secretos más oscuros, viajamos a través de la noche para ver la luz, separé las tinieblas y los riscos para que no obstaculizaran tu sendero y quise mantenerte a salvo pero crecías y – a mi pesar- tuve que concederte tu espacio. Poco a poco te desprendiste de mi lado y comenzaste a volar con mente propia, a detectar otros mundos, conocer gente nueva…

 

Viviste experiencias, te educaron preparándote a conciencia para una vida en la que, poco a poco, yo me iba diluyendo; después llegaron los viajes, el trabajo, las primeras novias, una casa propia, otros países, nuevas visiones de otras vidas que reflejaste en aquella cámara que formaba parte de ti mismo; el durísimo alejamiento durante tantos años…

 

Hoy retornas hecho un hombre curtido por la vida y los acontecimientos; otra mujer se cuelga de tu brazo y al verte, noto un orgullo tan inmenso, tan grandioso, que siento que el corazón se me escapa del pecho. Tu abrazo me abriga y rodea mi cuerpo que se hace minúsculo, me calienta el calor de tu nueva vida y me extasía tu elocuencia, tus saberes, el perfecto dominio de la palabra, la aprendida dialéctica, tus ademanes…

 

En cierto modo considero un poco mío tu triunfo, y desde ese disfraz de persona adulta aún logro ver el resplandor de aquellos ávidos ojos color avellana con la misma curiosidad que sigue siendo una constante. Al verte, mientras me recreo en tus relatos, regreso a aquel niño que serás siempre a quien enseñe a vivir los primeros años, antes de que el mundo lo absorbiera.

 

Me haces feliz, más madre que nunca; sigo a tu lado, pero en un recodo exiguo para no perturbarte, mientras continúas transitando este camino y apartando las piedras a fuerza de superar los obstáculos que ya nadie, sino tú mismo retira. A veces me sorprendo observándote embelesada, en silencio, mientras te fundes por un momento con aquel niño lejano que alumbré un día.

 

Mª Soledad Martín Turiño

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