COSAS
El "Zamoravirus"
Anda mosqueada mi vecina Marisol con todo este asunto del “coronavirus” aunque, precisa ella, es más la preocupación por el tratamiento exageradamente alarmista que se da en algunos medios, sobre todo en la televisión, en contraste con la información errática que se está difundiendo desde los medios oficiales sanitarios. Y dice que es errática porque tan pronto te llaman a la tranquilidad y a restarle importancia al asunto como te empujan a llevar una serie de comportamientos higiénico-sanitaros, evidentemente necesarios, que parece que vamos a entrar en un quirófano en cualquier momento. No saben a qué carta quedarse y no sé si están transmitiendo la verdadera importancia del problema, probablemente porque ellos también lo desconocen.
Y como los de “a pié” tenemos tendencia a prestar más atención al “cuñao”, cada uno al suyo que, como se sabe, entiende de todo, pues el maremágnum está servido. No quiero con esto ignorar un virus que está llevándose por delante a personas, pero hay que tomarlo en su justa medida dado que, por otra parte, siempre hay desalmados que quieren sacar provecho económico de la desgracia ajena. Y este caso no es una excepción.
Pero en realidad Marisol está más preocupada por otro virus, en absoluto relacionado con la medicina y que ella ha bautizado como “el zamoravirus”.
-¿Qué es eso, alma de cántaro?-, le pregunto yo.
Y me dice que se trata de esa apatía que nos caracteriza a los zamoranos y que casi llevamos a gala, que nos lleva a no protestar por nada, a no defender nada por mucho que nos incordie, a conformarnos con lo que nos venga, mejor dicho, con lo que nos den, y no intentar ponerle remedio –político, por supuesto- y quedarnos en ese “todos son iguales” ya comentado más veces desde éste escritorio.
El desarrollo de Zamora, mejor dicho, el ponerle freno a la despoblación galopante que sufrimos por falta de inversiones, por la nula creación de empresas, por la falta de interés y apoyo a las pocas iniciativas que se presentan, pasa por abandonar este estado cataléptico en el que estamos y poner en marcha unos cuantos proyectos que están ahí, encima de la mesa y que, aunque parezca mentira, se nos pueden escapar y hundir definitivamente en la miseria a ésta población románica, ya más por vieja que por artística. Hay que cambiar de sentido la espiral depresivoeconómica en la que estamos inmersos y hacer que esa espiral vaya hacia fuera, hacia el crecimiento.
Algunos de estos proyectos están, o han estado de alguna manera en la cartera de Zamora 10 - ese magnífico concepto que algunos se empeñan en asociar con los políticos, y nada más lejos- y otros, están en manos de alguno de los organismos oficiales que pueden darle el banderazo de salida o el palo en el “colodrillo” y dejarlos pudrir definitivamente.
En primer lugar, y sin menospreciar a los demás, podemos destacar los siguientes: El establecimiento de uno o dos batallones del cuerpo de ingenieros militares en Monte la Reina, la creación y desarrollo de la Biorrefinería en Barcial del Barco y la construcción de dos museos, el del escultor zamorano Baltasar Lobo y el de Semana Santa. Están escritos así, por el orden de importancia que le da mi vecina, no por otro motivo.
La instalación del estamento militar en Monte la Reina es de vital importancia para la provincia aunque, es evidente que, por proximidad geográfica, Zamora y Toro sean las poblaciones más beneficiadas. Si van a llegar 2.000 o 3.000 militares, con sus respectivas familias, van a tener que buscar vivienda, colegios, institutos, centros de salud, van a necesitar tiendas donde hacer sus compras, diarias, de vestuario, y de regalos, van a tener tiempo de ocio y acudirán, como hacemos todos, a restaurantes, cafeterías, bares de pinchos, espectáculos; es decir, van a crearse una serie se puestos de trabajo indirectos para satisfacer las necesidades de esos miles de nuevos pobladores de nuestra tierra y, de esa forma, que facilitará la dinamización de nuestra maltrecha economía. Este razonamiento es de parvulitos, no hace falta acudir a un máster MBA para darse cuenta de cómo se desencadena un crecimiento económico si nos ponen a mano el principal ingrediente, la clientela.
Si partimos además de que, tras las diversas visitas anteriores del Jefe del Estado Mayor del Ejército, se ha manifestado reiteradamente el interés en este asentamiento, parece que es terreno abonado para que no se pierda semejante oportunidad. El presidente del gobierno, Pedro Sánchez, de la mano del congresista por Zamora, Antidio Fagúndez, se comprometieron, en la breve visita que hizo a Zamora el entonces candidato, señor Sánchez, a que éste proyecto saldría adelante sin problema. Lógicamente se necesita una financiación que, como estábamos entonces con un gobierno provisional, dependía de la aprobación de los presupuestos. Bien, pero ahora, aunque no se han aprobado aún los presupuestos, empezamos a oir algún que otro comentario que han preocupado sobre manera a Marisol. Comentarios como que “ya no hay tanto interés” en que esto se lleve a cabo o “aquí tienen que financiar todos” y eso empieza a poner los pelos de punta a más de uno.
Dice mi vecina –no sé a qué acuerdo se llegó, pero lo que sí sé es que se llegó a un compromiso y hay que cumplirlo-. Si éste asunto depende del Ministerio de Defensa parece lógico que sean los presupuestos generales del estado los que corran con los gastos. Pero dada la importancia del proyecto y el beneficio que va a reportar a Zamora, nadie debería recular a la hora de arrimar la billetera. Tanto la Diputación, como los ayuntamientos de Zamora y Toro, deberían haberse puesto ya a disposición del proyecto, por si acaso. Es vergonzosa la actitud de Francisco Guarido, alcalde de Zamora, desmarcándose inmediatamente de la posibilidad de poner un euro para que el proyecto salga adelante. ¿Es que usted no va a cobrarle el IBI, o el impuesto de circulación, o la “tasa perruna”, a los militares cuando asienten sus reales en la ciudad?. Aunque solo fuera por ese afán recaudatorio que últimamente parece que le ha poseído al primer edil, debería ponerse en cabeza de los participantes en la operación militar. ¿O, es que es ése el problema, que son militares?. Si a estas alturas de la democracia, de la vida, más bien, si hay alguien que no tiene claro que debe existir una convivencia de la ciudadanía con las fuerzas militares, es que alguna pitera queda por ahí.
Pero más miedo da aún, en opinión de mi vecina, que esos rumores de que el gobierno está “reculando” en cuanto a éste proyecto, no sean acallados por quien debe hacerlo, el congresista Antidio Fagúndez, que debería ser el primer defensor ante su jefe del aterrizaje de los militares en Montelarreina.
Y los demás, como decía al principio Marisol, estamos con ese virus de apatía, de conformismo, de ponernos la vaselina y no protestar, nada más que en la barra del bar mientras decimos eso de “ya te decía yo que esto no iba a salir” o “ves, como son todos iguales”, y esas cosas que nos salen cuando tenemos el “zamoravirus” éste que nos han inoculado desde pequeños y que nos impide reaccionar y manifestarnos y protestar y acordarnos de su “pastelera” madre cada vez que nos hacen una “putada”.
A los políticos, que están ahí porque los hemos puesto nosotros, hay que exigirles que el sueldo se lo pagamos nosotros para que defiendan nuestros intereses, no los del partido. Parece que aún no hemos entendido eso. Y eso, señor Fagúndez, señor Guarido, señor Requejo, debería ser el lema de cabecera de todos ustedes porque si esto se nos escapa, a lo peor, nos curamos del virus y les pedimos explicaciones.
-¡No caerá esa breva!, dijo Marisol mientras se alejaba pensando en cómo iba a hacer un potaje de cuaresma que, dicho en primera persona, lo borda.
Kebedo.
Anda mosqueada mi vecina Marisol con todo este asunto del “coronavirus” aunque, precisa ella, es más la preocupación por el tratamiento exageradamente alarmista que se da en algunos medios, sobre todo en la televisión, en contraste con la información errática que se está difundiendo desde los medios oficiales sanitarios. Y dice que es errática porque tan pronto te llaman a la tranquilidad y a restarle importancia al asunto como te empujan a llevar una serie de comportamientos higiénico-sanitaros, evidentemente necesarios, que parece que vamos a entrar en un quirófano en cualquier momento. No saben a qué carta quedarse y no sé si están transmitiendo la verdadera importancia del problema, probablemente porque ellos también lo desconocen.
Y como los de “a pié” tenemos tendencia a prestar más atención al “cuñao”, cada uno al suyo que, como se sabe, entiende de todo, pues el maremágnum está servido. No quiero con esto ignorar un virus que está llevándose por delante a personas, pero hay que tomarlo en su justa medida dado que, por otra parte, siempre hay desalmados que quieren sacar provecho económico de la desgracia ajena. Y este caso no es una excepción.
Pero en realidad Marisol está más preocupada por otro virus, en absoluto relacionado con la medicina y que ella ha bautizado como “el zamoravirus”.
-¿Qué es eso, alma de cántaro?-, le pregunto yo.
Y me dice que se trata de esa apatía que nos caracteriza a los zamoranos y que casi llevamos a gala, que nos lleva a no protestar por nada, a no defender nada por mucho que nos incordie, a conformarnos con lo que nos venga, mejor dicho, con lo que nos den, y no intentar ponerle remedio –político, por supuesto- y quedarnos en ese “todos son iguales” ya comentado más veces desde éste escritorio.
El desarrollo de Zamora, mejor dicho, el ponerle freno a la despoblación galopante que sufrimos por falta de inversiones, por la nula creación de empresas, por la falta de interés y apoyo a las pocas iniciativas que se presentan, pasa por abandonar este estado cataléptico en el que estamos y poner en marcha unos cuantos proyectos que están ahí, encima de la mesa y que, aunque parezca mentira, se nos pueden escapar y hundir definitivamente en la miseria a ésta población románica, ya más por vieja que por artística. Hay que cambiar de sentido la espiral depresivoeconómica en la que estamos inmersos y hacer que esa espiral vaya hacia fuera, hacia el crecimiento.
Algunos de estos proyectos están, o han estado de alguna manera en la cartera de Zamora 10 - ese magnífico concepto que algunos se empeñan en asociar con los políticos, y nada más lejos- y otros, están en manos de alguno de los organismos oficiales que pueden darle el banderazo de salida o el palo en el “colodrillo” y dejarlos pudrir definitivamente.
En primer lugar, y sin menospreciar a los demás, podemos destacar los siguientes: El establecimiento de uno o dos batallones del cuerpo de ingenieros militares en Monte la Reina, la creación y desarrollo de la Biorrefinería en Barcial del Barco y la construcción de dos museos, el del escultor zamorano Baltasar Lobo y el de Semana Santa. Están escritos así, por el orden de importancia que le da mi vecina, no por otro motivo.
La instalación del estamento militar en Monte la Reina es de vital importancia para la provincia aunque, es evidente que, por proximidad geográfica, Zamora y Toro sean las poblaciones más beneficiadas. Si van a llegar 2.000 o 3.000 militares, con sus respectivas familias, van a tener que buscar vivienda, colegios, institutos, centros de salud, van a necesitar tiendas donde hacer sus compras, diarias, de vestuario, y de regalos, van a tener tiempo de ocio y acudirán, como hacemos todos, a restaurantes, cafeterías, bares de pinchos, espectáculos; es decir, van a crearse una serie se puestos de trabajo indirectos para satisfacer las necesidades de esos miles de nuevos pobladores de nuestra tierra y, de esa forma, que facilitará la dinamización de nuestra maltrecha economía. Este razonamiento es de parvulitos, no hace falta acudir a un máster MBA para darse cuenta de cómo se desencadena un crecimiento económico si nos ponen a mano el principal ingrediente, la clientela.
Si partimos además de que, tras las diversas visitas anteriores del Jefe del Estado Mayor del Ejército, se ha manifestado reiteradamente el interés en este asentamiento, parece que es terreno abonado para que no se pierda semejante oportunidad. El presidente del gobierno, Pedro Sánchez, de la mano del congresista por Zamora, Antidio Fagúndez, se comprometieron, en la breve visita que hizo a Zamora el entonces candidato, señor Sánchez, a que éste proyecto saldría adelante sin problema. Lógicamente se necesita una financiación que, como estábamos entonces con un gobierno provisional, dependía de la aprobación de los presupuestos. Bien, pero ahora, aunque no se han aprobado aún los presupuestos, empezamos a oir algún que otro comentario que han preocupado sobre manera a Marisol. Comentarios como que “ya no hay tanto interés” en que esto se lleve a cabo o “aquí tienen que financiar todos” y eso empieza a poner los pelos de punta a más de uno.
Dice mi vecina –no sé a qué acuerdo se llegó, pero lo que sí sé es que se llegó a un compromiso y hay que cumplirlo-. Si éste asunto depende del Ministerio de Defensa parece lógico que sean los presupuestos generales del estado los que corran con los gastos. Pero dada la importancia del proyecto y el beneficio que va a reportar a Zamora, nadie debería recular a la hora de arrimar la billetera. Tanto la Diputación, como los ayuntamientos de Zamora y Toro, deberían haberse puesto ya a disposición del proyecto, por si acaso. Es vergonzosa la actitud de Francisco Guarido, alcalde de Zamora, desmarcándose inmediatamente de la posibilidad de poner un euro para que el proyecto salga adelante. ¿Es que usted no va a cobrarle el IBI, o el impuesto de circulación, o la “tasa perruna”, a los militares cuando asienten sus reales en la ciudad?. Aunque solo fuera por ese afán recaudatorio que últimamente parece que le ha poseído al primer edil, debería ponerse en cabeza de los participantes en la operación militar. ¿O, es que es ése el problema, que son militares?. Si a estas alturas de la democracia, de la vida, más bien, si hay alguien que no tiene claro que debe existir una convivencia de la ciudadanía con las fuerzas militares, es que alguna pitera queda por ahí.
Pero más miedo da aún, en opinión de mi vecina, que esos rumores de que el gobierno está “reculando” en cuanto a éste proyecto, no sean acallados por quien debe hacerlo, el congresista Antidio Fagúndez, que debería ser el primer defensor ante su jefe del aterrizaje de los militares en Montelarreina.
Y los demás, como decía al principio Marisol, estamos con ese virus de apatía, de conformismo, de ponernos la vaselina y no protestar, nada más que en la barra del bar mientras decimos eso de “ya te decía yo que esto no iba a salir” o “ves, como son todos iguales”, y esas cosas que nos salen cuando tenemos el “zamoravirus” éste que nos han inoculado desde pequeños y que nos impide reaccionar y manifestarnos y protestar y acordarnos de su “pastelera” madre cada vez que nos hacen una “putada”.
A los políticos, que están ahí porque los hemos puesto nosotros, hay que exigirles que el sueldo se lo pagamos nosotros para que defiendan nuestros intereses, no los del partido. Parece que aún no hemos entendido eso. Y eso, señor Fagúndez, señor Guarido, señor Requejo, debería ser el lema de cabecera de todos ustedes porque si esto se nos escapa, a lo peor, nos curamos del virus y les pedimos explicaciones.
-¡No caerá esa breva!, dijo Marisol mientras se alejaba pensando en cómo iba a hacer un potaje de cuaresma que, dicho en primera persona, lo borda.
Kebedo.



















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