LEONESISMO
Responsabilidades y Región Leonesa (2)
En una reciente entrevista, realmente clarificadora, Rodolfo Martín Villa echa la vista al pasado:
“Al año siguiente de aprobarse la Constitución, se celebraron las elecciones de marzo de 1979, en las que formé parte de la candidatura leonesa de UCD. Se planteó en aquel entonces la necesidad de decidir entre la integración en Castilla y León y la comunidad uniprovincial.”
Admite también otra posibilidad, puesto que ya entonces existía un regionalismo leonés triprovincial que reclamaba “la unión con Zamora y Salamanca, creo que no tuvo la fuerza que, de una u otra forma, estaba representando el ‘León solo’.”
Hace recaer su decisión de defender la opción uniprovincial a la ‘falta de fuerza’ del regionalismo leonés del momento y a la vez obvia su criterio: “Los sentimientos son muy importantes, lo sé, pero las normas son obligadas”. La Constitución, que garantiza la autonomía de las regiones, estaba por encima de los sentimientos regionales, que como todos reconocen, eran minoritarios (especialmente los castellanoleoneses). Sin embargo (es ilustrativo el libro de Manuel García, ‘Regionalismo y autonomía en España, 1976-79’), no puede negarse que el sentimiento regional leonés estaba muy presente en ese momento tanto en León como en Zamora y Salamanca.
Mariano Clavero es tajante: “la UCD y el gobierno carecían ‘de un proyecto definido de modelo de reordenación territorial del Estado’, según el profesor de derecho constitucional Sánchez Goyanes, quizás el error más grave de la transición española.”
Para Reol Tejada, el papel del PSOE también fue importante y recuerda entre sus líderes a “Gregorio Peces Barba, que visiblemente daba instrucciones a los representantes de su partido”. En el mismo sentido apunta el socialista y alcalde salmantino Jesús Málaga que ratifica: “Defendí entonces la comunidad de León con Zamora y Salamanca. Otro gallo nos habría cantado, pero los intereses vallisoletanos pudieron sobre los demás.”
Martín Villa reconoce la importancia de la provincia de León para constituir una comunidad fuerte y que la amalgama castellanoleonesa “sin León, habría quedado muy debilitada”. Por eso mismo, pudo utilizar el peso de León para conformar una autonomía de la Región Leonesa y equilibrar la meseta norte. El historiador Mariano Clavero nos devuelve a 1980:
“El acuerdo de los dos grandes partidos de la provincia, UCD y PSOE, hizo que el proceso autonómico en la provincia de León, en comparación con el del resto de provincias castellanoleonesas, fuera simplemente meteórico. (…) El caso leonés demostró lo que podía hacer el consenso entre partidos y una política decidida. Lo que en Castilla y León se había tardado en hacer seis meses, en León se logró en apenas nueve días. No obstante, la cuestión autonómica en León estaba muy lejos de quedar cerrada.”
Reol Tejada aporta un importante dato al respecto: “León, sin cuya presencia el ente autonómico era casi impensable, se sumó en tiempo y forma al Consejo. Rodolfo Martín Villa (…) había iniciado el procedimiento desde junio de 1979 y por ello el 25 de abril de 1980 era un hecho la incorporación de León. El Presidente Suárez me había anunciado mucho antes que así sería.”
La aquiescencia del presidente abulense pone de relieve la implicación de las más altas instancias del Estado en la ‘conspiración’ anticonstitucional de amalgamar la Región Leonesa con seis provincias castellanoviejas, dejándola en minoría y poniendo su futuro en manos castellanas, al albur del neocentralismo de Valladolid.
Es evidente la responsabilidad de los dos grandes partidos centralistas del momento para la creación de la comunidad castellanoleonesa por encima de la Constitución y los principios y valores que contiene. Deshacer el error, abandonar la injusticia y la ilegalidad está ahora en manos del propio PSOE y de los que en su día recurrieron al Tribunal Constitucional para enmendarlo, el Partido Popular. La dignidad, la justicia, la igualdad, la solidaridad y la misma Constitución así lo exigen.
Miguel Ángel Diego Núñez.
Autor del libro ‘Regionalismo y regionalistas del siglo XX (una antología)’.
En una reciente entrevista, realmente clarificadora, Rodolfo Martín Villa echa la vista al pasado:
“Al año siguiente de aprobarse la Constitución, se celebraron las elecciones de marzo de 1979, en las que formé parte de la candidatura leonesa de UCD. Se planteó en aquel entonces la necesidad de decidir entre la integración en Castilla y León y la comunidad uniprovincial.”
Admite también otra posibilidad, puesto que ya entonces existía un regionalismo leonés triprovincial que reclamaba “la unión con Zamora y Salamanca, creo que no tuvo la fuerza que, de una u otra forma, estaba representando el ‘León solo’.”
Hace recaer su decisión de defender la opción uniprovincial a la ‘falta de fuerza’ del regionalismo leonés del momento y a la vez obvia su criterio: “Los sentimientos son muy importantes, lo sé, pero las normas son obligadas”. La Constitución, que garantiza la autonomía de las regiones, estaba por encima de los sentimientos regionales, que como todos reconocen, eran minoritarios (especialmente los castellanoleoneses). Sin embargo (es ilustrativo el libro de Manuel García, ‘Regionalismo y autonomía en España, 1976-79’), no puede negarse que el sentimiento regional leonés estaba muy presente en ese momento tanto en León como en Zamora y Salamanca.
Mariano Clavero es tajante: “la UCD y el gobierno carecían ‘de un proyecto definido de modelo de reordenación territorial del Estado’, según el profesor de derecho constitucional Sánchez Goyanes, quizás el error más grave de la transición española.”
Para Reol Tejada, el papel del PSOE también fue importante y recuerda entre sus líderes a “Gregorio Peces Barba, que visiblemente daba instrucciones a los representantes de su partido”. En el mismo sentido apunta el socialista y alcalde salmantino Jesús Málaga que ratifica: “Defendí entonces la comunidad de León con Zamora y Salamanca. Otro gallo nos habría cantado, pero los intereses vallisoletanos pudieron sobre los demás.”
Martín Villa reconoce la importancia de la provincia de León para constituir una comunidad fuerte y que la amalgama castellanoleonesa “sin León, habría quedado muy debilitada”. Por eso mismo, pudo utilizar el peso de León para conformar una autonomía de la Región Leonesa y equilibrar la meseta norte. El historiador Mariano Clavero nos devuelve a 1980:
“El acuerdo de los dos grandes partidos de la provincia, UCD y PSOE, hizo que el proceso autonómico en la provincia de León, en comparación con el del resto de provincias castellanoleonesas, fuera simplemente meteórico. (…) El caso leonés demostró lo que podía hacer el consenso entre partidos y una política decidida. Lo que en Castilla y León se había tardado en hacer seis meses, en León se logró en apenas nueve días. No obstante, la cuestión autonómica en León estaba muy lejos de quedar cerrada.”
Reol Tejada aporta un importante dato al respecto: “León, sin cuya presencia el ente autonómico era casi impensable, se sumó en tiempo y forma al Consejo. Rodolfo Martín Villa (…) había iniciado el procedimiento desde junio de 1979 y por ello el 25 de abril de 1980 era un hecho la incorporación de León. El Presidente Suárez me había anunciado mucho antes que así sería.”
La aquiescencia del presidente abulense pone de relieve la implicación de las más altas instancias del Estado en la ‘conspiración’ anticonstitucional de amalgamar la Región Leonesa con seis provincias castellanoviejas, dejándola en minoría y poniendo su futuro en manos castellanas, al albur del neocentralismo de Valladolid.
Es evidente la responsabilidad de los dos grandes partidos centralistas del momento para la creación de la comunidad castellanoleonesa por encima de la Constitución y los principios y valores que contiene. Deshacer el error, abandonar la injusticia y la ilegalidad está ahora en manos del propio PSOE y de los que en su día recurrieron al Tribunal Constitucional para enmendarlo, el Partido Popular. La dignidad, la justicia, la igualdad, la solidaridad y la misma Constitución así lo exigen.
Miguel Ángel Diego Núñez.
Autor del libro ‘Regionalismo y regionalistas del siglo XX (una antología)’.



















Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.213