COVID 19
Zamora, una Pasión en estado de alerta
Y espera otro milagro, como el olmo de Machado, de la primavera.

13 de marzo de 2020. Ocaso en la ciudad. Cafeterías cerradas, pocos bares abiertos, unos cuantos jóvenes y tres ancianos cruzan por Santa Clara. Las cigüeñas duermen. Pero Mato calla. Ni Eolo platica con él. Zamora está, pero no es. Esta ciudad, sin Semana Santa, ha perdido el alma. Le queda un cuerpo con cicatrices y una columna vertebral de agua, el río Duradero. Iglesias sin almas pías, sin feligreses, sin curas, sin espíritu.
Un virus, gestado en China, la mayor nación de la tierra, un régimen comunista con economía capitalista, enferma a Europa, transforma nuestra sociedad, la entristece, la acobarda, la desdibuja. Zamora, de la que nadie se acuerda, se esconde, se retira de la vida, recoge las calles, se queda en casa a pensar, que siempre duele. Y espera otro milagro, como el olmo de Machado, de la primavera. La Pasión zamorana reducida al silencio, sin sabor, si aroma. Ni un sonido de trompeta, ni los tambores insolentes, ni el merlú, ni el bombardino, ni el Miserere. El Yacente, más muerto que nunca; el Cristo de las Injurias, ahogado de calumnias en su capilla de silencio sonoro; La Soledad, con un luto de virus; Nuestra Madre llora lágrimas secas sobre la carne húmeda de su Hijo, mientras San Vicente calla y los muertos hablan con el Jesús de la Buena Muerte, de la muerte vírica, de la muerte mala. Semana Santa sin Cinco de Copas, ebria; Pasión, sola, que se olvidó del Longinos, en un solar de la Rúa de los Notarios. Zamora vacía, yerta, incruenta, sin poesía, sin Thalberg.
13 de marzo de 2020. Zamora murió. Resucitará en la Semana Santa de 2021. Mientras, las calles vacías, los bares cerrados, la vida muerta.

13 de marzo de 2020. Ocaso en la ciudad. Cafeterías cerradas, pocos bares abiertos, unos cuantos jóvenes y tres ancianos cruzan por Santa Clara. Las cigüeñas duermen. Pero Mato calla. Ni Eolo platica con él. Zamora está, pero no es. Esta ciudad, sin Semana Santa, ha perdido el alma. Le queda un cuerpo con cicatrices y una columna vertebral de agua, el río Duradero. Iglesias sin almas pías, sin feligreses, sin curas, sin espíritu.
Un virus, gestado en China, la mayor nación de la tierra, un régimen comunista con economía capitalista, enferma a Europa, transforma nuestra sociedad, la entristece, la acobarda, la desdibuja. Zamora, de la que nadie se acuerda, se esconde, se retira de la vida, recoge las calles, se queda en casa a pensar, que siempre duele. Y espera otro milagro, como el olmo de Machado, de la primavera. La Pasión zamorana reducida al silencio, sin sabor, si aroma. Ni un sonido de trompeta, ni los tambores insolentes, ni el merlú, ni el bombardino, ni el Miserere. El Yacente, más muerto que nunca; el Cristo de las Injurias, ahogado de calumnias en su capilla de silencio sonoro; La Soledad, con un luto de virus; Nuestra Madre llora lágrimas secas sobre la carne húmeda de su Hijo, mientras San Vicente calla y los muertos hablan con el Jesús de la Buena Muerte, de la muerte vírica, de la muerte mala. Semana Santa sin Cinco de Copas, ebria; Pasión, sola, que se olvidó del Longinos, en un solar de la Rúa de los Notarios. Zamora vacía, yerta, incruenta, sin poesía, sin Thalberg.
13 de marzo de 2020. Zamora murió. Resucitará en la Semana Santa de 2021. Mientras, las calles vacías, los bares cerrados, la vida muerta.





















Un admirador | Miércoles, 18 de Marzo de 2020 a las 13:52:01 horas
¡Muy emotivo! Gracias.
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