COVID 19
La Zamora del Estado de Alerta nos proyecta la ciudad del futuro
Hoy, 14 de marzo, viaje al futuro cuando salí a la calle rumbo a mi oficina, desde donde escribo este y otros artículos e informo a quienes quieren leer El Día de Zamora. Me explico: me imaginé que esta sería la ciudad en la tercera década del siglo XXI. Escasos viandantes, pocas tiendas abiertas, dos cafeterías prestando servicio y poco más.
Esta epidemia, que ha ido creciendo por la incapacidad de unos políticos, mediocres y embusteros, ante un fenómeno que ya se había apoderado de la hermosa Italia 15 días antes, negándola, achicándola, quitándole importancia, nos ha adelantado el porvenir.
Y si hemos viajado hacia el futuro, visto lo que nos esperará en una década, después de esta crisis provocada por un virus, a la que sucederá una crisis económica, podríamos trabajar, pensar, reflexionar para que Zamora dentro de 10 o 15 años, no se parezca a la de hoy, sábado, ni la de las próximas semanas: vacía, angustiada, sosa, muerta.
Porque este COVID 19 pasará, aunque haya dejado detrás cientos de muertes, casi todas de personas mayores o gravemente enfermas de cáncer, diabetes, insuficiencia respiratoria. Pero dejará un daño extraordinario en las pequeñas empresas y negocios, en trabajadores, y generado una enorme desconfianza, más potente aún que la que ya sentíamos, de los políticos y los partidos, de la falta de talento, dirección y liderazgo entre los hombres y las mujeres que administran la res pública.
Por remitirme a lo que más amo, mi tierra. Ya sé que la Semana Santa de Zamora nunca ha sido la panacea para solventar nuestros males económicos, que son estructurales, jamás coyunturales. Aquí, lo circunstancial radica en momentos determinados del año. La economía zamora carece de una continuidad. Todo es inercia. Nada se fundamenta en unas sólidas estructuras económicas. Aquí hay unos cuantos empresarios geniales, mezcla de heroicidad y carácter, que se distinguen y diferencia de la vulgaridad reinante.
Si bien la Pasión no sutura la hemorragia económica de Zamora, sí la detenía durante esos días de fiesta, de alegría en las rúas y plazas, de reencuentros, de poner al día bellas tradiciones, de gastos importantes en tiendas de textil, calzado, perfumería, cafeterías, restaurantes, hoteles y pensiones. Además, los visitantes conocían la ciudad, les gustaba, se iban admirados y dispuestos para regresar en otra época del año y contárselo a sus amigos. Esta crisis del COVID 19 nos ha robado un año económico, turístico, social. Ahora, los organismos empresariales y las instituciones públicas deberían a ponerse a trabajar, sentarse a la mesa y proponer medidas que recuperen la ya depauperada economía zamorana. No hay tiempo que perder, ni batallas políticas de disputar en la secular guerra partidista. Todos a una. Ideas para, en otros momentos del año, hacer otras semanas santas, sin cristos ni vírgenes, pero sí con patrimonio e historia, con viandas y paisajes, con espectáculos y cultura. Piensen. No duele. Además, nuestros políticos, los que administran nuestras instituciones, poseen más talento, inteligencia y capacidad de trabajo que los que ahora mismo, para nuestra desgracia, administran la nación.
Eugenio-Jesús de Ávila
Hoy, 14 de marzo, viaje al futuro cuando salí a la calle rumbo a mi oficina, desde donde escribo este y otros artículos e informo a quienes quieren leer El Día de Zamora. Me explico: me imaginé que esta sería la ciudad en la tercera década del siglo XXI. Escasos viandantes, pocas tiendas abiertas, dos cafeterías prestando servicio y poco más.
Esta epidemia, que ha ido creciendo por la incapacidad de unos políticos, mediocres y embusteros, ante un fenómeno que ya se había apoderado de la hermosa Italia 15 días antes, negándola, achicándola, quitándole importancia, nos ha adelantado el porvenir.
Y si hemos viajado hacia el futuro, visto lo que nos esperará en una década, después de esta crisis provocada por un virus, a la que sucederá una crisis económica, podríamos trabajar, pensar, reflexionar para que Zamora dentro de 10 o 15 años, no se parezca a la de hoy, sábado, ni la de las próximas semanas: vacía, angustiada, sosa, muerta.
Porque este COVID 19 pasará, aunque haya dejado detrás cientos de muertes, casi todas de personas mayores o gravemente enfermas de cáncer, diabetes, insuficiencia respiratoria. Pero dejará un daño extraordinario en las pequeñas empresas y negocios, en trabajadores, y generado una enorme desconfianza, más potente aún que la que ya sentíamos, de los políticos y los partidos, de la falta de talento, dirección y liderazgo entre los hombres y las mujeres que administran la res pública.
Por remitirme a lo que más amo, mi tierra. Ya sé que la Semana Santa de Zamora nunca ha sido la panacea para solventar nuestros males económicos, que son estructurales, jamás coyunturales. Aquí, lo circunstancial radica en momentos determinados del año. La economía zamora carece de una continuidad. Todo es inercia. Nada se fundamenta en unas sólidas estructuras económicas. Aquí hay unos cuantos empresarios geniales, mezcla de heroicidad y carácter, que se distinguen y diferencia de la vulgaridad reinante.
Si bien la Pasión no sutura la hemorragia económica de Zamora, sí la detenía durante esos días de fiesta, de alegría en las rúas y plazas, de reencuentros, de poner al día bellas tradiciones, de gastos importantes en tiendas de textil, calzado, perfumería, cafeterías, restaurantes, hoteles y pensiones. Además, los visitantes conocían la ciudad, les gustaba, se iban admirados y dispuestos para regresar en otra época del año y contárselo a sus amigos. Esta crisis del COVID 19 nos ha robado un año económico, turístico, social. Ahora, los organismos empresariales y las instituciones públicas deberían a ponerse a trabajar, sentarse a la mesa y proponer medidas que recuperen la ya depauperada economía zamorana. No hay tiempo que perder, ni batallas políticas de disputar en la secular guerra partidista. Todos a una. Ideas para, en otros momentos del año, hacer otras semanas santas, sin cristos ni vírgenes, pero sí con patrimonio e historia, con viandas y paisajes, con espectáculos y cultura. Piensen. No duele. Además, nuestros políticos, los que administran nuestras instituciones, poseen más talento, inteligencia y capacidad de trabajo que los que ahora mismo, para nuestra desgracia, administran la nación.
Eugenio-Jesús de Ávila



















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