NOCTURNOS
Ya no puedo amarte más
Paradoja romántica: ¡Cuánto menos te veo, más te amo! Podrías colegir de este aserto admirativo que ml amor por ti, mujer, crece en relación directa a tu ausencia. De tal manera, si no volviera a admirarte a una cuarta de tu hermoso rostro; si el aroma de tu piel no embarase de placer mi pituitaria; si mis tímpanos jamás recibieran las caricias de tu almibarada voz, si mis ojos nunca más contemplasen tu voluptuoso cuerpo, geometría del erotismo, arquitectura de la carne, me convertiría en un místico. Soy, en efecto, un San Juan de la Cruz de ti, mujer, mi divinidad; mi alma anhela fundirse contigo, esencia de diosa, mi devoción.
No quiero verte más, pues, para amarte con extrema intensidad; para orarte sin morder tus senos; para rezarte, sin recorrer tu columna vertebral con las yemas de mis dedos, para encender unas velas en el altar que creaste entre tus ingles.
¡Te amo tanto, dama del nirvana, que ya agotaste mi deseo de pecar, mi concupiscencia, mi libido, mi sensualidad. He despreciado mi sexo para amarte con despiadada pureza. Jamás pecaré contigo.
Eugenio-Jesús de Ávila
Paradoja romántica: ¡Cuánto menos te veo, más te amo! Podrías colegir de este aserto admirativo que ml amor por ti, mujer, crece en relación directa a tu ausencia. De tal manera, si no volviera a admirarte a una cuarta de tu hermoso rostro; si el aroma de tu piel no embarase de placer mi pituitaria; si mis tímpanos jamás recibieran las caricias de tu almibarada voz, si mis ojos nunca más contemplasen tu voluptuoso cuerpo, geometría del erotismo, arquitectura de la carne, me convertiría en un místico. Soy, en efecto, un San Juan de la Cruz de ti, mujer, mi divinidad; mi alma anhela fundirse contigo, esencia de diosa, mi devoción.
No quiero verte más, pues, para amarte con extrema intensidad; para orarte sin morder tus senos; para rezarte, sin recorrer tu columna vertebral con las yemas de mis dedos, para encender unas velas en el altar que creaste entre tus ingles.
¡Te amo tanto, dama del nirvana, que ya agotaste mi deseo de pecar, mi concupiscencia, mi libido, mi sensualidad. He despreciado mi sexo para amarte con despiadada pureza. Jamás pecaré contigo.
Eugenio-Jesús de Ávila


















Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.53