Emilia Casas
Martes, 17 de Marzo de 2020
LITERATURA

La novela negra

[Img #36349]A la novela se le considera como el más tardío de todos los géneros literarios. Logró implantarse en la Edad Media cuando ya otros géneros existían desde mucho tiempo atrás.

Cuando Dashiell Hammet comenzó a publicar sus primeros relatos en la revista Black Mask, (una revista que presentaba historias de aventuras, detectives y romances), Estados Unidos estaba sumergido en plena vorágine de los “años veinte” tratando de deglutir la amarga victoria de la Primera Guerra Mundial. En plena Ley Seca, las mafias se desarrollaban a sus anchas y los poderes públicos miraban hacia otro lado mientras se iban hinchando sus bolsillos. Finalizada ésa década, en Estados Unidos la novela policial y detectivesca seguía su trayectoria marcada por las normas impuestas por su creador, Allan Poe. Pero todo estaba cambiando y estos cambios tenían que llegar al mundo a través de un género narrativo diferente, centrado en la sociedad de la época, en la criminalidad, en los submundos urbanos y en un cierto aire decadente a nivel social: “la novela negra”.

En nuestro País los primero pasos de la novela negra comenzaron a la par que en Suecia, con la historia del inolvidable e inteligente detective gourmet Pepe Carvalho, creado por el maravilloso Manuel Vázquez Montalbán. Fue entonces cuando se desató la fiebre de la novela negra española.

Dar una definición de novela negra es inútil. Ha sido y sigue siendo un género tan trabajado y experimentado que cualquier intento de acotación se quedará siempre corto. Hay que saber de qué se está hablando cuando se cuenta una historia. Los escritores, nos documentamos mucho, con el objetivo de no caer en mimetismos fáciles; especialmente cinematográficos. Por ejemplo, si la trama transcurre en España, qué menos que saber que los jueces no usan el mazo, como los anglosajones, sino una campanita; que los detectives españoles no investigan casos de homicidio ni llevan pistola (salvo rarísimas excepciones) o de qué marca y calibre es la pistola reglamentaria de la policía española, si una pistola es lo mismo que un revólver, cómo se realiza en nuestro País un levantamiento de cadáver y tantas otra dudas que surgen a lo largo de la acción. Los novelistas tenemos que conocer las cuestiones de procedimiento, no para convertir la novela en un manual, sino para no caer en errores de bulto.

Si la trama que mueve una novela negra ha de ser creíble, los métodos del crimen también. La conclusión de un hecho criminal ha de llegar por los caminos de la razón. En el siglo XXI, los enigmas rocambolescos, los venenos exóticos y las conspiraciones insólitas han sido reemplazados por la corrupción institucional, las mafias, los delitos económicos vestidos de ingeniería financiera o el crimen de Estado. Vivimos en una era post-industrial donde la novela negra es un testigo descarnado de las cloacas que mueven el mundo, más allá del agente moralizador de la burguesía que campaba en las páginas de las novelas tradicionales.

Existe una gran cantidad de amantes de este género y no es una moda pasajera. ¿Quién no ha soñado alguna vez con ser el héroe que resuelve el crimen perfecto? ¿Quién no ha sentido la tensión en esas historias de asesinatos y delincuentes misteriosos? Un mundo donde los detectives privados son los héroes entre las sombras.

© Emilia Casas Fernández.

 

 

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